La Escuela Militar de Cadetes recibe mujeres en igualdad de condiciones que los hombres. Imagen de archivo.
La Escuela Militar de Cadetes recibe mujeres en igualdad de condiciones que los hombres. Imagen de archivo.

www.fuerzasmilitares.org (30MAR2015).- Un video íntimo que grabó la cadete Zamora (el apellido ha sido cambiado para proteger la identidad de la cadete) para su novio en los baños de la Escuela Militar José María Córdova en Bogotá derivó en su súbito retiro de la institución el 4 de marzo de 2011 y le ocasionó una investigación disciplinaria por “permitir la grabación de actos obscenos”.

En el video sus superiores observaron que utilizó la pijama distintiva de las cadetes de la escuela, que seguidamente se desnudó, se tocó “sugestivamente” y se “masturbó” mientras hablaba por celular con el fin de complacer a su pareja. Para la escuela militar se trató de un acto que violó su reglamento. Para Zamora era simple y llanamente un momento privado con el que buscaba satisfacer a su novio. La Corte Constitucional le dio la razón.

La génesis de esta historia se dio el 2 de marzo de 2011. Ese día Zamora le prestó su computador personal a una compañera que se encontraba de centinela en el alojamiento femenino de la escuela militar. A su vez, esta cadete le entregó el computador a otra estudiante, que revisó las fotos del equipo y encontró el video íntimo. Lo vieron ella y varias cadetes más. Muy pronto empezó el infierno de Zamora. En cuestión de minutos, el video fue revisado por una de las tenientes de la institución y de inmediato el asunto llegó a oídos de los altos mandos. La llamaron a rendir cuentas y Zamora explicó que el video lo había grabado ella misma con el fin de enviárselo por internet a su pareja, que se encontraba fuera de Bogotá.

Tras el reporte realizado por la teniente Rojas Vargas con destino al coronel Zabala, ese 2 de marzo comenzó la investigación disciplinaria en contra de la cadete y se ordenó tomar las declaraciones de todos los implicados en el hallazgo de la grabación reservada. Mediante un acta se puso a disposición de las autoridades de la escuela el computador personal de Zamora. Acosada y avergonzada por este episodio, la cadete escribió a mano una carta con destino al director de la institución en la que le dijo que ya no se sentía a gusto con la carrera, que quería realizar estudios universitarios en otro ámbito y que por tales razones solicitaba su retiro. Al día siguiente los investigadores inspeccionaron el computador de Zamora y las cadetes que conocieron el video rindieron sus declaraciones.

El 3 de marzo de 2011, después de una entrevista con la psicóloga de la escuela militar y de sortear unos trámites de paz y salvo, Zamora quedó lista para irse. El 4 de marzo, a través de la resolución 044, se ordenó la pérdida de su calidad de estudiante. Veintiún días después Zamora pidió la nulidad de su proceso disciplinario, aduciendo que no se le permitió recurrir a un abogado, pues sus superiores le dijeron que para evitar que este caso trascendiera era mejor que tramitara un retiro voluntario de urgencia. Le advirtieron que irse sería menos bochornoso. La respuesta de la escuela militar fue que no procedía esa nulidad porque Zamora, supuestamente, había renunciado al derecho de tener un defensor y había firmado un acta en la que constaba esa situación.

Al final de cuentas, el 25 de abril de ese año, se declaró disciplinariamente responsable a la cadete de haber incurrido en una falta gravísima contra el reglamento estudiantil de la academia militar José María Córdova. Ni más ni menos aquella que prohíbe la grabación “de escenas de pornografía, prácticas sexuales, actos obscenos o poses vulgares donde se utilice el uniforme o donde aparezcan las instalaciones de cualquier unidad militar o símbolos de la institución”. Zamora acudió a la tutela y sostuvo que la sacaron a escobazos, pues fue presionada para solicitar el retiro y porque, en todo caso, el video hacía parte de su vida íntima. Para la cadete fue un chantaje que le dijeran que era más conveniente que se fuera sin chistar a que su video fuera conocido por el resto de la comunidad estudiantil.

Por eso, asustada e insegura, decidió aceptar en principio que su única salida era el retiro. Una posición que cambió días después, cuando se convenció de que nunca hizo nada indebido contra la escuela, que el video jamás pretendió deshonrar a la institución y que el único destinatario del mismo era su novio. La cadete Zamora perdió la tutela, hasta que el caso llegó a la Corte, que le pidió todo el expediente disciplinario a la escuela José María Córdova. En noviembre de 2011, el general Jaime Alfonso Lasprilla, hoy comandante del Ejército, le hizo llegar al alto tribunal los documentos del caso Zamora en su calidad de director de la institución. Zamora lo dijo de todas las formas posibles: no la podían echar por un video íntimo.

La Corte se preguntó si el hecho de pertenecer a una institución militar que pregona un modelo de virtud implica renunciar al derecho a la intimidad sexual. Y su respuesta fue categórica: por supuesto que no. Según el alto tribunal, si bien el reglamento de la Escuela de Cadetes dispone un modelo sobre lo que significan el honor, la disciplina y el virtuosismo ciudadano, la institución “no dispone que los estudiantes renuncien a su proyecto de vida íntima (…) ni tiene por propósito el celibato ni la canalización de la sexualidad”. La Corte estableció que a Zamora se le violaron sus derechos fundamentales, pues no se respetó su derecho a la intimidad y al debido proceso, y porque un video para complacer a su pareja no constituye un deshonor a la escuela militar.

“No ve la Sala cómo los videos de contenido sexual en que aparece la demandante afectaron o mancillaron el honor y el orgullo institucional”, se lee en el fallo conocido por El Espectador. Según la Corte, un evento propio de una pareja en su proyecto de vida sexual no puede convertirse sin más ni más en un objeto de reproche ni mucho menos en una acusación de que ese tipo de videos íntimos pretendía ridiculizar el honor militar. Al contrario, para la Corte se trata de un asunto natural y por eso entendió que hubo una carga moral que obligó a la cadete Zamora a renunciar presionada, lo que constituye una grosera violación de su debido proceso. Después de una larga disertación sobre los derechos sexuales de los ciudadanos, el alto tribunal le dio 48 horas a la Escuela José María Córdova para que reintegre, si ella todavía lo estima conveniente, a la cadete Zamora. El ponente del expediente fue Alberto Rojas, quien salió de la Corte el año pasado.

Honor militar vs. derecho a la intimidad sexual

Para la Corte Constitucional, es claro que la Escuela de Cadetes José María Córdova puede “prohibir que sus uniformes, insignias e instalaciones se exhiban en videos de contenido sexual”, teniendo en cuenta que esa norma busca resguardar el honor institucional. El alto tribunal explicó, además, que el reglamento no pretende intervenir o controlar el proyecto de vida íntima de los estudiantes. Por eso, dejó constancia de que, en el caso de la cadete Zamora*, lo que es censurable es que las directivas de la Escuela no hayan interpretado “la norma con el rigor que ameritaba”. Para la Corte, la grabación de la cadete no afectó el honor y el ideal de virtud de los militares, toda vez que no fue exhibida a terceros. Por eso, determinó que lo que sí se vulneró fue el derecho a la intimidad sexual de Zamora, quien tenía por único objetivo complacer a su pareja. Para la Corte, “la falta de apreciación de lo anterior produjo que un evento propio del proyecto de vida íntima de una persona se tratara jurídicamente”.

elespectador.com