El presidente Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, y la cúpula de las Fuerzas Armadas de Colombia en pleno, el pasado 7 de agosto. / AFPwww.fuerzasmilitares.org (13AGO2013).- Nicaragua fue el tema entre bastidores durante el Día del Ejército Nacional, el miércoles 7 de agosto, en la celebración de los 194 años de la Batalla de Boyacá. Mientras el presidente Juan Manuel Santos proclamaba una “segunda independencia” para librar a Colombia del lastre de la violencia, los altos mandos de las Fuerzas Militares se enteraban del anuncio hecho en Managua por el comandante del Ejército de ese país, Julio César Avilés, sobre el reforzamiento de sus Fuerzas Armadas para enfrentar “la evolución de las amenazas nacionales” y garantizar la soberanía en la nueva porción de mar Caribe que la Corte de La Haya les concedió en noviembre de 2012 en el archipiélago de San Andrés.

Un alto oficial colombiano le dijo a El Espectador que, no sólo por el anuncio de Avilés, sino por los previsibles efectos de haber perdido 75.000 kilómetros cuadrados de océano, “se revisó el esquema de seguridad nacional en esa zona y, dentro de esos procedimientos rutinarios, se están actualizando las llamadas hipótesis de guerra”. Se refirió a que en las ecuaciones de conflicto de Colombia, Nicaragua puede pasar a ocupar el primer lugar internacional (X2), desplazando a Venezuela a X3, teniendo en cuenta que el conflicto interno con la guerrilla es X1. “No estamos en un escenario de confrontación inminente con ese país centroamericano, pero sí se convierte en una prioridad en lo que llamamos los cajones de arena, que no son más que la preparación de nuestras tropas para lo peor esperando lo mejor”.

Dentro de ese juego disuasivo en el que entraron las relaciones de los dos países, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, advirtió el jueves: “Colombia es muy respetuosa de la soberanía de los demás países que adquieren toda clase de equipos ofensivos, pero que quede claro: que a nadie se le ocurra meterse en el territorio colombiano, que a nadie se le ocurra violar la soberanía colombiana. Muy francamente me parece que ese es el mensaje que cualquiera que esté interesado debe conocer”. A esto se sumó el intercambio

de mensajes entre las cancillerías por la presunta autorización de exploraciones petrolíferas en las aguas en cuestión. El comandante de la Armada Nacional colombiana, almirante Roberto García Márquez, dijo que cada país tiene autonomía para reforzar sus sistemas de defensa y que a su fuerza sólo le compete mantener presencia constante “con actitud pasiva, como ha sido nuestra costumbre”.

Cuando se habla de cajones de arena los comandantes se refieren a los sistemas de entrenamiento que se adelantan a diario en los centros operativos del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada, a partir de lineamientos estudiados en la Escuela Superior de Guerra y los cursos de seguridad nacional. Ya no son cajones físicos que recrean la geografía de “fronteras calientes”, sino aulas digitales equipadas con la última tecnología 3D en las que los altos oficiales entrenan “sobre las olas” para una hipotética guerra con Nicaragua, como lo hicieron antes con Venezuela por el incidente de la corbeta Caldas en 1987 o durante el tensionante mandato de Hugo Chávez, quien admitió que en desarrollo de esos “juegos de guerra” él participó como uno de los paracaidistas que debían invadir Colombia por La Guajira. El coronel propuso quemar simbólicamente en el Puente de Boyacá todos esos planes bélicos, pero lo que ha ocurrido es que tanto Venezuela como Colombia los han sofisticado, y Nicaragua no quiere quedarse atrás.

Managua creó un centro de entrenamiento provisto de clases computarizadas que lleva el nombre del famoso mariscal de la antigua URSS, Gueorgui Zhúkov, y pretende ayudar a los militares nicaragüenses a “dominar el complejo material de guerra”, según informó La Voz de Rusia. Lo confirmó el general Avilés: “Hemos visitado diferentes astilleros donde se fabrican medios navales, incluida la Federación de Rusia, para conocer el tipo de medios que necesitamos”. Cuatro navíos de US$45 millones, con cañones de 76 milímetros y cañones con misiles teledirigidos serían las primeras adquisiciones. Avilés fue contundente y sus palabras llegaron a las salas de comando en Bogotá: “Hay una necesidad real de adquirir material bélico para custodiar esos nuevos y reivindicados mares. Se requiere de nuevos medios navales para asegurar la soberanía de Nicaragua en estas aguas”. Eso implica la consolidación de una Academia Naval de formación de tripulaciones para embarcaciones de gran calado con fuerza aerotransportada.

El ministro de Relaciones Exteriores de ese país, Samuel Santos, dijo esta semana que esos anuncios son legítimos, porque “el gobierno de Nicaragua ve que Colombia continúa en su histórica actitud de tratar de impedir el ejercicio de la soberanía en los espacios marinos nicaragüenses en el mar Caribe, constituyendo ello un claro desacato a la sentencia de la Corte Internacional de Justicia”.

En el Ministerio de Defensa de Colombia las salas de simulación de hipótesis de guerra asimétrica permiten configurar tantas situaciones de conflicto como se imaginen. Durante el gobierno de Álvaro Uribe se invirtieron millones de dólares en aulas y juegos en los que un oficial puede subirse a una corbeta o a un tanque Cascabel o Urutú y operarlos en una frontera digital bajo condiciones geográficas, climáticas y de combate normales o extremas, plataformas surgidas del Sistema Digital de Instrucción de las Fuerzas Militares (SDI) y del hardware y software de última generación del Centro de Simulación y Análisis de Crisis de la Escuela Superior de Guerra, donde se forman los generales responsables de la defensa nacional enfrentándose en cursos de estado mayor a conflictos terrestres, aéreos, marítimos y fluviales. Dependiendo de contingencias como la de Nicaragua, cada promoción actualiza la “estrategia integral contra las amenazas a la estabilidad del país”.

Civiles que han tenido acceso a la elaboración de ese tipo de documentos en el curso de seguridad y defensa nacional en la Escuela Superior de Guerra, como Honorio Henríquez Pinedo, abogado de la Universidad de la Sabana y exdirector de la Escuela Superior de Administración Pública, confirman el ejercicio: “La actualización es permanente porque Colombia tiene el deber de salvaguardar sus fronteras ante un anuncio como el expresado por Nicaragua, independientemente de las acciones legales que siga adelantando el Gobierno en el marco del fallo de La Haya”.

Las tensiones se incrementaron desde que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se enfrentó con su colega Álvaro Uribe, teniendo de por medio a Venezuela, lo que llevó incluso a un rompimiento temporal de relaciones diplomáticas. Entonces Ortega avisó: “No quisiéramos que este Ejército se viera enfrentado a ninguna acción bélica, pero debe estar preparado ante la soberanía amenazada por la política expansionista que ha tenido Colombia”. El 2 de diciembre del año pasado Ortega y Juan Manuel Santos hicieron las paces en Ciudad de México, anunciaron que habían descartado la opción bélica, que manejarían la situación “con cabeza fría, en forma amigable” y reactivarían los canales de comunicación que hoy, parece, no han funcionado como la diplomacia quisiera. “Nadie quiere una confrontación”, dijo Santos. “Sonaban tambores de guerra”, dijo Ortega.

Mauricio Jaramillo Jassir, analista del Centro de Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, cree que el manejo de la hipótesis de guerra es una constante en algunos sectores políticos. “Por ejemplo, en la última gran crisis Bogotá-Caracas entre Uribe y Chávez se manejó de nuevo dicha posibilidad, incluso con el anuncio de despliegue militar en la frontera. Con Nicaragua me parece menos probable por al menos tres razones. Primero, no existe tal nivel de animosidad o enemistad histórica, como existe entre Bolivia y Chile o Ecuador y Perú en el pasado reciente. Segundo, la guerra es tan impopular en Nicaragua como en Colombia. Se trata de estados con niveles de desarrollo muy bajos como para darse el lujo de justificar un enfrentamiento. Y finalmente, creo que es un problema más que todo retórico. A Managua le interesa recrear el sandinismo en esta segunda versión. Golpeada por las versiones de corrupción y autoritarismo (comprobables por la forma como fue elegido la primera vez, con un acuerdo a todas luces violatorio del Estado de derecho), busca relanzarse como fuerza política, pero no incurriría en una guerra desastrosa para su economía y con efectos sociales devastadores”.

Según el analista, se trata de estrategias de disuasión consistentes en “acumular tal nivel de capacidades militares que el uso de la fuerza sea inviable. Es decir, cuando un Estado se arma con fines disuasivos busca convencer de que el uso de la fuerza es la más costosa de todas las opciones. Eso se comprueba en la carrera armamentista entre EE.UU. y la URSS o India y Pakistán. Era tal el nivel del armamento que el uso de la fuerza aseguraba la destrucción mutua. Nicaragua, que obviamente está en desventaja en la correlación de fuerzas, por la superioridad aérea y naval colombiana, busca incrementar para Colombia los costos del uso de la fuerza”.

Resulta oportuno retomar las palabras del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, uno de los sandinistas que derrocaron la dictadura de Somoza, quien fue vicepresidente de Daniel Ortega en su primer gobierno y luego vetado por denunciar una “Nicaragua envilecida por la corrupción”: el “camino de la vía armada” dejó de ser reivindicador en “pueblos hastiados de la guerra”.

Factores de desenlace en las relaciones entre Colombia y Nicaragua

Nicaragua

Insistirá en el cumplimiento pleno del fallo de la Corte de La Haya del 19 de noviembre de 2012 y el agente nicaragüense ante ese tribunal, Carlos Argüello, anunció otra demanda, porque considera que tienen derecho a más del mar Caribe que hoy es de Colombia. En el plano militar, depende de qué tanto modernice su potencial bélico y cómo lo disponga en el archipiélago de San Andrés, donde aún es difusa la línea fronteriza: Bogotá habla de 75 mil kilómetros cuadrados y Managua de 90 mil. Lanzará nueva cartografía y autorizará empezar la explotación del mar Caribe que acaba de ganar. Habrá diferendo ambiental de por medio por el impacto sobre la Reserva de Biosfera Seaflower, que afectaría las islas colombianas.

Colombia

Con un equipo de internacionalistas, sigue pensando cómo mitigar los efectos del fallo que le quitó un gran pedazo del mar Caribe y cómo evitar una nueva demanda de Nicaragua. La Armada ya reforzó los patrullajes con cuatro fragatas y dos submarinos recién modernizados con lo último en radares, sonares y misiles para agua y aire. También con aviones nuevos OPV apoyados por estadounidenses E-3 Awac y Orion P-3. Ante la antigüedad de los K-fir y Mirage, aviones no tripulados en proceso de adquisición pueden entrar en juego. En un futuro no sería descartable un incidente como el de la corbeta Caldas con Venezuela en 1987.

La Haya

La Corte Internacional de Justicia deberá responder los reclamos de Nicaragua frente a que Colombia se niega a cumplir el fallo de noviembre pasado y las nuevas demandas de los dos países en busca de reivindicaciones y mayor claridad en líneas fronterizas.

Rusia

En abril pasado el presidente Daniel Ortega y el primer viceministro de Defensa ruso, general Valery Vasilevich Gerasimov, anunciaron una alianza para fortalecer la capacidad militar de Nicaragua. La prensa de ese país informó que militares rusos han patrullado las aguas del Caribe ganadas en el litigio contra Colombia. En la última visita a Caracas de Vladimir Putin se habló de la construcción de un astillero para producir navíos de guerra, de dos fábricas de fusiles Kalashnikov y de municiones, además de la importación de misiles tierra-aire, arsenal del que podría servirse Managua.

Estados Unidos

Aunque mantiene relaciones distantes con Nicaragua, Washington está del lado colombiano como parte de su estrategia “contra el terrorismo internacional”. Managua se alió más con la Federación Rusa una vez Bogotá permitió la instalación de siete bases militares estadounidenses que reemplazaron la base norteamericana en la isla ecuatoriana de Manta, hecho que llevó a Daniel Ortega a calificar a Colombia como “potencia militar” de la región. La visita a Colombia este lunes del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, es un indicativo, así como las visitas regulares de los comandantes del Ejército Sur de los Estados Unidos.

OTAN

Otro factor desestabilizador de las relaciones es que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, consideró "inadmisible" la decisión del gobierno de Juan Manuel Santos de formalizar a Colombia como aliado militar de la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte. “No tiene razón de ser cuando por otro lado hemos definido a América Latina y el Caribe como una zona de paz”, dijo Ortega, al considerar que eso “rompe unilateralmente con el proceso integración regional”.

Por: Nelson Fredy Padilla / elespctador.com