Imagen de ejemplo de un bloqueador de señal Además de su fusil, las botas reforzadas, los chalecos antibalas y los lentes antiesquirlas, los soldados colombianos empezarán a llevar un 'arma' clave contra su principal amenaza en el conflicto armado: las minas antipersonales.

En su brazo derecho cargarán un pequeño transmisor que inhibe señales electrónicas. Es vital porque bloquea las ondas de radio y de teléfono celular que las Farc están utilizando para activar sus campos minados.

Las minas son la causa de por lo menos siete de cada diez acciones en las que mueren o salen heridos miembros de la Fuerza Pública. Y aunque muchas de esas trampas se activan de la manera tradicional -cuando la persona pisa el explosivo-, en la mayoría de casos de los últimos años fueron disparadas por señales electrónicas.

El desarrollo tecnológico forma parte de un arsenal perfeccionado en laboratorios de las Fuerzas Militares, pero también de instituciones privadas convocadas por el Ministerio de Defensa.

El proyecto, en el que se invertirán casi 50.000 millones de pesos, busca conjurar el riesgo de un arma indiscriminada y letal que, desde 1990, ha matado al menos a 10.000 colombianos.

Este bloqueador, según el Ejército, actúa como una barrera protectora que frena cualquier onda que se emita en la zona donde están los soldados. El aparato tiene un funcionamiento sencillo, pero efectivo: genera una señal, que, al emitirse con mayor frecuencia que las de los radios o los teléfonos celulares con los que las Farc activan las bombas, las suprime.

Cada uno de los aparatos costará, en promedio, un millón doscientos mil pesos. Producirlos en masa requerirá una altísima inversión que, en todo caso, comparada con los costos de atender a una víctima de minas, de lejos resulta rentable. La atención médica de urgencia y sicológica y las prótesis cuestan, en promedio, 150 millones de pesos por cada víctima.

Y es que uno de cada cuatro campos minados instalados por las Farc en los últimos dos años ha explotado, cuando pasan las patrullas, en las vías que frecuentemente transita la Fuerza Pública. El resto es usado para custodiar laboratorios de coca, campamentos guerrilleros y caletas.

Otro de los avances con los que contarán las autoridades en su lucha contra las minas es una especie de olfato electrónico, traído de Estados Unidos y conocido como Fido, capaz de detectar si una persona manipuló un explosivo, incluso una semana después de haberlo hecho.

De esa manera se judicializará a los explosivistas de la guerrilla, que hoy por hoy son responsables de la mayor cantidad de golpes contra la Fuerza Pública y que, según inteligencia militar, son el 12 por ciento del total de miembros de las Farc.

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