Diego Carreño, Nicolás Rodríguez y Diego Quiroga.
Diego Carreño, Nicolás Rodríguez y Diego Quiroga.

www.fuerzasmilitares.org (03MAY2015).- A muchos jóvenes en Colombia les enorgullece prestar el servicio militar, mientras que otros no tienen más opción, y para algunos con otras posibilidades, pensar siquiera en la libreta militar, los aterroriza ¿La razón? O el recibo de liquidación les salió muy costoso, les fue impuesta una multa que no pueden pagar, o porque no están de acuerdo con participar de ninguna forma en el conflicto armado.

Muchas historias se tejen alrededor de este tema. Según pudimos constatar en varias entrevistas, a un buen número de jóvenes bogotanos este documento les parece una barrera y no una forma de ayudar al país.

En los pueblos y en las grandes ciudades, de acuerdo al relato los consultados, este miedo es latente. CÍVICO quiso ahondar en el tema con tres bogotanos que le dijeron no a la libreta militar y decidieron declararse ‘objetores de conciencia’ ante la ley.

Nicolás Rodríguez, psicólogo

“La razón por la cual me declaré objetor de conciencia es porque yo veo dentro de la institución militar el modelo del patriarcado (…) esta cultura sexista, autoritaria, jerárquica que nos tocó vivir tanto a hombres y mujeres, que nos hace un daño terrible”, explicó.

Para este psicólogo, “tener tan homenajeado y en las nubes a una institución que lo que hace es reforzar el machismo,las jerarquías y el autoritarismo, es sumamente negativo”.

“Eso está en contra completamente con mis apuestas de vida , que son las libertarias y horizontales”, concluyó.

Este ciudadano se declaró objetor de conciencia a pesar de que ya resolvió su situación militar. Su propósito es renunciar al estatus de reservista en caso de que el país entre en guerra, ya que considera que puede “aportar más a Colombia sin tener que coger un fusil”.

Diego Quiroga, estudiante de sociología y artista del grafiti

“Me opongo a la libreta porque es una manifestación de la lógicas militaristas que han impregnado a la sociedad colombiana. Me parece que es un documento de control social que pretende limitar los derechos fundamentales, para que la vida de los jóvenes esté condicionada por una contribución económica a la guerra”, argumentó.

Quiroga no tiene la libreta militar y tampoco es su intención obtenerla, ya que eso va en contra de sus principios y “la manera de entender la realidad”.

 El filósofo que le ganó la batalla a la libreta militar

Diego Carreño es considerado el primer objetor de conciencia en Colombia que se pudo graduar sin libreta militar. En 2015, a sus 31 años, por fin pudo celebrar que terminó su carrera de filosofía en la Universidad Libre, a la cual ingresó en el 2002.

Una de las razones por las que este joven se niega a considerar la opción de tener la libreta militar es porque este documento es una “restricción a los derechos fundamentales, como el trabajo”.

“Actualmente, según cifras entregadas por el mismo ejército, hay más de 800.000 remisos en el país (…). Son casi un millón de colombianos que tienen este problema, y si además sumamos a las personas que dependen de ellos, vemos que hay familias enteras que se ven afectadas por esto”, dijo.

 El momento clave para todos los estudiantes sin libreta militar

 A pesar de que Carreño cumplió sus compromisos académicos en 2010, le fue negado el grado ya que las universidades estaban obligadas hasta diciembre de 2014 a pedir la libreta militar como uno de los requisitos para permitir que sus estudiantes obtuvieran el diploma.

Gracias al proyecto de ley, impulsado por la representante a la Cámara por la Alianza Verde, Angélica lozano, se eliminó este requisito y muchos colombianos pudieron celebrar sus grados aplazados por meses y años.

El artículo 2 de la ley 1738 de 2014 declara que “ninguna institución de educación superior podrá exigir como requisito para obtener el título de pregrado presentar la libreta militar”.

La larga lucha por defender sus principios

En 1999, cuando aún era menor de edad, Carreño se vinculó al programa de formación para “hacedores de paz” de la iglesia menonita de Colombia, en donde conoció más acerca de “la objeción de conciencia, la no violencia, la resolución de conflictos”, entre otros temas que le hicieron reflexionar.

Carreño se declaró objetor de conciencia en 2003 ,en un acto público celebrado en la Plaza de Bolívar. A pesar de que tuvo la oportunidad de obtener la libreta militar si reunía unos documentos y pagaba la compensación, se negó porque sus principios antimilitaristas basados en la postura política de la no violencia se lo impedían.

“No tenía sentido que yo dijera: ‘no voy al servicio militar obligatorio, pero sí aporto económicamente’ y además quedo como reservista del ejército”, agregó.

Luego de una larga batalla en los juzgados para que el ejército y la universidad le reconocieran su condición de objetor de conciencia, la respuesta fue: “usted tiene que sacar la libreta militar y punto”.

A pesar de la postura del Ejército, Carreño se mantuvo firme con su propósito. Por momentos, sintió que su proyecto de vida “se estaba aplazando” pues no se había podido graduar y tampoco podía trabajar, ya que algunas empresas privadas piden este documento como requisito a pesar de que solo las entidades públicas están obligadas a hacerlo.

Sin embargo, pudo sobreponerse gracias al apoyo de su familia y de otros objetores de conciencia que lo motivaron a seguir.

“La libertad no es hacer lo que a uno se le de la gana, sino ser consecuente con las decisiones que uno toma. Yo sabía la decisión que había elegido, tenía claro que debíamos pararnos en la raya frente a una situación que es injusta”, agregó.

Este filósofo tenía claro que esta no era una lucha personal, ya que si lo lograba ganarla “muchos jóvenes en Colombia se iban a ver beneficiados”.

“No nos digamos mentiras, muchos jóvenes humildes que terminan reclutados en el ejército lo hacen porque no les quedó otra posibilidad, o los reclutaron a las malas, o sencillamente no tenían oportunidades de estudio o de empleo”.

civico.com