El coronel Jaír Arias Sánchez y el teniente coronel (r) William Roberto del Valle, al igual que otros nueve militares, tendrán que responder por el homicidio de dos civiles. Imagen de archivo
El coronel Jaír Arias Sánchez y el teniente coronel (r) William Roberto del Valle, al igual que otros nueve militares, tendrán que responder por el homicidio de dos civiles. Imagen de archivo

www.fuerzasmilitares.org (23SEP2015).- Un nuevo capítulo en la historia de los 'falsos positivos' se escribió este martes. Un fiscal de Derechos Humanos decidió enviar a prisión a once militares, entre ellos dos coroneles investigados por la muerte de dos civiles que fueron presentados como guerrilleros muertos en combate.

Se trata del coronel Jaír Arias Sánchez, quien se desempeñaba como comandante de la Quinta Zona de Reclutamiento en Bucaramanga; el teniente coronel (r) William Roberto del Valle, un mayor, un capitán, un sargento segundo, y tres soldados profesionales -uno de ellos retirado-.

Pero ¿Qué fue lo que hicieron estos militares para que la Fiscalía los enviara a prisión? De acuerdo con la investigación, el 29 de septiembre del 2004, tropas del Batallón de Contraguerrillas No. 4, adscrito a la Cuarta Brigada del Ejército, fueron sorprendidas por guerrilleros de las FARC en la vereda San Gregorio, en Nariño (Antioquia), con un resultado que arrojó dos guerrilleros abatidos, así como la incautación de material de guerra e intendencia.

Las personas que los uniformados reportaron como muertos en combate habían sido declaradas desaparecidas por parte de sus familiares en el municipio de La Ceja (Antioquia). Fueron identificadas como Julio César Molina Ríos y Diego León Montoya López.

Pero los investigadores tuvieron en cuenta otro elemento; se trata de una conversación de dos miembros del Ejército, ambos detenidos en diferentes centros de reclusión sindicados por esos hechos.

El soldado profesional José Torres, preso desde hace cinco años cuando fue capturado por la Fiscalía, le cuenta a su antiguo compañero que está en proceso de negociar su condena. “A mí ya me condenaron, pero si necesita mi declaración, yo me invento alguna mierda”, le dice a Torres a su amigo al otro lado de la línea.

"En los procesos que usted sabe que estamos metidos no nos vaya a nombrar, estamos hablando de mí, los soldados y los comandantes. El lío es que acá vino el fiscal 66 y nos mostró su declaración y usted echó al agua a todo el hijueputa mundo. Viejo Torres, toda esta situación es una maricada.

Nosotros le damos puñal a usted y usted nos da puñal a nosotros. Una guerra que tenemos toda marica. Quédese callado, nosotros no lo vamos a nombrar en nada. Si a usted lo llaman, diga: yo no sé nada, lo mismo que en algún momento hacía el teniente Moreno. Pero sobre todo no nombre a coroneles, no nombre a nadie. Toca que el mayor Hernández dé la misma declaración. Él la sacó barata porque nosotros le ayudamos”, le dice con voz angustiada el suboficial al soldado Torres.

La llamada se extiende durante muchos minutos a lo largo de los cuales los dos militares se recriminan mutuamente. El hombre que llama a Torres insiste en persuadirlo de que no delate a sus antiguos compañeros con los que cometió los falsos positivos.

Este avance de la Fiscalía revive la época del pago de recompensas por la presentación de civiles como muertos en supuestos combates durante el desarrollo de aparentes operaciones militares y que se convirtieron en los mal llamados falsos positivos. Hechos que dejan en lo más bajo la imagen de quienes son llamados a defender a la Nación.

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