Vista aérea de la base navalwww.fuerzasmilitares.org (10NOV2014).- A puerta cerrada se ha venido discutiendo desde hace varios meses el destino que debe tener el gigantesco terreno donde hoy funciona la Base Naval de la Armada Nacional, toda una joya en plena bahía de Cartagena.

Durante este año delegados del Ministerio de Defensa se han reunido con el alcalde, Dionisio Vélez, funcionarios de Planeación Distrital, miembros del Comité Intergremial, de la Academia de Historia y del Ministerio de Cultura para plantear el proyecto que se quiere desarrollar una vez ocurra el traslado de la Base Naval. La idea del gobierno es que la ciudad autorice el cambio del uso del suelo para que en una parte importante del terreno se pueda construir un complejo turístico y residencial que le permita al Estado y al ministerio financiar parte de la construcción de la nueva base en Tierrabomba.

Andrés Escobar, gerente de la Empresa Nacional de Renovación y Desarrollo Urbano Virgilio Barco Vargas, especializada en gestionar los activos de la Nación, dijo a SEMANA que la idea es dividir la base en dos: 16 hectáreas para la ciudad, en la que se construya un gran malecón así como las vías que se requieren en esta zona. Y las otras 16 para que el gobierno promueva un desarrollo arquitectónico que le permita generar, según cálculos iniciales, entre 300 y 400 millones de dólares.

Como se sabe, los terrenos de la Base Naval comienzan después de la estación del Cuerpo de Bomberos, a la entrada de Bocagrande. En la propuesta conocida por los gremios, la agencia Virgilio Barco propone dos áreas de desarrollo inmobiliario con un ‘perfil de teatro’, es decir en la franja más cercana al mar una marina e inmuebles de dos pisos, pero en las más lejanas y hacia Bocagrande, edificios de hasta 30 pisos.

En la actualidad el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Cartagena establece que en la Base Naval solo puede haber un desarrollo institucional y edificios de baja altura. Para que la propuesta del gobierno sea viable se requiere cambiar el POT o, en su defecto, hacerlo a través de una norma de superior jerarquía, que en este caso sería el Plan Especial de Manejo y Protección (Pemp) que por estar en una zona de patrimonio, debe ser aprobado por el Ministerio de Cultura.

En diálogo con SEMANA, el alcalde Dionisio Vélez dijo que la Secretaría de Planeación está haciendo las consultas para presentar el Pemp a la aprobación del Ministerio de Cultura, pero que de todas formas cualquier propuesta que hagan está sujeta a la revisión de disponibilidad de servicios públicos, movilidad y al respeto visual y arquitectónico del centro histórico. Pero por su parte Escobar dijo que prácticamente hay un acuerdo y que el ministerio debió haber expedido el plan el mes pasado.

Frente a esta propuesta, líderes cívicos y los gremios de la ciudad se han unido, como nunca antes, para proponerle al Distrito y a la Nación que discutan abiertamente con la ciudadanía. Sostienen que esta quiere que la base se convierta en un gran parque que oxigenaría una de las zonas más urbanizadas del país. Rafael Simón del Castillo, presidente del Comité Intergremial de Cartagena, en una de las reuniones le preguntó al alcalde si quería “ser el hombre que le resolvió el problema de caja a la Armada Nacional o el alcalde que le dio a la ciudad una reforma urbanística. Ese terreno debe ser el sitio donde la ciudad pueda tener un acuario, un Guggenheim, un puerto de cruceros, una megamarina; un parque con ciclorrutas, una vía escénica en beneficio de todos”.

A su vez el presidente de la Sociedad Colombiana de Urbanistas, Robinson Rada, dice que lo que quiere hacer el gobierno es contrario a la lógica urbanista, que debe privilegiar ese terreno como un espacio escénico y público. “El Pemp es una herramienta que se legitima con la participación ciudadana y un proyecto de esa naturaleza debe ser validado por un cabildo abierto, porque construir edificios en esta zona ‘es una humillación al paisaje”’.

Sin embargo, una fuente del gobierno nacional le dijo a SEMANA que en el Estado creían que el tema del parque había sido superado porque Cartagena no tendría cómo pagar el valor de ese lote, que según el avalúo catastral es de 431.705 millones de pesos, pero una vez modificado su uso a través del Pemp, su valor se multiplicaría, pues allí se podrán construir más de 1.250.000 metros cuadrados. Pero los activistas de Cartagena sostienen que así como el gobierno dice que la ciudad no tiene con qué comprar la base, recuerdan que la familia Vélez donó esos terrenos al gobierno con la condición de que los usara para la Base Naval o en su defecto para fines sociales. Por eso, si la Alcaldía o el Ministerio de Cultura lo destinan para algo distinto, algunos ya advierten que se configuraría una ilegalidad, y que de concretarse, demandarán la decisión.

Consultada sobre este asunto, la viceministra de Cultura, María Claudia López, dijo que han esperado cuatro años y han analizado el tema con todo el rigor. “Aunque no se ha tomado ninguna decisión, la responsabilidad del Pemp es de Cartagena”.

Pero esas dos posiciones encontradas no son la única salida. El arquitecto Pedro Ibarra, asesor de Camacol, especialista en urbanismo y restauración, lidera una propuesta alternativa: entregarle a la Nación, a cambio de la Base Naval, la posibilidad de desarrollar un complejo turístico y residencial en otra zona de la ciudad. “Esto no deja de ser una paradoja porque lo que se pretende con el Pemp es precisamente proteger la ciudad colonial”.

El almirante Javier Díaz, director del proyecto, dijo a esta revista que la Armada quiere mudarse, y “cuando uno se muda aspira a obtener el mayor valor de la casa en la que vive para poder pagar la nueva, respetando el ordenamiento territorial, los usos del suelo y por supuesto el patrimonio histórico de la ciudad. Esperamos que ese anhelo sea incluido en el Pemp, porque la Base Naval es nuestro patrimonio y tenemos que proteger nuestras expectativas económicas y aspiramos que sea el mercado el que fije el precio”.

Lo cierto es que el episodio de la placa develada por el príncipe Carlos de Gales en homenaje a los soldados ingleses que murieron intentando tomarse la ciudad en 1741, ha dejado muy maltrecha la imagen del alcalde. Por eso algunos miembros del Comité Intergremial consideran que no es conveniente dejarlo solo. No vaya y sea que tome una decisión que no le convenga a la ciudad.

Futuro incierto

La Base Naval, construida en 1935, alberga a la Infantería de Marina y al comando naval del Caribe. Allí trabajan los oficiales de la Armada Nacional que dirigen las labores de entrenamiento e inteligencia militar y planifican los ejercicios navales.

Los argumentos para trasladarla son estratégicos, pues desde el punto de vista militar no es lógico tener a las corbetas, fragatas y submarinos dentro de la ciudad, en una bahía que tiene una sola entrada y salida. Algo que frente a un ataque o un accidente militar, también traería serias consecuencias sobre la población civil.

A esto se suma que la operatividad de la base también se ha complicado por el comercio y el turismo. Al año, en la bahía se mueven unos 17.000 buques, es decir que cada día unos 47 de ellos, turísticos o mercantes, cargados con contenedores, graneles, petróleo y carbón, circulan por el estrecho canal, cada vez más vulnerable por la sedimentación del Canal del Dique en la bahía.

Algunos expertos advierten que trasladarla a Tierrabomba no resuelve este problema, ya que la nueva base quedaría una vez más dentro de la bahía. Y más preocupante es el hecho de que la ensenada en donde se piensa construir, según planos de 1807 del ingeniero militar español Manuel de Anguiano, muestran que en lo que se conocía como la ensenada de Gamboa y de Guerra existe un bajo llamado rodales de piedra a flor de agua, es decir que la profundidad en ese sitio no permitiría operaciones de barcos de gran calado. El almirante Díaz afirma que en estos momentos están haciendo los estudios técnicos y de prefactibilidad, así que aún no se sabe cuál es el sitio más adecuado ni el costo, pero habría que empezar por construir un puente que una a Tierrabomba con el continente.

Un capitán de corbeta retirado, que pidió reservar su nombre, sugiere que la base debe quedar en la cara occidental de la isla, la que da hacia mar abierto, donde serían más viables y seguras las operaciones navales, o en el Golfo de Morrosquillo o a mitad de camino entre Cartagena y Barranquilla, pero jamás donde la tienen proyectada.

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