Héroes en San Andréswww.fuerzasmilitares.org (31JUL2014).- Francisco Ramírez llevaba un año sin bailar. Su vida se detuvo tras perder una de las piernas en una mina antipersonal en Ituango-Antioquia. Francisco es soldado profesional. Tiene 26 años.

Este hombre es uno de los 69 soldados que este fin de semana conoció el mar, en una iniciativa del Comando Aéreo de Combate No. 5 de Rionegro, y que se realizó con el apoyo de la Fuerza Aérea Colombiana, de los empresarios y de los oficiales de la reserva. 

El viaje que inició en Rionegro en un Boeing 737 se convirtió en una fiesta en el que la música y los chistes fueron los que acentuaron la espera. Todos compartían en ese momento el mismo anhelo que hasta ahora era tan solo un sueño. Y por eso a medida que el avión se aproximaba a su destino, los soldados se turnaban las dos pequeñas ventanas por donde buscaban el mar. Lo único que decían era lo evidente: "ahí está, ahí está" y tras cada palabra una sonrisa más. 

En la playa se despojaron de las heridas y sin queja brincaron para lanzarse al mar. En la tarde, cuando la emoción primera había pasado, muchos, hasta yo, nos sentamos a ver el atardecer. Justo ahí, el soldado Ramírez se liberó de la pena y rompió la monotonía de 365 días sin bailar. Por eso, toma mi mano y baila como si la vida frente al mar volviera al pasado. 

SOLDADO OWIN DIAZ

"Estoy aquí en San Andrés porque no me puedo dejar rendir, eso no puede pasar, la vida hay que llevarla poco a poco. Lo que pasó es que ahora mi vida la debo llevar más despacio, paso a paso. Le cuento, entonces: Tengo 25 años y soy de Cúcuta, Norte de Santander. Ingresé a los 18 años al Ejército para prestar servicio militar. Estuve en Tame, Arauca. Luego me incorporé como soldado profesional a una brigada móvil de El Catatumbo. Llevaba tres años cuando caí en la mina. Fue el 1 de octubre de 2013. Estábamos haciendo un movimiento en la selva y empezamos a descender por una montaña. Llegamos a un punto donde la maraña se cerró mucho y no podíamos pasar y entonces decidieron que se iba abrir camino con machete. Yo iba de tercero. El segundo se quedó amarrándose la bota. Yo seguí. Y a mitad de camino caí en la mina. El mundo se viene encima. Todo lo que uno ha vivido. Los amigos, los hermanos, mi hijo. Todos llegaron a mi mente. Sentí miedo de morirme. Cuando uno pisa la mina es como un bombazo, caes al piso. Quedé consciente. Me miré los pies y ya no tenía el pie derecho y el otro estaba afectado. Me sacaron de ahí. En el instante no hay dolor, en el instante lo que aparece es el ruido y el miedo. Angustia. El dolor viene después. Llegué a la clínica en Cúcuta en donde me operaron. Allá estuve un mes. Cuando me dieron el alta me enviaron para Medellín al Centro de Rehabilitación Héroes de Paramillo. Allá he recibido mucho apoyo. Ahora veo este mar y me doy cuenta de que hay que seguir, que debo estudiar. No estaba entre mis planes de vida el venir hasta aquí. Este es un viaje feliz".

SOLDADO ÓSCAR MARTÍNEZ

"Estar aquí frente al mar para mí es la felicidad. No había llegado hasta aquí, el mar, el mar y este mar de San Andrés, todo es alegría. Nací en Córdoba. Inicié como profesional en el batallón de ingenieros de Istmina, Chocó. Ya llevaba un año de servicio cuando el 13 de agosto de 2013, la mina dividió mi vida en dos. Estábamos acampando en la vía Quibdó-Pereira. Ahí recibimos una información que advertía que habían atravesado un bus en la vía y que había muchos civiles en el medio. Cuando estábamos haciendo el registro de la operación, pasó lo que tenía que pasar: pise una mina. La mina me amputó un pie y me fracturó el otro. En el instante lo que pensé fue que sí, que me había quedado sin un pie, pero lo que me dolió más fue que cuando caí, los ojos se me llenaron de tierra y entonces en lo que pensé fue en mi vista. Los primeros minutos el cuerpo no me dolió, ya después, duele cada centímetro. Me limpié los ojos y me di cuenta de que veía y me puse contento. De ahí me llevaron al batallón y me sacaron en helicóptero. En esos minutos lo único que pensaba era que me iba a morir porque boté mucha sangre. Recuerdo también que me dio una sed inmensa, muy grande. Nunca sentí tanta sed como ese día. No podía hablar de la sed que tenía, pedí agua. Un soldado tenía una cantimplora y se la arrebate de las manos y me tomé cuatro tragos de agua y eso me estaba afectando, me estaba torciendo las manos. Había dolor, mucho dolor. Cuando todo pasó, apareció la tristeza. Fueron unos días difíciles. Luego llega la rabia. Entonces aprendí que el pasado está lejos y que no puedo quedarme en él. Ya eso hace parte de mi vida, no puedo esconderlo. Hoy es un día feliz".

SOLDADO JOHN HAROLD ORTEGA

"Soy de Curumaní, Cesar. Tengo 26 años. Desde pequeño siempre quise ser futbolista o ser militar. No fui futbolista porque a mis papás no les gustaba el fútbol. Yo me les escapaba y el resultado era que me pegaban. Lo que decían era que al jugar fútbol me podía partir una pierna y mire ahora, me fui para el Ejército y no tengo las dos. Ese el único deporte que si yo pudiera lo jugaría con todo el corazón. Todo cambió para mí y ser soldado me ha traído los mejores momentos a mi vida. Todo empezó cuando ingresé al Ejército como soldado profesional en el 2011. Me enviaron para Nariño y allá llevaba nueve meses. El día que explotó la mina en mi pie, el 2 de noviembre de 2012, los perros ya habían pasado por ahí. La mina la piso un dragoneante que iba de primero. Él calló y nos metimos varios a ayudarlo. Cuando traté de salir lo que pasó fue que volé, volé. Le voy a decir la verdad: uno en el instante en lo que piensa es en que lo mataron. Yo quede consciente. De ahí comencé a llamar a todos, fueron cuatro minutos en que gritaba y gritaba. No sentí dolor. Fue cuando llegué a la clínica cuando comenzó a doler. Lloré mucho porque se habían muerto los amigos míos, no por mí. Yo estaba consciente de que iba a quedar así, lo asumo con tranquilidad. Desde noviembre de ese año, mi vida ha sido distinta, pienso que me ha ido muy bien y le doy gracias a todos los médicos que han estado conmigo. Es más, ni cuando estaba con mis piernas, me habían pasado tantas cosas buenas. Es como uno asuma la vida. Hoy tengo esposa, tengo un hijo... me ha ido muy bien. Todo esto que me ha pasado es bueno, el estar aquí en San Andrés, conocer el mar y tener esta experiencia de vida".

EN DEFINITIVA

Los soldados heridos en combate fueron reconocidos por la Fuerza Aérea Colombiana y viajaron a San Andrés.

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