Coronel Raúl Hernando Flórez.
Coronel Raúl Hernando Flórez.

www.fuerzasmilitares.org (07SEP2015).- En Colombia, alrededor de los militares se han desarrollado identidades o ideas muy fuertes. Como protagonistas del conflicto armado, algunos les llaman héroes, otros les ven, simplemente, como los guerreros de la institucionalidad; hay a quienes les producen desconfianza, u otros en quienes infunden temor.

Son las cosas de la guerra y cada quien se construye una visión en medio de la balacera.

En este momento, en el que el país está dialogando cómo acabar la guerra de la mejor manera, vale la pena preguntarse cómo se imaginan los uniformados su institución en el futuro. En últimas, ¿cómo se están educando los militares para la paz?

Las metodologías que podrían usarse al preparar a la ciudadanía para un posible posconflicto podrían ser muy diferentes. Hay un consenso alrededor de que la memoria, los derechos humanos, la resolución de conflictos y mil cosas más deben aprenderse en la casa, en los colegios, en las universidades, en la calle o en los medios. En el caso de los militares, parte de esa formación corre por cuenta del Centro de Educación Militar (CEMIL).

El CEMIL es el tercero de cuatro niveles dentro de la educación militar del Ejército. El objetivo de este centro, en palabras del coronel Raúl Hernando Flórez, su director, es capacitar de manera integral a los líderes de pequeñas unidades, para que estos, a su vez, transmitan lo aprendido a militares con menos experiencia.

La formación que se da a los militares, que asisten a los cursos del CEMIL durante semanas o meses, tiene seis ejes: el físico, el psicológico, el táctico, el técnico, el logístico y el humanístico. La educación que reciben los militares en temas que van desde la historia de Colombia hasta los Derechos Humanos, dice el Coronel Flórez, se imparte en el eje humanístico.

Uno de los puntos esenciales para preparar a un militar para entender la paz puede ser el conocimiento de la historia. Lo que ha pasado en el país, sobre todo en los últimos cincuenta años, se puede abordar desde diversas perspectivas, y los militares, por ser y haber hecho parte de la guerra, pueden tener una visión sesgada de lo ocurrido. Por eso, hay quienes ya piensan en una educación integral que debería incluir, de entrada, la enseñanza de diferentes puntos de vista sobre la historia del conflicto.

Sobre ese tema, el Coronel Flórez dice que en el CEMIL “no se concibe un militar que no sea un apasionado por la historia”. Y también acepta, en palabras que se notan bien pensadas, algo que es esencial y que debería trascender su discurso: en este momento histórico, el Ejército se debe esforzar para reconstruir la memoria de la guerra, no para reivindicar su pasado sino para construir una visión más amplia, con matices, que sirva para las futuras generaciones.

A la hora de construir un relato complejo, como propone Flórez, puede que haga falta rediseñar el discurso de “héroes”, en oposición a “villanos”. Desde el CEMIL, al menos teóricamente, hay un avance en este sentido: se entiende que el aporte de los militares a la historia es a partir de lo que les consta, de lo que vivieron, y eso incluye tanto lo que han padecido como las veces que se han extralimitado, que deben entrar a ser juzgadas por las autoridades competentes.

Flórez también deja claro que dar por sentado que se acabó el conflicto armado sería un error para el Centro de Educación. Explica que actualmente el Ejército se prepara simultáneamente para tres escenarios: el primero se trata de garantizar el fin del conflicto derrotando al enemigo en combate; el segundo se cuestiona sobre un posible posconflicto y la responsabilidad de garantizar la seguridad de quienes se desmovilicen y reintegren; y el tercer nivel reflexiona sobre lo que debería ser el Ejército para el año 2030.

Pensar simultáneamente en el primer y el segundo nivel es una maraña de mensajes cruzados, por no decir contradictorios. En términos prácticos, significa pensar en defender la vida de quienes enfrentan en combate y, al mismo tiempo, la mejor manera de derrotarles mediante las armas. Aunque es posible y alentador que lo consideren, algunas voces apuntan a que esa tarea requeriría un esfuerzo pedagógico más grande que el que se está haciendo.

Natalia Mahecha, profesora de la Cátedra ¡Basta ya!, donde se reflexiona sobre el conflicto a partir de ese informe de Memoria Histórica, piensa que a los militares les hace falta un acompañamiento psicosocial más fuerte. Y cree que una de las estrategias que podría funcionar para sensibilizarlos frente a la guerra es abordar el tema desde las similitudes que puede haber entre un soldado y un guerrillero, que por contexto terminaron enfrentándose, pero en el fondo puede que no sean tan diferentes.

Por ahora, hay avances importantes. Los cursos de Derechos Humanos, las reflexiones sobre la historia desde una perspectiva amplia y la sola intención de pensar en el posconflicto son pasos grandes. De momento, mientras sigan grupos ilegales en armas, el coronel Flórez y sus maestros dicen que tienen un solo camino: “capacitar a los hombres para derrotar la amenaza vigente dentro del campo de combate, porque ese es un mandato constitucional, y seguir así hasta el día que se nos ordene lo contrario”.

pacifista.co