Entrenamiento militarLuego de sumergir con fuerza en el agua cinco veces seguidas su camuflado, el soldado profesional Nelson Rodríguez Balaguera, del Batallón García Rovira de la Brigada 30 constata apretando con la mano derecha- que su pantalón le va a servir como flotador para cruzar un río, similar a los que a diario transita en su área de operaciones en el Catatumbo.

Para lograrlo, el militar tuvo que amarrar las botas del pantalón, soplar fuertemente por donde mete las piernas para inflarlo, cerrarlo en la cintura y hundirlo. Fue así que comprobó que el material de su uniforme está hecho para resistir condiciones acuáticas adversas para ser usado como un flotador en ríos de las zonas selváticas en Norte de Santander.

Al terciar su fusil está listo para adentrarse en el agua y es ahí cuando su pantalón pasa a ser el salvavidas; ponérselo en el cuello le da la alternativa de llegar al otro lado y así es como empieza el día en el Batallón de Instrucción, Entrenamiento y Reentrenamiento Militar Número 30, del departamento.

A pesar de que lleva 12 años en esta fuerza, el soldado Rodríguez Balaguera debe cumplir con este requisito cada vez que sale de vacaciones, de permiso o de licencia. Esta vez llegó al pelotón, ubicado en la vereda El Zulia de Salazar de Las Palmas, tras haberse reencontrado con su hija y su esposa, con las que disfrutó su periodo vacacional.

Al Biter, como también es conocido el Batallón de Instrucción, Entrenamiento y Reentrenamiento Militar, el soldado llegó hace 15 días y está a menos de una semana de reincorporarse al grupo de antiexplosivos y demoliciones (Exdes), que comanda en esta zona de frontera.

Aunque ha pisado este fuerte militar en más de 10 ocasiones para cumplir con ese tipo de pruebas, cada vez encuentra retos diferentes, pues la dificultad aumenta y se complementa con otras, en las que tiene que lograr un puntaje mínimo de 75, o de lo contrario debe volver a empezar y pasar otros 20 días hasta que obtenga el resultado, uno óptimo para reincorporarse a su grupo.

Todos debemos pasar por este lugar para reentrenarnos, yo he venido desde que era un sitio montañoso, no tenía canchas de fútbol ni pista, pero todo eso ha cambiado y por eso cada vez se hace más interesante, porque el soldado debe estarse actualizando y entrenando seguido para enfrentar cada reto que se encuentra en el camino, comentó el soldado, de 30 años de edad.

Al salir del agua él, oriundo de Málaga (Santander), desamarra su pantalón y se lo pone para enfrentarse a otra prueba. Ahora se escuda bajo un árbol donde una tensa calma abarca solo tres minutos de su tiempo. Luego, como si fueran ráfagas de fusil, en el área se escuchan combates en por lo menos 50 metros a la redonda.

Mientras unos soldados corren, otros se arrastran para ocultarse, todo en medio de balas de salva que le dan realismo al ataque, tanto que en medio del fuego cruzado se escuchan los lamentos de un herido. Allí se concentran las miradas de los compañeros, que resguardan la zona y habilitan un helipuerto para su evacuación.

El enfermero y el encargado del radioteléfono cercan al herido mientras es canalizado, procedimiento que sí se hace de manera real. En su brazo derecho le incrustan la aguja con el suero mientras otros lo levantan y lo llevan a una camilla improvisada, esto en el menor tiempo posible.

Salvarle la vida a su compañero se convierte en su meta, pero otra salta a la vista. La detonación controlada de tres minas quiebra patas en una pista de obstáculos por donde él y su grupo deben pasar para garantizarle la vida y la seguridad a una población campesina, personificada también en la zona.

Allí debe funcionar el binomio: un equipo entre el soldado y su perro, uno de los máximos trofeos en la institución. Esta vez lupita, una labradora de dos años debe olfatear el lugar exacto donde está el explosivo y al encontrarlo, sentarse muy cerca y mirar a su amo, esa es la señal.

El soldado Rodríguez Balaguera le dice vaya niñabusque, vaya, juiciosa. Lupita, cachorra y juguetona pega el hocico al pasto, olfatea su objetivo y se echa a revolcarse. Su amo le repite con firmezaniña, juiciosa, la canina le obedece y metros más adelante se sienta, sin jugar y con el temor de sufrir la misma suerte de Balton, otro de su raza.

Hace tres años, en El Tarra, en la vereda Santafé tuvimos un campo minado donde voló el canino. En la explosión perdió una pata y por eso le dieron la baja, ahora Balton está descansando, relató el soldado sin perder de vista a la perra que, sentada, sin un ladrido, le avisaba que ahora debe internarse el experto el detección de metales.

De las 388 hectáreas que conforman el Biter, esta es la pista donde los explosivos que se usan son reales, un solo error y en el mero entrenamiento podría haber un mutilado. Sin embargo, el sonido característico del hallazgo del explosivo, que hace el detector de metales, alerta al grupo para detonar la carga.

Tras la rigurosidad de cada una de las actividades está el coronel Víctor Manuel Mendoza, comandante del Biter, quien actualmente tiene 450 hombres a quienes debe entregar óptimos para las tareas en cada rincón de Norte de Santander.

Una de las pruebas, aunque parece fácil, es el descenso controlado por la soga desde una torre de 18 metros, que simula rescates en edificaciones urbanas y rurales.

Para el coronel los arneses son vitales, el temple de la soga debe ser el indicado y el descenso tiene que ser el resultado del trabajo articulado del equipo.

Una de las maneras de hacerlo es el descenso de espaldas suspendido en el aire; el otro es tipo bombero, apoyándose en el muro y una de las más usadas es en la que bajan dos soldados armados, custodiando el área. Esta requiere de mayor cuidado, pues todo se hace por medio de las sogas, expresó el coronel.

Aquí el binomio tampoco puede faltar. El perro no abandona a su amo y al bajar se entrelaza en sus piernas y sin ladrar, solo dobla sus patas esperando a tocar tierra firme, mientras que el hombre tiene en la fuerza del cuerpo la vida del can.

También está el campo de tiro, el polígono, el área de ataque y defensa en movimiento y la gimnasia básica con armas. En esta los soldados tienen que estar en forma para cumplir todos los ejercicios.

El coronel dijo que su misión es cumplir con los programas de instrucción y entrenamiento con oficiales, suboficiales y soldados quienes conforman la Fuerza de Tarea Vulcano, de la Brigada 30; ellos reciben apoyo en las partes física, técnica, táctica y humanística a cargo de 52 auxiliares que supervisan cada prueba.

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