General (r) Carlos Enrique Duquewww.fuerzasmilitares.org (11AGO2013).- Todas las vacaciones llegaba a Riosucio (Caldas) un militar con un imponente uniforme negro, que fascinaba a Carlos Enrique Duque. En una ocasión pasó una comisión de la Armada por Manizales, de modo que aplicó para una entrevista y le confirmaron que había sido aceptado.

Ingresó a la Escuela Naval Almirante Padilla como cadete y se graduó en 1959 como subteniente de Infantería Marina. Fue el primer oficial de Infantería Marina, egresado de la Escuela Naval, que llegó al grado de General y Comandante. Anteriormente, para llegar a ese grado, había que ser egresado del Ejército Nacional. Ese reconocimiento es una de las mayores satisfacciones en estos 35 años de servicio. Luego de pasar por múltiples cargos,  decidió hacer un pare y en 1989 se retiró de la vida militar. Fueron 2 años en los que se dedicó a compartir tiempo con su esposa, quien por cierto es cartagenera.
Hasta que un buen amigo, comandante en ese momento, lo llamó a decirle que tenían que nombrar a un comandante de los Profesionales de la Reserva Naval y que su nombre era el más opcionado. Aceptó de inmediato, aún sabiendo que el cargo era Ad honorem y que, por ende, no recibiría ninguna retribución económica por su labor.
Más pronto de lo previsto tenía una oficina en la Base Naval. No sabía por dónde empezar, así que decidió hacer antesala con cada uno de los profesionales que iba a tener a su cargo. 
No fue nada fácil, después de ser General de la República y Comandante, terminar en una oficina esperando a ser atendido por un civil que no sabía nada de la vida militar.
“Yo decía: ‘!cómo cambia la vida! Hace 3 años era el comandante de la Infantería de Marina, que manejaba 8 mil hombres, y ahora estoy haciendo antesala a un muchacho de 30 años’”, cuenta.
Pero no era solo ir a hacer antesala a los jóvenes. Había otra situación que le incomodaba: los profesionales no tragaban entero y cada orden que se les daba tenía que estar sólidamente  argumentada.
Y es que el General no comprendía cómo, después de tener la facultad de dar órdenes, que eran cumplidas de forma inmediata, ahora debía explicar hasta el más mínimo requerimiento.

Poco a poco se fue encariñando con el grupo de profesionales y logró una gestión tan importante que fue nombrado también comandante de la reserva en Barranquilla y luego del país.
Es más, fueron los mismos profesionales los que propusieron la nota a este medio por cumplirse 21 años de estar al mando de la reserva. 
Explica que la Reserva es un cuerpo de profesionales con estudios superiores, el cual tiene un lema: “Todo por la Patria”.
“Yo diría que es una organización única en el mundo, porque son profesionales que se dedican a su trabajo, pero quieren hacer algo útil por el país”.
Ellos hacen un curso de ambientación dentro de cada fuerza, que dura 256 horas. Ese número de horas es distribuido en clases durante un año. Al final, obtienen un grado, que es el de Teniente de Fragata de la Reserva Naval.
Los profesionales son el enlace de las fuerzas militares con la fuerza civil, debido a que antes de que se creara esa organización, eran como un grupo aislado que tenía poca relación con la comunidad.

Escuela para El Pozón
De todas las obras que ha realizado con su equipo, la que más le causa satisfacción es una escuela para niños y jóvenes del barrio El Pozón.
“El grupo de profesionales construyó una escuela en la cual estudian en este momento 438 niños, que no pagan un solo centavo”, dice.
El proyecto, que se inició en 1996, se llamaba Escuela Amor por la Unión. Luego de encontrar apoyo en la Armada, la comunidad decidió ponerle Escuela Almirante Padilla.
Y es que antes de que el General Duque se interesara en apoyar el proyecto, hubo un coronel que también decidió echárselo a los hombros.
Las profesoras de El Pozón, desesperadas por las condiciones en que les tocaba dar clases, se dirigieron hasta el batallón de la Infantería Marina, en Bocagrande, a buscar cualquier ayuda que les pudieran brindar.
Al comandante que estaba a cargo en ese instante le llamó la atención el caso y se fue con ellas a conocer a profundidad la situación que las profesoras planteaban.
Al ver la cantidad de jóvenes con deseo de superarse, se conmovió y aceptó ayudarlas. Por desgracia, en plena ejecución del proyecto el coronel falleció en un accidente aéreo en los Montes de María.
Las mismas profesoras regresaron a buscar ayuda. Esta vez tocaron las puertas del General y también contaron con su respaldo.
Lo primero que necesitaban eran agua y luz, de modo que, con la ayuda de un ingeniero eléctrico que hacía parte de la reserva, comenzaron el trabajo de cableado y redes.
También había un arquitecto, así que éste se encargó de los planos. Fue así como, con la ayuda y el conocimiento del cuerpo de profesionales, lograron sacar adelante el proyecto.
El general Duque ha coordinado toda la obra y ha conseguido, incluso, recursos internacionales para costear la malla, la cocina y hasta un polideportivo con el que soñaban los estudiantes.
Se le ocurrió construir por módulos, con el fin de que varias entidades privadas se apropiaran de uno de esos bloques y se sintieran importantes dentro del proyecto.
Hoy tienen un moderno centro educativo que tiene capacidad para 460 estudiantes. Hasta la fecha van cuatro promociones de bachilleres los que ha sacado la institución.
Sin  embargo, más allá de los logros profesionales que ha alcanzado en este servicio, hay una lección que le cambió la forma de percibir la vida:
“Lo más gratificante es que cuando yo inicié este proceso, no sabía qué era la Reserva. Aprendí a ser más humilde al manejar a un grupo de profesionales que no tragan entero y que preguntan por qué y para qué”, concluye. 

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