Helicóptero Mi-17 del Ejército NacionalMuchos nos hemos preguntado cómo es el más allá, qué se sentirá al morir, cómo veremos la luz al final del túnel, pero siempre nos resistimos a ver morir a uno de nuestros lanzas, en milésimas de segundo encontramos el camino que nos lleva a entregar hasta la última oportunidad por salvarlo, así pasó en está ocasión

Me encontraba abasteciendo tropas de la Brigada Móvil N 20, establecidos en el municipio de Chaparral (Tolima); el día 6 de febrero de 2012, en la mañana nos informaron de un requerimiento aéreo, el cual consistía en efectuar una evacuación a una altura de 9.450 pies. Dos soldados profesionales, habían entrado en estado de hipotermia, era muy grave el estado de estos hombres.

Las condiciones meteorológicas en el punto no eran favorables para realizar la extracción. Todo el día permaneció nublado y con lluvia, así que no podíamos ir en su auxilio, pero una fuerza superior decidió que podíamos entrar al área

Desde nuestra posición se vio mover una gran nube que obstaculizaba el helipuerto y entramos sin pensarlo dos veces. El helipuerto no era el mejor, pues era un pequeño pináculo, con grandes árboles a los lados donde no se podía aterrizar el helicóptero, pero por lo menos podíamos lanzar la camilla y enganchar a los pacientes para subirlos en un vuelo estacionario

Llevábamos dos minutos de vuelo y el soldado que yo llevaba empezó a convulsionar, mantuve su cabeza hacia un lado y abrí su boca para que tuviera más aire y no se ahogara con la lengua, así volvió a quedar quieto y siguió respirando, de igual forma el otro soldado convulsionó y se hizo el mismo procedimiento. 

El camino se hacía eterno; de un momento a otro el joven que yo acompañaba trataba de respirar o tomar bocanadas de aire y no podía. Empezó nuevamente a convulsionar quedando totalmente quieto y sin respirar. Inmediatamente tome sus signos vitales y no presentaba pulso. Al verme frente a su cuerpo inerte me sentí impotente de no poder hacer nada, pero algo dentro de mí me decía que no podía llegar a tierra con este joven en mis brazos muerto. 

En cuestión de segundos tome aire y se lo aplique, boca a boca, pero su cuerpo seguía igual, yo seguía con mi lucha por no dejarlo morir y por segunda vez, tomando más aire, se lo volví aplicar, boca a boca, esta vez enviándoselo hasta con el último esfuerzo de mis pulmones y sentí como se inflo su pecho pero el aire no salió. Cuando soltó el aire ese guerrero de la vida abrió los ojos y respiró, empezó a mirar hacia todos los lados, como preguntándose qué pasaba?. 

Soy el Cabo Primero Ronald Gómez Jiménez, tripulante de vuelo del helicóptero MI-17 de matrículas EJC 3394.

Un reconocimiento especial para el Mayor Quintero, piloto, Sargento Zapata, Ingeniero de vuelo, y el resto de la tripulación.

Prensa Ejército Nacional