Tropas del Ejército Nacional12 de julio de 2009

El reloj marcaba las 3:45 de la madrugada, cuando alias el transportador pidió hablar conmigo:

- Mi Comandante, cómo podemos arreglar?, podemos hablar y arreglar algo, todo en esta vida se puede. Sólo es llamar a los jefes y listo. Mi Comandante, le tengo listos dos mil millones de pesos, sólo déjeme sano y...

Dos mil millones de pesos, cuántas cosas se pueden comprar con esa cantidad de dinero?, nunca en mi vida había imaginado todos los ceros que al escribir se reflejan en esa suma. Dos mil millones de pesos podrían solucionar los problemas económicos de mi compañía, hasta poder realizar los sueños que desde pequeño tengo, imagínense qué harían ustedes con dos mil millones de pesos?...

7 de julio de 2009 - EL DÍA D-

Empecemos por el principio, como decía mi papá. Soy el Teniente del Ejército Guillermo Andrés Mosquera, del Arma de Ingenieros, y Comandante de la Agrupación de Fuerzas Especiales Antiterroristas Urbanas -AFEUR- con sede en la Séptima Brigada, en la ciudad de Villavicencio.

Ese martes era algo poco común desde su amanecer, una madrugada bastante lluviosa que escondía la posibilidad de disfrutar del sol de los llanos, sin embargo el ambiente estaba diferente, era uno de esos días que a pesar del clima tiene una energía especial. Me desperté muy temprano, agradeciendo a Dios por ese nuevo día y pidiendo como siempre una jornada de trabajo exitosa, sin saber lo que más adelante vendría.

Al llegar a la formación para el inicio del entrenamiento físico con mi equipo de hombres, fui requerido por el personal de inteligencia de la Brigada quienes sin mediar palabra, me entregaron hojas muy bien cuidadas y escritas. Mosquera, usted sabe qué hacer con esa información, arranque con su equipo, tome víveres para 5 días, y espero traiga buenas noticias, me dijeron y agregaron: Tenga mucho cuidado porque la información es que ese delincuente se transporta con buena escolta y en vehículos de alta potencia.

Sin dudarlo me dirigí a la Agrupación para seleccionar a los hombres que adelantarían la operación, hombres de experiencia y de toda mi confianza, capaces de realizar cualquier misión con resultados exitosos y siempre respetando las normas.

- Rondón, aliste la tropa, embarcamos en cinco minutos en los vehículos, le dije al Sargento que me acompañaría. Dos vehículos nos esperaban para transportarnos al municipio de Puerto Gaitán, Meta. 
En poco más de tres horas recorrimos los 189 kilómetros de distancia entre el municipio de Puerto Gaitán y la capital metense. La lluvia no había parado desde la madrugada, y sin saberlo se convertiría en nuestra aliada en el cumplimiento de la misión táctica a la cual llamaríamos Operación Júbilo.

En la cabecera municipal de Puerto Gaitán, planearíamos la siguiente fase de la operación, la cual iniciaría al otro día muy temprano. 

8 de julio de 2009

A las 6:30 de la mañana el equipo estaba listo para lo que sería el inicio de la segunda fase de la misión, la lluvia aunque no tan intensa como en el día anterior continuaba acompañándonos como si fuera una más del grupo. Embarcamos en los dos vehículos desde Puerto Gaitán y con rumbo a la vereda El Tropezón, donde se iniciaría la tercera fase. No habían pasado más de 30 minutos cuando uno de los vehículos se atascó en el fango, Torres, León, Morales, aseguren el área, los demás a empujar, ordené. De inmediato mis hombres realizaron su mejor esfuerzo con el fin de desatorar el vehículo puntero, pero por más fuerza que le imprimíamos nada hizo que se moviera; ya estábamos retrasados cerca de una hora de acuerdo a los planes.

Consulté la carta Falcón para poder avanzar a pie con las medidas de seguridad respectivas, luego de revisarla rápidamente con mi segundo al mando, el Sargento Rondón, decidimos dividir nuestro equipo, el primer grupo seguiría con nosotros y el segundo se quedaría tratando de mover el vehículo quedando a la espera en Puerto Gaitán. Avanzamos el Sargento Rondón y los soldados Torres, León, Morales, Matute, Botache, De aguas, Serna, Rodríguez y yo.

Fueron dos días de camino bajo la lluvia, por la espesa maleza, evitando caminos y trochas, guiándonos solamente por el GPS con pericia y los deseos de cumplir la misión.

Según la carta Falcón, la cual nos muestra el terreno, la ubicación de nuestro objetivo se encontraría a poco menos de dos kilómetros, así que decidimos descansar para recobrar fuerzas y retomar a primera hora del día siguiente. Tomamos las medidas de seguridad perimetral, no sin antes reportar nuestra ubicación al grupo que se quedó en Puerto Gaitán y este a su vez a la Brigada en Villavicencio.

11 de julio de 2009 

Mi Capitán, mi Capitán escuche, decía el radioperador mientras me despertaba, como novedad seguía lloviendo pero esta vez más fuerte, en la radio se escuchaba: Raspao, tenemos problemas, un patico esta fuera, mándeme al grasoso, la señal estaba tan clara que demostraba la cercanía de la tropa con el objetivo, y esa comunicación nos animaba más, así que sin dudarlo empezamos a alistar todo para empezar el movimiento tan pronto saliera la primera luz.

A las 4:30 de la mañana, estábamos listos para avanzar con sigilo y prudencia con destino al objetivo, confiados que sería un día clave pero no contábamos con un obstáculo: el río Manacacías. Para los que conocen esta área del país saben que el río Manacacías hace parte de la región conocida como Caño Cristales y es uno de los afluentes hídricos más ricos de nuestro país, normalmente tiene una longitud 84 metros de ancho y una profundidad de 15 metros. Por la lluvia su cauce ya era casi del doble en lo ancho y arrastraba consigo árboles, piedras y elementos que se convertían en una trampa mortal las aguas del cristalino río.

El soldado Torres, valiente y deseoso de llegar al objetivo, tomó su equipo, su fusil y sin dudarlo dos veces dio el primer paso hacia las aguas, siendo acompañado por De Aguas. La corriente los arrastró por lo menos un kilómetro río abajo, el miedo invadió mi alma, lo que más espera un comandante es salir victorioso con sus hombres intactos. Fueron los 30 minutos más largos que yo recuerde, hasta que por fin, recibí la comunicación de Torres: Coronamos difícil el paso pero coronamos, aquí los esperamos, con esa comunicación ya estábamos listos para pasar el siguiente grupo.

Cerca de las 8:00 de la mañana estábamos todos al otro lado del río, completamente exhaustos de la travesía pero llenos de ánimo porque estábamos cerca de nuestro objetivo. Seguimos hasta que según las coordenadas estábamos a tan sólo 100 metros al oriente del objetivo, una casa finca. Pero las sorpresas no paraban, estamos en el punto, en las coordenadas propuestas, en la orientación indicada y lo único que veíamos era árboles y más árboles.

Algo andaba mal, qué pasa si todo indica que es aquí?, pregunté, hasta que el Sargento Rondón me timbró por el radio y me dice: mi Capitán, desde este morro veo una casa como la que estamos buscando, de inmediato salí corriendo hasta donde el Sargento Rondón y verifiqué lo que me decía. Efectivamente, estábamos equivocados por unos metros, no sé cuánto, pero desde ese momento activamos nuestro plan de seguridad perimetral y aprovechamos la luz del día para avanzar lo posible hacia el objetivo.

No se veía ningún movimiento extraño en la casa ubicada en la vereda La Primavera, al oriente del municipio de Puerto Gaitán y decidimos esperar al caer la noche, cuando de pronto a través del radio escuchamos: Raspao, raspao, tres patos están fuera del corral, pilas a recibirlos, están llenos de huevos.
De inmediato, pensamos con Rondón mil cosas, pero decidimos esperar y mantener la alerta máxima, haciendo turnos de centinela de tres hombres por tres horas.

Pasada la media noche, y con la lluvia como nuestra fiel compañera, el centinela me mostró con los lentes de visión nocturna tres camionetas tipo estaca que se estaban parqueando frente a la casa y de ellas descendían los presuntos integrantes de las bandas criminales. El Sargento Rondón y yo cruzamos nuestras miradas y entendimos de inmediato lo que teníamos que hacer. Él tomó un grupo, y se acomodo a manera de V, yo avanzaría con los soldados, Torres, León y Morales al frente para sacar ventaja del factor sorpresa. En menos de 10 minutos ya teníamos rodeada la casa. Los sospechosos estaban en la sala recibiendo instrucciones según lo pudimos escuchar por el radio scanner. Una vez terminó la comunicación, alistamos fusiles, coordinamos movimientos, y avanzamos al interior de la casa: Somos tropas del Ejército Nacional, por su seguridad y la de nosotros quédense quietos, les respetaremos los Derechos Humanos. Así que colaboren, les dijo el soldado puntero. No tuvieron tiempo de reaccionar, sólo obedecieron y fueron ubicados en un solo cuarto de la casa para mantenerlos controlados.

Mientras tanto, el Sargento Rondón y su equipo revisaban con suma cautela las tres camionetas, no pasaron más de 10 minutos cuando sonó en el radio Mi Capitán, tiene que ver esto, le respondí Qué pasa?, encárguese de eso Rondón, pero Rondón insistió es vital que usted vea esto, las camionetas están llenas. Por mi mente pasaron mil pensamientos, llenas de qué, de dinero, de muertos, de droga, de armas?, llenas de qué?...

De inmediato salí al punto donde estaban las camionetas, el Sargento Rondón y sus hombres parecían congelados en el tiempo, nunca los había visto tan sorprendidos, con una mezcla en su cara de sorpresa, felicidad y asombro, me acerqué donde estaba el soldado Matute, el cual con una sonrisa me dice Mi Capitán lo conseguimos, esto esta hasta el techo de costales, me pasó su navaja abierta, en la hoja una muestra de lo que contenían los costales de las camionetas, Matute remata diciendo: Mi Capitán, mi experiencia me dice que esto es clorhidrato de cocaína de una pureza que nunca había visto.

Sin mediar palabra me devolví a la casa, entré sin vacilar al cuarto de los retenidos y pregunté quien era el encargado de ese cargamento, nadie respondió, volví a preguntar y un silencio desolador invadió el cuarto.

Un hombre al que después conocería como alias el transportador, levantó la mano y sólo dijo yo soy el encargado de los patos y la gente que esta aquí

12 de julio de 2009 

El reloj marcaba las 3:45 de la madrugada, cuando alias el transportador pidió hablar conmigo:
- Mi Comandante, cómo podemos arreglar?, podemos hablar y arreglar algo, todo en esta vida se puede. Sólo es llamar a los jefes y listo. Mi Comandante, le tengo listos dos mil millones de pesos, sólo déjeme sano y.

Sin vacilarlo lo interrumpí De qué habla?, usted cree que puede comprar mi conciencia?, no se equivoque conmigo ni con mis hombres, mi Código de Honor no me lo permite; Combatiré con valor, coraje y ánimo sereno, y sin esperar más recompensa que la de saber que cumplo la voluntad de Dios, lograr la grandeza de mi Patria y la gloria de mi Ejército, recordé y enseguida replicó el soldado Rodríguez en voz baja. es mucha plata pero mis hijos, mi madre y mi conciencia no me permitirán nunca disfrutar de ese dinero mal habido, prefiero llegar a mi casa y tomarme una gaseosa tranquilo, así tenga que pedir prestado para poder hacerlo, pero nadie compra mi conciencia y como si todos lo hubieran escuchado asistieron. 

Torres, llévese a este tipo para el otro cuarto y que de inmediato el radioperador se comunique con Destreza e informe ordené alistar el material y el personal para embarcar en dos helicópteros que llegarían en las próximas horas. 

La cocaína decomisada tendría un costo superior a los 10 mil millones de pesos y su valor se elevaría a 85 mil millones, si el cargamento llegara a compradores internacionales. La operación Júbilo permitió también la captura de ocho presuntos integrantes de las bandas criminales, la incautación de dos armas cortas, cuatro equipos de comunicaciones, uno de ellos de tecnología satelital y la inmovilización de tres camionetas.

Página Web del Ejército Nacional