Estado en que quedó el avión de Satena. Foto de El Espectador
Estado en que quedó el avión de Satena. Foto de El Espectador

www.fuerzamilitares.org (27MAR2015).- Hace exactamente 36 años, un avión de la aerolínea Satena cayó sobre el barrio Marco Fidel Suárez, ubicado al sur de la capital colombiana. El siniestro aéreo fue provocado por un joven suicida, que no era piloto, pero que robó la aeronave supuestamente para matar a sus padres que residían en una casa de un barrio cercano: el San Jorge. Lo recordamos, a propósito de la tragedia del Airbus A320 en los Alpes franceses, la cual se atribuye a una acción suicida del copiloto Andreas Lubitz.

El hecho, que ocurrió el 22 de agosto de 1979, fue protagonizado por Armando Nieto Jaramillo, de 23 años, egresado de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea de Madrid, Cundinamarca, y quien había sido destituido meses atrás de la empresa aérea supuestamente por constantes altercados que tenía con sus compañeros de trabajo.

Eso es al menos lo que reseñaron entonces las crónicas periodísticas, tras la tragedia que dejó tres muertos, dos de ellas en tierra y seis más heridas.

Ese día, a las 5 y 36 minutos de la mañana, Armando Nieto Jaramillo, quien se había desempeñado como mecánico de aviación, aprovechó un descuido de sus compañeros en la aerolínea Satena, ingresó a uno de los hangares del aeropuerto Eldorado y se subió al Avro de matrícula FAC 1101 (Hawker Siddeley HS 748).

Sin que nadie lo advirtiera prendió motores y arranco hacia la pista central. Fue ya cuando se aproximaba a la cabecera para ubicarse en posición para el despegue cuando los controladores del aeropuerto Eldorado se dieron cuenta del hecho y alertaron a los sistemas de seguridad y a los bomberos.

Nadie alcanzo a hacer nada. El sujeto ya avanzaba raudo en la operación del decolaje y pocos segundos después remontó los aires y llegando sobre la Avenida Caracas, viró hacia el sur para dirigirse a su destino, el barrio San Jorge.

De acuerdo con los investigadores, al avión, que aparentemente iba impulsado con una sola turbina, se le acabó el combustible y se precipitó cuatro cuadras antes de su objetivo, en el sector de Marco Fidel Suárez.

Según lo detalló en su momento el diario El Espectador, el avión arrasó con cables de la luz, tejas, paredes, techos, postes, y con la vida de dos personas.

Una de las víctimas mortales fue Óscar Armando Romero Acosta, de 17 años, quien, reseñó el diario capitalino, justo en ese momento tomaba una ducha para ir a sus clases en el Instituto Electrónico de Idiomas. Una hélice terminó con su vida. Simultáneamente, Irene Morato de Ávila, de 65 años, abría la puerta de su casa. El viento que provocó el Avro 1101 de Satena la lanzó al otro costado de la cuadra. Murió casi instantáneamente.

Isabel Bueno, una de las inquilinas de Oliva Pulido, se salvó milagrosamente pues, aunque el avión tumbó el muro de su cuarto, pasó por encima de ella. Luego de algunos días, ella, las más de 14 familias damnificadas por el accidente y los diez heridos, supieron que el piloto de la nave había querido terminar con la vida de sus padres. Sin embargo, fue él quien pereció, porque su aeroplano cayó a cuatro cuadras de la casa de sus padres, que según contaron algunos vecinos, estaba ubicada en la calle 45 sur Nº 14-27. Los motivos de sus odios jamás se supieron.

El “piloto suicida”, según quienes le conocieron y trataron de cerca, padecía de desequilibrios mentales y detestaba a sus padres.

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