Sargento Pedro GuarnizoLa historia del sargento del Ejército, Pedro José Guarnizo, parece no tener final feliz después de 15 años de calvario. El 2 de junio de 1997 fue secuestrado por las Farc y el 5 de mayo de 2003 fue rescatado por el Ejército, al salvarse de ser masacrado por la guerrilla como ocurrió con sus compañeros de cautiverio. Después de su liberación los problemas no tardaron de llegar y fue acusado de participar en la masacre de cuatro campesinos en la localidad de Puerto Unión (Meta) el 20 de diciembre de 1992. Estuvo dos años en prisión y fue absuelto en enero de 2008, pero el pasado 17 de diciembre el Tribunal Superior de Villavicencio, en segunda instancia, lo sentenció a 33 años y medio de prisión. Ahora espera que termine la vacancia judicial para conocer el fallo y apelar por su inocencia.

¿Qué opinión tiene del fallo emitido por el Tribunal Superior de Villavicencio que lo condenó, en segunda instancia, a 33 años y 7 meses de prisión?

Para mí este es un fallo con un proceder ligero por parte de la justicia, porque hay cosas oscuras detrás de esto. Mi inocencia fue demostrada hace tres años y medio en una forma lógica, testimonial y presencial, con testigos de la Fiscalía que se retractaron de lo que habían dicho, con pruebas y con hechos sustanciales que demostraron que el sitio donde me encontraba era en una base militar a más de 90 kilómetros de distancia del lugar de la masacre. Además, se comprobó que nosotros no intentamos torpedear el proceso ni inducir los testimonios de los testigos.

¿Cree que está siendo perseguido?

En este momento me siento perseguido por las Farc, porque según información que tengo dos de los muertos son familiares –hermano y sobrino– de alias ‘Romaña’. Hay testimonios de los habitantes que la vinculan con la guerrilla. Ellos me atacan con cosas inventadas mientras que yo me defiendo con pruebas sustentadas. Hasta el momento no he podido entender cuál es el argumento de la juez para tumbar la sentencia en la que me absuelven y sacar una nueva condena tan larga como de 33 años y 7 meses. La juez no me conoce y no sabe quién soy yo, un hombre de familia. Por eso digo que allí hay intereses oscuros y nos duele que la justicia colombiana se preste para esas artimañas.

Entonces, ¿su teoría es que la justicia también lo está persiguiendo?

Sí me siento perseguido, amenazado y asustado. La justicia en Colombia me está arrinconando en una zona donde me toca estar escondido para que no me vayan a matar, porque a todos los

que están involucrados en este proceso los han matado. Quedo nada más yo. Y ¿qué está esperando la justicia? ¿Qué me den el tiro de gracia también o que me entierren de por vida en una cárcel? Mi vida es un libro abierto y he trabajado 30 años en una institución militar sirviéndole a Colombia, y ahora me pagan persiguiéndome sin razón alguna porque yo no he matado a nadie y no me encontraba en el lugar de los hechos.

¿Cuál es la verdad de los hechos de la masacre?

La verdad no la sé yo. Lo único que sé, es que yo estuve en el lugar de los hechos el 15 de noviembre de 1992 persiguiendo un ganado. Pasé por el sitio obligado y nunca volví a estar ahí. No conozco a nadie. Estuve ahí porque estaba en una operación que ese llamaba ‘Pegaso’, portando un uniforme y un arma que me había dado el Estado bajo órdenes de un comandante de batallón. Y después de mi secuestro me entero que en ese lugar, el 20 de diciembre del mismo año, había ocurrido una masacre. Desde ese instante la Fiscalía empezó a buscarme, envolverme y ahogarme, hasta llevarme a la situación que estoy viviendo hoy día.

¿Usted ha considerado fugarse o colaborar con la justicia?

No, fugarme nunca. Y colaborar con la justicia no puedo hacerlo porque ellos no me han ayudado para nada. Lo que sí voy hacer es afrontar y dar la cara sin esconderme. Si la justicia quiere verme para que me asesinen, listo que lo hagan. Y que por culpa de ellos acaben con una familia y yo haya perdido la vida.

¿Por qué cree que lo van asesinar?

Porque ya mataron a todos los que han estado dentro de este proceso. A los que, supuestamente, cometieron la masacre, los han asesinado. El último que mataron era Ramón Ropero, quien estuvo preso conmigo, y hace poquito lo ejecutaron unos sicarios en el departamento del Meta, según leí en uno de los periódicos de la zona.

¿Ha sentido alguna tranquilidad después de su secuestro?

No creo, estaba más tranquilo en manos de las Farc porque en este momento me siento perseguido por la justicia en Colombia. Y vamos a llegar hasta las últimas instancias para comprobar la verdad y mi inocencia. Me dictarán una orden de captura, afrontaré una detención y trataré proteger a mi familia, porque económicamente estoy en ‘rines’, ya que cuando uno es militar y queda detenido, gana medio sueldo. Y hasta ahora estaba terminando de cubrir las deudas del primer proceso y ahora tengo esta nueva sorpresa que me da la justicia.

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