Ene l recuadro el Coronel (r) Robayowww.fuerzasmilitares.org (02FEB2015).- El coronel Alejandro Robayo Rodríguez literalmente desapareció del mapa. Nadie sabe dónde está y hasta el propio Ejército está extrañado con la situación. Robayo ascendió a coronel en ceremonia del pasado 3 de diciembre, pero no asistió a la transferencia de mando del Batallón Patriotas en Honda (Tolima), donde se desempeñaba como comandante. Tampoco asumió el nuevo cargo que tendría en Bogotá.

El Ejército confirmó que el alto oficial tenía vacaciones hasta el 18 de enero, pero jamás apareció. Aún más extraño resultó que el 2 de enero radicara un documento en el cual solicitaba la baja, cuando tan solo un mes antes había ascendido. Su esposa e hijos tampoco aparecen, y según dijeron fuentes cercanas a la familia no hay rastro de ellos ni siquiera en las redes sociales.

¿Por qué un oficial que ha sido bien calificado por sus superiores y que está a solo un rango de llegar a general desaparecería sin dejar rastro? Robayo Rodríguez en el ejercicio de su carrera ha asumido retos importantes no solo como comandante del Batallón Patriotas, sino en unidades como el Comando Conjunto de Operaciones Especiales (Cecoes), Acción Integral de la Quinta División, Gaula de Valledupar y el Batallón Aerotransportado nº. 28 Colombia.

La respuesta podría remontarse a 2003, cuando tenía el grado de mayor y era integrante del Batallón Colombia. Entonces empezó el peor momento de su vida militar. Robayo fue investigado por múltiples desapariciones forzadas, falsos positivos y torturas en el municipio de Viotá (Cundinamarca) y la región del Sumapaz, al tiempo que se consolidó la presencia y actuación del grupo paramilitar Autodefensas Unidas del Casanare en esa zona. Incluso, en octubre de 2006 un capitán y un suboficial, miembros del Batallón, fueron condenados a 34 años de prisión.

Esa fue tal vez la época más oscura de este municipio y hoy, casi 12 años después, aún es recordada con horror por sus pobladores. En marzo de 2003 empezaron los asesinatos selectivos, la mayoría de ellos a personas que integraban organizaciones sociales campesinas, dirigían procesos comunales o pertenecían a corporaciones públicas, como en el caso del registrador de Viotá, Jairo Humberto Ochoa, y algunos concejales.

Los hechos son escabrosos. Más de 20 personas fueron asesinadas en solo cuatro meses, con algunos casos tan aberrantes como el de Wilson Duarte y Luis Hernando Micán Tarquino, desaparecidos el 30 de marzo de 2003. Sus cuerpos aparecieron descuartizados el 1 de abril de ese año con signos de tortura. En otro, Arnulfo Rivera Piñeros fue asesinado y presentado como caído en combate el 5 mayo de 2003. Además, cerca de 2.000 personas fueron desplazadas forzosamente solo en marzo de ese año.

No obstante, esta no era la única investigación de Robayo. También tuvo otro proceso en la Fiscalía por la muerte de dos personas.

Aunque ya ha pasado más de una década, lo sucedido con el oficial vuelve a poner en tela de juicio la revisión que hacen las Fuerzas Militares cuando promueven a sus hombres. En la ceremonia de ascensos del pasado 3 de diciembre hubo inconformismo entre aquellos que pasaron de teniente coronel a coronel. Muchos no se explican cómo oficiales que han sido investigados o han sido relevados de sus cargos ascienden, mientras que otros que muestran una hoja de vida impecable quedan atrás por los conceptos subjetivos de los que toman estas decisiones.

Lo peor es que estos cuestionamientos no son nuevos. A finales de noviembre pasado el senador Iván Cepeda debatió el ascenso de los generales Nicasio de Jesús Martínez Espinel, Jorge Alberto Segura Manonegra, Emilio Enrique Torres Ariza, Gabriel Hernando Pinilla Franco y del coronel Raúl Antonio Rodríguez Arévalo. En muchos de los casos porque, según Cepeda, se dieron falsos positivos cuando ellos estuvieron al mando.

La desaparición del coronel Robayo sigue siendo un misterio. Lo cierto es que hace dos semanas el Ejército inició una investigación contra el alto oficial por abandono del cargo, pero la semana pasada le aceptaron la baja. Una decisión bastante rápida si se tiene en cuenta que hay otros oficiales que la solicitaron desde diciembre y aún no la han recibido. El caso genera muchas dudas y hay fichas que todavía no encajan en este rompecabezas.

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