La general Clara Esperanza Galvis es una de las coroneles ascendidas el pasado sábado en la Escuela Militar de Cadetes.
La general Clara Esperanza Galvis es una de las coroneles ascendidas el pasado sábado en la Escuela Militar de Cadetes.

www.fuerzasmilitares.org (16AGO2015).- Por primera vez, una médica pediatra se convierte en general de la República. Se trata de la barranquillera Clara Esperanza Galvis Díaz, quien además es la segunda mujer que recibe este grado en la historia del Ejército.

La actual directora (e) del Hospital Militar hace parte del grupo de coroneles que ascendieron el pasado sábado a Brigadier General, en el Campo de Paradas de la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova, en Bogotá. La general Galvis se graduó como oficial hace 27 años y durante su carrera ha recibido trece medallas y dos condecoraciones por diferentes méritos, tanto científicos como militares.

Es hija del coronel Alirio Alberto Galvis Blanco, ya fallecido, la persona que le contagió su amor por la milicia. Durante casi tres décadas ha visto morir a varios de sus compañeros. Y no puede olvidar el caso de uno de ellos, a quien intentó salvarle la vida tras una emboscada de las Farc en Córdoba.

¿Qué significa para una médica llegar al grado de general?

Una excelente oportunidad, nuevos retos. Sobre todo por la proyección de la mujer en la carrera militar. Es una puerta que se abre a los oficiales del cuerpo administrativo. Mi ascenso es un camino que da espacio para quienes, como yo, quieren seguir entregando sus conocimientos por los demás, quienes con su trabajo, dedicación y amor por Colombia aspiran a estar siempre trabajando por una buena causa, por el servicio a los demás.

¿Cuál es el aporte de su formación en medicina para la milicia?

Estoy convencida de que es una profesión integral, que permite trabajar con la gente, ayudarla, enseñar e investigar. Ambas cosas pueden ir muy de la mano. Se complementan. En las dos debe existir la vocación de servicio.

¿Cuál ha sido el momento más difícil de su carrera militar?

He tenido momentos muy difíciles, he sido testigo de la muerte de oficiales, suboficiales y soldados. Pero también como pediatra neonatóloga he tenido muchas experiencias exitosas. Una de ellas, la de ser presidenta de la Asociación Colombiana de Neonatología, cargo que ocupo desde hace cuatro años. Desde allí he trabajado de la mano del Ministerio de Salud, con quienes hemos hecho un trabajo importante de reducir la mortalidad y la morbilidad de los recién nacidos, hijos de los miembros de las Fuerzas Militares y del resto de los colombianos.

¿Ha estado en zona de combate?

Sí, claro. Los dos primeros años estuve en Córdoba y luego, en el Caquetá. En esta parte del país permanecí dos años, apoyaba a las brigadas de salud que el Ejército hace. Además, allí fui la comandante de un curso de 50 suboficiales administrativas.

¿Cómo vivió sus días en esas zonas?

En Montería, que fue mi primera unidad militar, se vieron combates muy seguidos. En 1989, estando en ese departamento se presentó una emboscada en la que murió un compañero, el comandante del Batallón Junín. Ocurrió en un sitio por donde con frecuencia pasaba a atender a los soldados heridos.

eltiempo.com