Aeronaves de la Fuerza Aérea Colombiana y Ejército Nacional, demostraron que cuando se enciende un Black Hawk no siempre es sinónimo de combate.
Aeronaves de la Fuerza Aérea Colombiana y Ejército Nacional, demostraron que cuando se enciende un Black Hawk no siempre es sinónimo de combate.

www.fuerzasmilitares.org (04FEB2016).- Los pilotos e integrantes de las aeronaves de la Fuerza Aérea Colombiana y Ejército Nacional, demostraron que cuando se enciende un Black Hawk no siempre es sinónimo de combate.

Los encargados de disparar las ametralladoras cambiaron su puntería de artilleros por su visión de halcón, cuya misión era observar los terrenos por los que el helicóptero volaba y así apoyar al encargado de activar el bambi bucket -canasta capaz de transportar y descargar entre 400 y 600 galones de agua en las alturas-.

Durante más de 50 horas la capital ha ardido y conocido la cara de la destrucción. Su cielo transformó su color azul en un gris mortal de tristeza y preocupación por lo que se veía venir: un espacio natural destrozado por las manos del hombre. Aquel que fue capaz de alterar el ambiente, y lograr que los días de sol sean un infierno y los de lluvia un diluvio al estilo Arca de Noé.

La gran estrella que nos brinda luz quedó reducida a un simple punto de luz, los tapabocas comenzaron a ser moda entre los bogotanos y las cenizas decoraron los corredores viales de los barrios del sur oriente.

Fuerza Aérea

Con cuatro helicópteros, dos del Ejército y dos de la Fuerza Aérea los cielos de Bogotá recibieron el amanecer sin rayos de sol, con una densa capa gris y un pueblo desesperado por hallar una solución definitiva al problema.

Sin pensarlo dos veces y con la convicción de contribuir a la ciudad, las aves de guerra encendieron sus hélices, cargaron cada uno su bambi bucket y emprendieron la misión de evitar que las llamas cobraran más árboles y hectáreas de vegetación.

Para que el agua llegara arriba, cinco personas a bordo de cada helicóptero debían trabajar de manera conjunta, sincronizada y firme como un reloj. Dos de ellos encargados de la navegación y estabilidad del helicóptero, otros dos de la visualización del terreno y el quinto integrante poseía el mando del bambi bucket.

El helicóptero recogía el agua del lago del parque Simón Bolívar, para luego volar en dirección a los Cerros Orientales. Mientras esto sucedía, el encargado del mando del bambi debía agregar el retardante con el que el agua se convertía en espuma en cierto porcentaje. Esto, según los expertos, contribuía para que las partículas de esta mezcla se quedaran en las hojas y tallos de la vegetación por un periodo de tiempo prudente, logrando así un mayor control a las llamas. Una vez descargada el agua, el helicóptero regresaba al parque para recargar y repetir el mismo proceso.

No es una labor para cualquiera, ya que requiere compromiso, precisión y pasión, cualidades que poseen los pilotos de nuestra Fuerza Aérea. Aquellos que contribuyeron a traer la esperanza a los bogotanos de poder conservar la bella naturaleza que decora los bordes de esta metrópolis, asediada en ocasiones por urbanistas obsesionados con mega proyectos de vivienda y transporte.

Para reflexionar

Un episodio que logró llevar el tema a discusión pública fue el doble incendio que se generó en los últimos meses de 2015 en Monserrate. Con esta emergencia se evidenció la falta de recursos para contrarrestar este tipo de sucesos ambientales en la ciudad. Por ello, gracias a las diferentes fuerzas ha sido posible reaccionar de forma efectiva, con la aplicación de la tecnología y la fuerza humana.

La Fuerza Aérea y el Ejército lograron 125 descargas, para un total de 53 mil galones de agua y retardante para mermar la emergencia en un 80 por ciento. Más de 550 personas atendieron la emergencia desde tierra, entre los cuales estuvo el Cuerpo de Bomberos, Ejército Nacional, Ponalsar y demás entidades.

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