Unidad de Exposivos y Demoliciones, EXDEAquel 9 de junio de 2012, el Cabo Tercero Javier Martínez, orgánico de la Fuerza de Tarea Apolo, se había levantado como de costumbre a las cuatro de la mañana para iniciar sus labores diarias, para él a esa hora empieza su rutina como soldado de Colombia. Ese día, tal como se lo había enseñado su madre, realizó sus oraciones para dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas y para ofrecer su trabajo en acción de gracias.

Ese sábado transcurría con normalidad, hasta que a eso de las diez de la mañana, sonó su radio de comunicaciones, solicitando su presencia junto con los demás integrantes de su compañía, tendrían que salir a apoyar la seguridad en la carretera que conduce al municipio de Caloto, se había denunciado la presencia de un vehículo sospechoso atravesado en la vía y ellos serían los encargados de custodiar al grupo EXDE de la Unidad.

Pasaron unos 15 minutos desde el momento de la llamada y la salida de la Unidad, rumbo al punto de la misión. El Cabo Martínez recuerda: En el helicóptero que nos dejaría cerca todo era silencio; todos estábamos concentrados en lo que sería algo rutinario pero de mucho cuidado, nuestra misión: velar por la seguridad de los EXDE. 

Llegamos a la carretera, iniciamos el dispositivo, pocos minutos después ingresaría al área los de explosivos y demoliciones rumbo al bus; ya estábamos en nuestra posición, el EXDE iniciaba su arribo, se ubicaban a un kilometro del objetivo para iniciar su trabajo, cuando vimos caer herido a uno de sus hombres y de inmediato sentimos como nos atacaban a nosotros desde lo alto de la montaña.

Nuestro objetivo era velar por la seguridad de ellos, y nada nos podía detener en el cumplimiento de esa misión, todos disparábamos sin saber si acertábamos en los bandidos. 

Pasó un segundo donde mi mente desvió su atención hacia la copa de un árbol, donde algo brillaba, fue ahí cuando vi a un terrorista francotirador apuntando su arma hacia los hombres del grupo EXDE.

Sin dudarlo, apunté mi fusil a la copa del árbol, accioné el gatillo y observé cómo caía de lo más alto el enemigo que apuntaba, escuchaba como gritaba de dolor, el combate duró cerca de 40 minutos donde dimos todo de nosotros, hasta que logramos replegar el ataque del enemigo, los EXDE pudieron destruir de manera controlada el vehículo que obstruía la carretera, mientras nuestro enfermero de combate decía que el francotirador, al cual yo le disparé, estaba vivo de milagro después de semejante caída.

Cuando yo apunté al terrorista, no buscaba otra alternativa que neutralizarlo, al quedar herido, fue atendido por nuestro enfermero de combate, llevado a la Unidad y allí puesto a disposición de las autoridades competentes.

Prensa Ejército