El presidente Juan Manuel Santos declaró oficialmente a San Carlos como primer municipio en el país libre de sospecha de minas antipersonal. Los héroes del enorme esfuerzo son cientos de uniformados y de personas, que desde 2009 arriesgaron sus vidas para que a este rincón del Oriente antioqueño volvieran 9.500 habitantes.

Esas personas sortearon la amenaza que significan los artefactos explosivos hechos con una simple jeringa y un recipiente plástico por guerrilleros y paramilitares. Trampas mortales indetectables hasta para los equipos de desminado.

Ayer, los rostros curtidos por el sol de un grupo de soldados eran de satisfacción por la misión cumplida, mientras el Presidente, el vicepresidente Angelino Garzón , el gobernador Sergio Fajardo y la alcaldesa Maria Patricia Giraldo, reconocían (en un acto oficial) que gracias a su valor y entrega el objetivo del desminado humanitario pudo cumplirse.

"Porque ellos mismos, nuestros soldados de tierra, mar y aire, nuestros policías, han sido las primeras víctimas de estas minas antipersonal", dijo el Primer Mandatario.

 

El capitán Edwin Cedeño , comandante de la compañía de desminado, recordó que fueron 100 soldados quienes dejaron los fusiles para meterse en sus trajes blindados. Con rodillas y pies sobre la tierra desenterraron 713 minas antipersonal y barrieron cerca de un millón de metros cuadrados en 56 veredas. La mayoría de ellas despobladas desde los años 2002 y 2003, cuando los campesinos huyeron por la violencia.

"Se cumple una meta después de revisar cada denuncia de la comunidad sobre presencia de minas en su territorio, de destruir cientos de ellas y de descartar sitios que atemorizaban. Estos artefactos los instalaron en los caminos veredales, cerca a las escuelas e incluso dentro de las casas para atentar contra el grupo enemigo o las mismas tropas", explicó Cedeño.

La tarea se hacía más difícil y riesgosa cuando los desminadores descubrieron que los artefactos explosivos no eran encontrados por sus detectores de metales. Así fue como el soldado Uberney Umaña y sus compañeros desminadores advirtieron sobre el terreno que las nuevas minas que inundaron las zonas rurales del Oriente no tenían partes metálicas, sino que las guerrillas las hacían "hechizas" o artesanales. "Son hechas con botellas plásticas y una jeringa para activar el explosivo químico al pisarla, entonces no sirve el detector de metales. Estos artefactos estaban enterrados hace ocho o 10 años y como no usan batería seguían siendo un peligro constante para la población", relató el soldado Umaña.

Misión sin víctimas fatales

Para este militar, completar sin accidentes ni pérdida de vidas la arriesgada misión es motivo de orgullo. "Cada mina que neutralizamos es una víctima menos, una vida que estamos salvando y eso ayudó al retorno de los desplazados".

Estos soldados, como los demás que participaron en esta delicada misión, ahora saben que su logro de entregar este municipio como el primero libre de sospecha de minas ha propiciado el retorno de gran parte de las 2.707 familias desplazadas. Sin este esfuerzo miles de campesinos no habrían vuelto a sus veredas.

Prensa Ejército