La sargento Esperanza Valdés fue elegida como la mujer militar destacada del año.
La sargento Esperanza Valdés fue elegida como la mujer militar destacada del año.

www.fuerzasmilitares.org (15DIC2015).- Durante la ceremonia de La Noche de los Héroes, evento del Ejército en que se hace un reconocimiento a los uniformados del país, la sargento Esperanza Valdés fue elegida como la mujer militar destacada del año por ser la única mujer que dentro de las Fuerzas Militares tiene el conocimiento y la preparación para reparar los equipos de comunicación de las tropas (radios, GPS).

Su ingreso al Ejército no fue fortuito. Su padre, Luis Darío Valdés, también hizo parte de la institución, alcanzó el grado de sargento segundo y fue siempre primero en los cursos que hizo. Así lo constató ella cuando en la base de Tolemaida vio una placa que decía que el cabo primero Valdés Luis Darío era el mejor de su clase.

“Ese día pensé que superarlo iba a ser muy difícil. Me puso un techo muy alto”, dice esta mujer que ingresó al Ejército cuando apenas tenía 18 años y desde entonces demostró su pasión por los equipos electrónicos.

Al finalizar su primer curso fue trasladada a Monteria, luego a Florencia y posteriormente a Cali. Allí hizo parte del bloque de búsqueda que le seguía la pista al cartel de esa ciudad encabezado por los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela.

Familia de militares

La sargento Valdés no recuerda quién le puso ‘MacGyver’. Solo sabe que fue durante el segundo curso de suboficiales femeninas del Ejército. “Era la que arreglaba el sonido de la Escuela”, anota una de sus compañeras. “Si a alguna se le dañaba el candado del casillero, la llamábamos para que lo abriera”, dice otra.

“Nunca se vara por nada”, asegura su esposo, César Sandoval, quien es mayor del Ejército y reconoce que la sargento es tan recursiva como ingeniosa. “Ella es la de los arreglos en la casa”, cuenta entre risas el militar.

Llevan casados 14 años y tienen tres hijos. Actualmente residen en Florencia, Caquetá, pues ambos hacen parte de la Sexta División del Ejército.

Curiosamente, él es quien debe impartirle órdenes a ella. Al mayor Sandoval le llegan los requerimientos de diferentes unidades cuyos radios presentan algunas fallas y es cuando la sargento entra en acción.

“Hace poco estuve en Larandia. Llegaban los soldados con algún daño en los radios y se sorprendían al verme cómo los reparaba. No esperaban que una mujer hiciera esa labor”.

Para la sargento Valdés su trabajo requiere paciencia, porque una pieza mal puesta es la diferencia entre el buen y el mal funcionamiento de un equipo.

También es una labor de corazón, porque un radio, un GPS o cualquier otro dispositivo de comunicación militar es una de las herramientas más valiosas con las que cuenta una unidad que está en un terreno lejos de la civilización. Es la diferencia entre la vida y la muerte.

La tenacidad

“A la brava quería ser militar. Cuando presentó los papeles en el distrito militar para ingresar y la rechazaron, lloró mucho. Fue entonces que hablé con un general amigo y él nos ayudó para que pudiera entrar”.

Así recuerda su padre el día en que ella empezó a labrarse el camino dentro del Ejército. También evoca que el primer día que la vio vestida de militar era la última de la fila.

“Es que ella es bajita”, sostiene el sargento retirado Valdés. “Pero esta pequeña resultó gigante”, agrega ella y, como si se pusieran de acuerdo, sueltan una carcajada.

En su escritorio, en la Sexta División, no pueden faltar los destornilladores, químicos para la limpieza, tornillos ordenados por tamaño, brochas, bisturí y un equipo desarmado. Siempre hay algo que está reparando.

Es difícil calcular cuántas vidas se han salvado gracias a los radios que ha reparado. No se detiene a pensar en ello, porque poco le interesa figurar. De hecho, no sabía de la postulación para la categoría ‘Mujer militar destacada’.

“Me tomó por sorpresa. Y más aún cuando me dijeron que era la ganadora de entre todas las mujeres del Ejército que a diario hacen grandes cosas con tenacidad y empeño”.

Su paso por Florencia está por concluir. Su próximo destino aún es incierto. Se definirá a comienzos del 2016. Sin importar el departamento al que sea enviada, las herramientas de la ‘MacGyver’ del Ejército estarán listas para arreglar cuanto radio sea necesario. “Porque está es una labor de corazón”.

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