Inteligencia Militarwww.fuerzasmilitares.org (16FEB2014).- El 22 de enero de 1991 no debió ser fácil para el exsargento del Ejército Bernardo Alfonso Garzón Garzón. Ese día se acercó a la Oficina de Investigaciones Especiales de la Procuraduría General de la Nación en Bogotá con el fin de pedir protección para él y su familia, pues sentía que estaba siendo vigilado no sólo debido a su retiro del Ejército sino a todos los detalles que conocía sobre operaciones especiales de inteligencia adelantadas desde el Batallón Charry Solano, con sede en la capital de la República.

“He tomado la determinación de presentarme ante este Despacho con el fin de solicitar protección para mí y para mi familia y de otra parte para solicitar su intervención ante el Ejército ya que me ha tocado que abandonar el servicio por una serie de hechos que relataré a continuación”, dijo, a manera de introducción, el militar, que para esa época contaba con 39 años de edad.

Tras relatar cómo se había infiltrado por varios años en las filas subversivas del Movimiento M-19 y las FARC, explicar cuál había sido su labor como agente de inteligencia y contrainteligencia y precisar los problemas que tuvo en esa unidad militar que acabaron en su salida, comenzó a detallar hechos que revelan los excesos cometidos en el Batallón Charry Solano y que, según él, eran de conocimiento de sus comandantes.

“[…] esa Unidad con el solo hecho de ser de inteligencia y contrainteligencia, tiene personas activas, colaboradores civiles de tendencia de ultraderecha, de gente que ha sido integrante de esa misma Unidad y que están en capacidad de fabricar cualquier cosa con el fin de desaparecer a una persona o simplemente de que aparezca muerta”, indicó Garzón, quien declaró durante dos días ante la Procuraduría.

Para ejemplificar su afirmación, expuso la retención y posterior asesinato de Nidia Erika Bautista de Arellano. “Sé que en el año de 1987 en el mes de agosto ubicaron a la señora en el Carulla de la carrera 13 con calle como 43 o 42, no recuerdo exactamente, de allí la mantuvieron controlada hasta en las horas de la noche, cuando ella iba llegando a su residencia ubicada en el sector de Casablanca, en ese sector y ya entrada las horas de la noche la capturaron, habiéndola introducido en un jeep Suzuki SJ 410 de color gris, de allí se la llevaron a una finca y la mantuvieron por espacio de dos días, posteriormente la llevaron hacia el sector de Quebradablanca y allí le dieron muerte, en ese entonces se encontraba de comandante el coronel Álvaro Velandia Mercado, él tuvo conocimiento de eso y aprobó la determinación”. En los archivos de la Brigada, esta mujer figuraba como integrante del Movimiento M-19.

En su declaración, también hizo referencia a la captura, en abril de 1986, de un supuesto jefe del M-19 llamado Guillermo Marín sobre el cual dijo que podría ser “un nombre supuesto”. Garzón relató que este hombre fue llevado al Batallón, donde lo tuvieron por lo menos dos días bajo interrogatorio. “Como en ningún momento aceptó los cargos, ordenaron que yo personalmente debía entrevistarlo frente a frente, sin ninguna medida de seguridad a fin de desbaratar lo que él decía y comprobarle que verdaderamente era lo que se le estaba sindicando en ese momento”. Al parecer no se le pudo comprobar nada y tuvo que ser dejado en libertad. Según la versión de este militar al día siguiente de su excarcelación fue encontrado muerto por agentes de la Policía en el parque La Florida, “maniatado y encostalado”.

El entonces exsargento del Ejército describió lo ocurrido con tres hombres a quienes sindicaron de pertenecer a las FARC y quienes fueron capturados por el DAS, en junio de 1987, en Bogotá. Se trata de Víctor Manuel Nieto Campos, Bertil Prieto Carvajal y Francisco Luis Tobón. “Ellos fueron enviados a la cárcel Modelo de Bogotá, pero allí permanecieron aproximadamente un mes, en la Unidad establecieron qué día iban a salir en libertad y los esperaron a la salida de la misma, los tres individuos abordaron un jeep Suzuki LJ-80 y fueron seguidos por personas del Batallón, quienes cuadras más adelante los bajaron de dicho vehículo, los introdujeron en vehículos del Batallón y en las horas de la noche se dirigieron por la vía que de Bogotá conduce a Villavicencio y los fueron matando dejándolos abandonados uno a uno sobre la vía”. Esa acción, según Garzón, fue realizada por miembros de la Compañía de Operaciones Especiales del Batallón Charry Solano.

Asimismo hizo alusión al asesinato de Oscar William Calvo, uno de los líderes de la guerrilla del EPL, perpetrado en Bogotá en noviembre de 1985. Tras los acuerdos de paz logrados por ese grupo insurgente con el gobierno nacional, sus dirigentes instalaron una oficina en el centro de la capital de la República. “En  en este lugar permanecía Oscar William Calvo y algunos escoltas y otros miembros del Comité Central de dicha organización. A este señor lo estaba controlando la Compañía de Operaciones Especiales y específicamente el grupo bajo el mando del teniente Armando Mejía Lobo […] Una noche lo siguieron desde la oficina antes mencionada hasta una droguería sobre la carrera 13, en sector de Chapinero, y allí fue ultimado desde una moto Yamaha 500 que la manejaba o era conducida por un civil, Carlos Rodríguez, alias ‘El Ciego’.

Según Garzón, la orden de mantener vigilado a Calvo fue emitida por el entonces comandante del Batallón Charry Solano, coronel Iván Ramírez Quintero y recibida por el capitán Camilo Pulecio, comandante de la Compañía de Operaciones Especiales. “Sé que como recompensa por este trabajo a estas personas las enviaron por tres meses a Estados Unidos a hacer un cursillo y otros al Sinaí”.

Bernardo Alfonso Garzón Garzón fue capturado el pasado 30 de enero en Cali. Se considera que es testigo clave en la desaparición de la guerrillera Irma Franco tras la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985. Pero más allá de eso, lo narrado por este exsargento revela los excesos a los que puede llegar la inteligencia militar cuando opera como una rueda suelta.

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