Misa de Gala ESMIC
El capellan de la Escuela Militar de Cadetes preside la misa de gala.

www.fuerzasmilitares.org (26SEP2016).- El General Alberto José Mejía Ferrero, Comandante del Ejército Nacional, asistió a la Misa de Gala que se realizó en la Escuela Militar de Cadetes “General José María Córdova”, recordó a los cadetes  el significado de su misión frente a los postulados que enmarcan el lema del Ejército “Patria. Honor. Lealtad” y resaltó los valores y principios que un hombre íntegro debe llevar consigo al ser parte de la Institución que salvaguarda la seguridad y defensa de Colombia.

Las tradiciones militares están enmarcadas por la ética, la espiritualidad y la filosofía de la vocación; razón por la que se rindió un homenaje al Teniente Diego Alejandro Barrero Guinand hijo del Teniente Coronel (Rva) Fernando Barrero Chaves, quien murió en combate precisamente defendiendo su patria.

El padre Jairo Alonso Niño, Capellán, hizo la homilía con base en el evangelio según San Lucas. La diferencia entre un hombre rico y pobre de corazón. Inició con un interrogante que para la humanidad siempre será una incógnita ¿por qué a los buenos les pasan cosas malas?; al final al que se le rinde cuentas es a Dios. “Somos pasajeros en este mundo. Tenemos que construir en esta vida con trabajo y honradez. Cumplir la misión que Dios encomendó”, expresó.

Los soldados de la patria dejan sus familias y optan por abandonar su zona de confort. Los momentos de dolor recuerdan al ser humano el propósito de la existencia, solo así se tendrá mejor visión a lo que se debe hacer. El Capellán de la Escuela Militar de Cadetes  manifestó a los asistentes que estamos para ser  felices y para servir; nuestros uniformados lo cumplen con más ahínco dado que estos dos propósitos van orientados tanto para la patria como para el Ejército.

Pedagogía espiritual y honra a seres excepcionales

El comandante del Ejército expuso el significado de la Misa de Gala. “Orgullo significa ser solado. La Misa de Gala es una ocasión especial en la vida del cadete. Honrar a un ser extraordinario. Es una ceremonia de honores a Dios y es la única ocasión en que el asta de la bandera se inclina ante Dios. La Escuela Militar ha producido líderes que nos han permitido proyectar institución por años. Líderes que han influido en las decisiones de la nación. Hombres callados sencillos que honran la patria”.  

ESMIC Misa de Gala
El señor General Comandante del Ejército Nacional presente en esta misa de gala.

Al referirse al Teniente Barrero Guinand expresó que fue modelo de hijo ejemplar y cumplido caballero, código de honor al cadete. Resaltó que fue primero en todo lo que lo convirtió en un hombre superior porque marcó el camino de la victoria militar. Reiteró que la ética estructuró el profesionalismo del Teniente Barrero cuyos valores fueron extremos e íntegros que con coraje se convirtió en digno representante de José María Córdova. 

El General Mejía Ferrero pidió a Dios protección para la Escuela Militar de Cadetes; fuerza para enfrentar los momento difíciles para no fallarle al pueblo Colombiano. Reiteró a todos los cadetes de la Esmic que nuestra misión es hacer crecer y fortalecer los deberes y obligaciones con los postulados de nuestro Ejército “Patria. Honor. Lealtad” con el objetivo único de que los 240.000 hombres y mujeres que integran el Ejercito de Colombia lleven a la victoria nuestra amada patria.

De  padre a  hijo…

Mi Teniente Diego Alejandro Barrero Guinand 

Por Fernando Barrero Chaves 

Pocos hombres llegan a las filas del Ejercito con una vocación tan aguerrida a tal punto de conseguir todos los honores y el respeto por sus propios méritos como lo hizo mi hijo, el teniente Diego Alejandro Barrero Guinand. A pesar de su corta edad, supo enfrentar con madurez los rigores de la vida militar. Sin muestras de arrepentimiento, renunció a una vida de comodidades para enfrentarse a una realidad que ni él mismo esperaba.

En casi cuatro años de formación militar, Diego Alejandro dejó una huella entre sus superiores, compañeros y subalternos que difícilmente se podrá borrar. La sencillez, la humildad y el buen humor  que lo caracterizaban borraban de su juvenil rostro las facciones propias de un militar. El respeto lo ganó por sus habilidades y la calidez humana. 

Nunca se impuso ante sus soldados y fue un comandante único que siempre se destacó por el buen ejemplo. Era lugar común oírle cómo les preparaba sus alimentos o cómo los peluqueaba y de qué manera defendía ante los servicios médicos y odontológicos una pronta atención para ellos.

Su mayor preocupación siempre fueron ellos, “mis soldados” como los llamaba, a quienes como capitalino que era, hizo aprender el himno de Bogotá. Pero, además, en el área de combate siempre fue puntero para dar ejemplo  y motivar a su tropa en la avanzada. Creía en lo que estaba haciendo aunque contradijera la doctrina. (el comandante siempre debe ir en la mitad de las dos primeras escuadras). “ La paz del país” -- decía --  “se logrará con los soldados de Colombia”. !Y a fé que se está logrando!

Su mejor amigo, su “lanza”, me confirmó lo que Diego Alejandro decía muchas veces, no se si con rabia o indignación: En el Ejército hay algunos oficiales que se ponen su uniforme y sus presillas y así cualquiera es oficial; ahí no hay vocación. Hay otros que son militares porque son súper aficionados, pero “hay pocos que somos soldados, sin importar lo que tengamos en los hombros”  y mi Teniente Barrero Guinand  era uno de esos. 

Nunca le pude ver con su uniforme en el que tenia derecho a portar cinco distintivos y once condecoraciones; para él, esos riles eran lo de menos. Lo de mas era que se sentía soldado y creía en lo que hacía y quería su trabajo. Para él era primordial que sus hombres creyeran en lo que estaban haciendo. Tal vez por esa convicción siempre iba adelante. El quería tener una unidad aguerrida y brava  en el combate.  

Misa de gala en la ESMIC
Cadetes de la Escuela Militar atentos a las palabras profundas y conmovedoras del capellán, del señor Comandante del Ejército Nacional, y del padre del Teniente Barrero Ginand, a quien se rindió merecido homenaje.

“Un oficial no debe ir adelante pero los que somos soldados lo hacemos” repetía una y otra vez. Y añadía: “Eso nace con uno y acompañarlos es hacer que no se sientan solos”. ¡Ese era mi Teniente  Barrero Guinand! 

Diego Alejandro no solamente fue el orgullo de mi hogar, sino que también lo fue para sus compañeros y lo fue para el Ejercito. Uno de sus mejores amigos me dijo alguna vez: ¿Quién no quería ser como mi teniente Barrero Guinand? El era un militar integro,  no sufría de envidias y poseía una inteligencia que nunca nadie en su curso llegó a superar, pero sobre todo era un extraordinario ser humano. 

Quería ser General de la República y ya había previsto que debería ascender en el año 2033; en lo inmediato, se fue con el sueño frustrado de no haber podido hacer un curso de paracaidismo y pertenecer a las Fuerzas Especiales. Hoy, a cumplirse 12 años de su sacrificio supremo, sería mayor con menos de un año de antiguedad. 

En medio del terrible dolor de su partida sin regreso, que afectó de manera irreversible a toda la familia, queda el consuelo de saber que existe un hijo que es paradigma para su profesión, para sus compañeros, para su Ejército y para el país y que los homenajes y condecoraciones que recibió y que seguramente seguirá recibiendo, se quedan cortos frente a la magnitud de su sacrificio. El tamaño del dolor de la familia es del mismo tamaño de su heroísmo.

Siempre me acechará una duda en relación a  lo sucedido con Diego Alejandro y de las responsabilidades en una desgracia que nunca debió suceder. Desde niño manifestó su admiración por la vocación militar y nos queda la satisfacción de que le facilitamos todo cuanto fue posible para que su sueño fuera realidad. Así como me juró que todo en su carrera quería ganarlo por sus propios méritos, me pregunto, con todo respeto, ¿que criterio siguieron los mandos para enviar a un primer puesto de la Escuela Militar, (cuya promoción del año 2004 lleva orgullosamente su nombre), y asignarle la responsabilidad de llevarlo como Comandante y de avanzada a una zona que no conocía? No debía, acaso, estar a su lado, un oficial mas antiguo y que ya hubiese recorrido la región? Igual me pregunto si estaba escrito que ese día, jueves 23 de septiembre de 2004 y esa era la hora, 12.30 del día, era el momento para que mi Diego Alejandro se fuera como quería irse, en el campo de batalla?.

Al Dios de Colombia, a su patria y a su Ejército que tanto amó  les entrego mi sufrimiento y el de mi familia, las dudas y las angustias, el orgullo y el dolor que mortifican mi alma. Nuestras vidas nunca volverán a ser como antes y su imborrable impronta nos acompañará por el resto de nuestros días. Su vida debe ser ejemplo para las nuevas generaciones de oficiales que hoy se forman en el Alma Mater del Ejército, pues como decía Mi Teniente Barrero Guinand, en ellas está el futuro para poder ver una Patria en paz, con justicia social.

Y hoy, cuando estamos por iniciar el post acuerdo, debemos reflexionar sobre cómo la sangre derramada por mi TE y por más de 15 mil compañeros suyos a lo largo de estos 52 años, ha sido el germen para el inicio de una nueva etapa. Fue gracias a nuestros soldados que los subversivos se sentaron a la mesa de diálogo, de eso no se debe caber duda a la presentes ni menos a las futuras generaciones. 

Finalmente, quiero hacer mías las siguientes palabras publicadas por el Comando General de las Fuerzas Militares y exhibidas en la entrada principal del Ministerio de Defensa durante el mes de Noviembre de 2004, cuando se le rindieron honores como Héroe del Mes: “Hoy sus compañeros en armas le rinden un sentido homenaje y lo declaran Héroe por sus grandes condiciones personales y profesionales, dejándonos su ejemplo de soldado íntegro, que con su sangre derramada fortalece la libertad de su amada Colombia. Siempre estará en el vitral de los valientes hijos de esta tierra que lo dieron todo por verla enaltecida de grandeza para herencia de todos sus hermanos”.

¡Honor y Gloria para mi Teniente Diego Alejandro Barrero Guinand!

La Misa de Gala terminó y los cadetes cumplieron con una tradición mística y se llevaron en sus mente y corazón el mensaje de caballeros;  la misión que, como proyecto de vida, decidieron emprender convirtiéndolos en seres únicos y excepcionales de nuestra Colombia.

Fe en la Causa.

 

(Oficina de Prensa - ESMIC)