Personal de las FARC. Imagen de archivo.En su taller de confecciones en una humilde barriada del sur de Bogotá, Álvaro Pérez, quien durante diez años elaboró los uniformes para los guerrilleros de las  Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), sigue cosiendo pero ahora con un nuevo modelo que desea sirva para la paz de Colombia.

"Las manos que confeccionan estos productos antes cargaban un arma. Esto es lo que estas manos hacen por Colombia hoy", dice un aviso a la entrada de la sastrería, ubicada en el primer piso de un anónimo edificio de ladrillos, informó AFP.

"Mi mayor mensaje es que mediante el trabajo se logra la paz también", aseguró en medio del ruido de las máquinas de coser este hombre de 53 años y cabello entrecano que quiere mostrarse como ejemplo de cara al inicio en octubre de un diálogo entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

"El mejor aporte a la paz es trabajar, porque mucha gente ha llegado a la guerrilla por falta de oportunidades, por pobreza económica", explicó Pérez, quien se sumó a esa guerrilla comunista en 1996.

"Me pareció justo, porque veía que la guerrilla le quitaba a los ricos y ayudaba a la gente más pobre", dijo este hombre que se dedicó a confeccionar en los campamentos en medio de la selva las gorras, pantalones y ropa de camuflaje que usualmente visten los rebeldes.

Aunque refirió que nunca luchó, sí recuerda haber estado "en medio de combates, corriendo, escondiéndome, auxiliando a la gente, pero peleando no".

Su primera desilusión ocurrió cuando la guerrilla rechazó pagarle un salario por su trabajo. "Me dijeron: 'No se le está pagando a nadie aquí, aquí la gente está trabajando por una causa'".

Pero más decepcionante fue para él presenciar el ajusticiamiento de campesinos. "Tres tiros en la cabeza y después al río", rememoró al señalar que entonces decidió escapar con su mujer.

Al llegar a Bogotá, le esperaba otra dura realidad, la que enfrentan los desmovilizados. "Lograr la aceptación es muy difícil, porque si saben que uno es reinsertado todos los cierran las puertas en un principio", dijo, además "los bancos no quieren dar un crédito a un reinsertado", lamentó.

Sin embargo, Pérez corrió con suerte y en 2006 logró ingresar a un programa gubernamental para desmovilizados, a través del cual obtuvo un pequeño capital para arrancar su nuevo negocio "Colfepaz", pese a que los vecinos se quejaban de su presencia. "Decían que la guerrilla podía venir y poner una bomba", evocó.

Pero las amenazas no se concretaron y seis años más tarde su sastrería emplea a 40 personas, entre ellas a Luz Marina Zárate, un ingeniero que reclutaba guerrilleros en la ciudad pero que finalmente abandonó las FARC.

De 37 años y pelirroja, Zárate no es tan optimista como Pérez de cara al proceso de paz.

"Es importante darle trabajo a los guerrilleros, pero a muchos les va costar adaptarse, aceptar ser mandado en una empresa", consideró.

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