Tropas del Ejército ColombianoComo todas las mañanas, me despedí de mi esposa con un beso. Ella en cama aún con nuestra pequeña hija de 2 meses, me dio su bendición y me dijo: feliz día, cuídate mucho, besé a la bebé y salí rumbo al batallón Tenerife, unidad a la que pertenezco desde hace cerca de 3 años.

Fue un lunes de lo más normal para mí: entrenamiento físico, formación, labores administrativas; claro, hasta el mediodía, porque fue en ese momento cuando recibimos la orden de prepararnos para salir a cumplir una misión. El Teniente Granja, nuestro comandante, ordenó pasar al rancho mientras él recibía instrucciones sobre la nueva misión que enfrentaríamos. Mientras llegábamos al comedor, llamé a mi esposa y le dije: mi amor, no me esperes esta noche, salgo a cumplir una misión, cuida a la niña. Nos vemos pronto, te amo.

En la tarde alistamos todo el equipo, armamento, sintela, implementos de aseo, raciones, en fin, todo lo que se debe tener en cuenta para cumplir la misión a cabalidad y, por supuesto, una biblia de bolsillo que me acompaña a todas partes
Formamos con el equipo. El Teniente Granja dio parte y el Comandante del Batallón Tenerife solo nos dijo: van en dos vehículos, mucha suerte, confío en el trabajo de cada uno de ustedes, Dios los guiará hacia el objetivo. Y concluyó: Compañía, Embarcar. Sin dudarlo los nueve integrantes de este equipo subimos a cada uno de los vehículos que nos llevaría hasta algún punto.

Pasaron cerca de 4 horas. Cuando pararon los camiones, en algún punto que, según mis cálculos, era cerca al municipio de Villavieja-Huila, formamos de nuevo y fue cuando nos dijo el Teniente: vamos tras la pista de uno de los duros de las Farc, así que vamos con toda

CINCO DIAS DESPUÉS

Como una lanza más la lluvia nos acompañó desde el primer día. Ya han pasado cinco. No hemos comido ni dormido mucho porque el tiempo y el terreno no lo permiten, sentimos cansancio, el peso de nuestro equipo nos agota cada vez más, estamos en la zona rural del municipio de Aipe. Las informaciones que nos llegan desde la Brigada indican que estamos cerca, la lluvia hace muy difícil el desplazamiento, no sólo por el frio, el terreno se pone complicado. Yo pienso en mi niña y mi esposa. Hace cinco días que no sé de ellas. Mientras caminamos saco del bolsillo de la guerrera una foto de ellas, la veo, le doy un beso y les mando un abrazo en mi pensamiento, anhelando verlas pronto.

El Teniente Granja, como comandante de la escuadra, habló con el Batallón para informar nuestra posición y situación, mientras eso ocurría yo hablaba con el soldado Ortíz, el enfermero, recordando nuestro orígenes en Santa María, un pequeño municipio ubicado a unos 54 kilómetros de Neiva, al noroccidente del departamento del Huila. Estábamos conversando y nos ordenaron quedarnos en silencio. Todos empezamos a escuchar risas y gritos de algunas mujeres

Conformamos el equipo de registro y empezamos el desplazamiento hacia donde escuchábamos las voces, siempre teniendo atención en los movimientos del puntero, él se detuvo, nos ubicamos de acuerdo al entrenamiento y se escuchó: Somos el Ejército. No escuché más, entramos de inmediato en combate, no sé cuántos eran los que nos atacaban, pero sé que nosotros nos defendíamos como fieras. En ese instante la lluvia volvió más fuerte que nunca, en tierra se sentía más la fortaleza de cada gota de agua, tal vez porque el cielo quería decirnos que somos más fuertes cuando la adversidad está con nosotros, no sé cuánto tiempo paso, treinta o cuarenta minutos, tal vez más no sé. Sólo sé que de un momento a otro, el silencio invadió mis oídos. Todo fue paz. 

Radio: grito el Teniente Granja, por unos minutos él estuvo comunicado con el comando de la operación en Neiva, al cortar la comunicación el Teniente nos dice: ya viene el CTI para hacer el levantamiento, así que acordonemos el lugar y cuidado muchachos, la misión no acaba aquí, debemos seguir.

Somos tropas del Ejército Nacional, por su seguridad y la de nosotros, quédense quietos, les garantizamos sus Derechos Humanos, escuche.
La respuesta fue inmediata. Un tiroteo constante y firme por parte del enemigo empezó a hostigarnos, el Teniente Granja, nos gritaba: Cúbranse, ataquen, respondan, todo pasaba en cuestión de segundos, el fuego iba y venía, no era mi primer combate pero si uno de los más duros en el que he participado.
Gracias al entrenamiento recibido, sabíamos cómo actuar en este tipo de situaciones, pero fue en ese instante, cuando estábamos avanzando, que vi a mi curso Ortíz caer a tierra y no moverse más, por el calor del combate él se encontraba en la punta de pelotón. 

El soldado Ortíz era nuestro enfermero, llevaba cinco días con nosotros. Fue como en una película. Él caía en cámara lenta, como una hoja de un árbol. Sentí que el tiempo se detuvo sólo para verlo caer. Por mi mente pasó la imagen de mi pequeña hija y el de mis padres. Recordaba ese día en el que les conté a mis padres que me iría a la Escuela de Soldados Profesionales. Una explosión trajo de nuevo mi mente al combate. Fue una granada de mano que los guerrilleros lanzaron hacia nosotros con tan mala suerte para ellos que la enviaron con mucha fuerza y cayó demasiado lejos, por lo visto no tenían conciencia de qué tan cerca estábamos.

Queríamos rescatar a Ortíz. No sabíamos si estaba herido o qué le había pasado, a lo mejor estaba herido y podíamos hacer algo por él, sin embargo, las balas enemigas no nos dejaba avanzar. No estábamos luchando sólo por nuestras vidas y por la captura de los delincuentes, sino también por salvar a nuestro compañero, era una lucha por la vida, la misión, nos teníamos que jugar el todo por el todo.

POCAS HORAS DESPUÉS 

Llegó el helicóptero, subimos los cuerpos, el material de intendencia decomisado y embarcamos rumbo a la Novena Brigada, donde nos esperaba el Comandante de la unidad y el Comandante del Batallón Tenerife, con comida y bebida caliente, ellos sabían que no habíamos tenido tiempo para alimentarnos bien.
Hacia las 10 de la mañana del 21 de marzo de 2011 estábamos en el Comando del Ejército recibiendo un reconocimiento por la operación que dio muerte a alias Jerónimo, en donde primero le rendimos un sentido homenaje a mi curso Ortíz, para luego uno por uno escuchar su nombre y pasar a recibir la Medalla al Valor y la Medalla Fe en la causa.

Al escuchar: Soldado Profesional Ordóñez, pensaba en lo orgullosa que se sentirá mi hija cuando sea más grande y sepa que su padre trabajó por su Ejército, por su patria y por un país mejor para ella, librando a Colombia de los terroristas. Cuando recibí la Medalla Fe en la causa, cerré mis ojos y se la regalé a mi hija y mi esposa por aguantar este sacrificio en búsqueda de la paz

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