El general Alejandro Navas, Comandante de las Fuerzas Militares, habla por primera vez sobre el efecto que podría producir en las tropas, la confrontación política entre el más militarista de los jefes de Estado, Álvaro Uribe, y el actual mandatario, Juan Manuel Santos. Se refiere también a la reforma al fuero; a la exigencia judicial de que el Ejército pida perdón por las desapariciones del Palacio de Justicia y a la supuesta desmoralización que “paraliza” a los uniformados.

Cecilia Orozco Tascón.- ¿Qué piensa usted de que el artículo sobre ampliación del fuero militar haya sido retirado por el gobierno del proyecto de reforma a la justicia?

General Alejandro Navas Ramos.- Al respecto me gustaría decir que no se está haciendo nada a espaldas de nosotros. El retiro del artículo sobre fuero militar no significa que el gobierno cancele el tema. Esa es una mala interpretación. Al contrario, pretende reforzar y garantizar las bondades del fuero en el nuevo proyecto que se presentará, no para buscar impunidad sino para encontrar justicia. El artículo que estaba corriendo en el Congreso y que ya llevaba cuatro debates, tenía, al parecer, vicios de inconstitucionalidad y por eso hubiera podido encontrar problemas en la Corte cuando llegara allá para su examen. Ese retiro, que nos cuesta seis meses de atraso, significa en realidad un avance porque ahora el trámite será más cuidadoso y profundo. Si ya esperamos lo más, podemos esperar lo menos.

 

C.O.T.- Con todo respeto, general, las Fuerzas Militares parecen creer que están por encima de la ley y que la justicia para ustedes solo puede ser favorable y nunca condenatoria.

G.A.N.- No se trata de eso. Queremos tener las garantías de un juicio equilibrado en el marco de las leyes que rigen las guerras. Somos concientes de los límites que nos imponen la Constitución y los acuerdos internacionales y sabemos que estamos en un mundo globalizado en donde la justicia es universal. También somos concientes de que hay unos delitos de lesa humanidad que no pueden ser conocidos por la justicia penal militar. Pero pedimos que no se nos condene antes de ser juzgados, como está ocurriendo. Contrario a quienes creen que tratamos de estar por encima de la ley, lo que solicitamos es que se fortalezca el ámbito del Derecho Internacional Humanitario para que no haya lugar a interpretaciones jurídicas caso por caso.

C.O.T.- De acuerdo con usted, entonces, es este momento ¿no hay garantías para los militares en los juzgados y tribunales civiles?

G.A.N.- Esas garantías son relativas porque, como le digo, el actual marco jurídico permite diferentes interpretaciones y el resultado depende de los funcionarios a quienes les corresponda administrar justicia. Precisamente por eso deseamos que las reglas sean claras y taxativas.

C.O.T.- Una cosa es hablar de Derecho Internacional Humanitario y otra, aplicarlo. La cultura de respeto por los derechos que se dicta en las aulas militares ¿ha calado en los soldados o esas tesis entran por un oído y salen por el otro?

G.A.N.- Sabemos que estamos en una confrontación armada pero hemos asumido íntegramente la cultura de respeto por los derechos. Los colombianos han sido testigos, a través de las pantallas de televisión, de casos en que, por ejemplo, los soldados curan a los adversarios heridos o les prestan los primeros auxilios mientras se les evacua de la zona de combate. Esa cultura está afianzada en nuestros hombres porque sabemos que nuestra legitimidad reside en el cumplimiento exacto de la ley. Ahora, hay que admitir que los ejércitos están conformados por seres humanos y no por ángeles. Por eso pueden presentarse errores. Esos actos requieren, igualmente, de un minucioso examen de la justicia.

C.O.T.- Interiorizada esa cultura ¿Usted podría garantizar que nunca volverá a presentarse en las filas, por ejemplo, una situación tan tenebrosa como la de los falsos positivos?

G.A.N.- Con pleno compromiso de lo que estoy diciendo, le aseguro que eso es así: nunca más.

C.O.T.- Hablando con franqueza ¿es cierto que desde cuando comenzó el gobierno Santos la guerrilla ha recuperado el aliento y se ha reorganizado?

G.A.N.- La prosperidad democrática es una expresión de consolidación de la seguridad democrática. Pero debemos tener en cuenta que ahora actuamos en una etapa en que el camino aunque es más corto porque se ha recorrido un buen trecho, también es más complejo. Sin embargo, no se puede sostener que las FARC recuperaron su fuerza estratégica o que tienen capacidad para tomarse poblaciones enteras o instalar retenes ilegales, como ocurría en el pasado. Simplemente están ejecutando actividades terroristas cuyo impacto se amplifica debido a las noticias que generan.

C.O.T.- Justamente el presidente Santos calificó de idiotas útiles a quienes se alarman en los medios porque hay ataques guerrilleros ¿Está de acuerdo con esa afirmación del presidente?

G.A.N.- En una democracia existe el libre derecho a informar y a estar informados. Desafortunadamente en desarrollo de esa actividad se interponen, por momentos, algunos intereses políticos. O dicho de otra manera, se politiza el tema de la seguridad aunque esto ocurre, repito, de forma intermitente y no permanente.

C.O.T.- Me da pie para preguntarle si, tanto usted, con su respuesta anterior, como tal vez lo hizo el presidente, se refieren a los activistas del uribismo que usan la prensa, no para informar, sino para abrirle campo a sus objetivos políticos.

G.A.N.- La circulación libre de las opiniones y la controversia política son bondades de la democracia. Es comprensible que en el ejercicio de esas libertades se generen algunos debates en los que nosotros no podemos participar.

C.O.T.- Esas personas insisten en que las Fuerzas Armadas están desmoralizadas ¿Eso es cierto?

G.A.N.- Nuestros resultados hablan bien de nosotros y de la forma como cumplimos nuestra misión a pesar de las consecuencias que ésta nos acarrea, por ejemplo, las bajas que sufrimos. Nuestros muertos y heridos son los testigos de que la confrontación continúa y de que seguimos luchando y consolidando el control del territorio nacional.

C.O.T.- Lo curioso es que los supuestos amigos del estamento militar son los que insisten en que las tropas no están combatiendo porque están desmotivadas.

G.A.N.- De la explosión de un carro-bomba en un municipio caucano no se puede deducir que la fuerza pública esté desmotivada. Como le digo, nuestras acciones se notan en los resultados operacionales. Cuando se asegura que las Fuerzas Armadas están debilitadas, lo que se refleja ahí no es un examen militar sino el análisis de alguien que se refiere a las condiciones políticas del momento.

C.O.T.- Justamente por eso que usted señala, si yo fuera militar sentiría que tengo que escoger entre el expresidente Uribe y el presidente Santos ¿Con cuál de ellos se identifican más los militares?

G.A.N.- Por orden de la Carta, las Fuerzas Militares son ajenas a la controversia política, como bien lo sabe. Respetamos y apreciamos al expresidente Uribe, un hombre que le dejó un gran legado al país. Y obedecemos al Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, nuestro superior. Los comandantes orientamos a nuestras tropas en la dirección que indique el jefe constitucional. El debate al que usted se refiere no tiene injerencia en las acciones militares. Cuando el padre y la madre discuten, los hijos se callan, hacen sus tareas y cumplen las reglas establecidas en la familia.

C.O.T.- La polémica entre “el padre y la madre”, como gráficamente usted alude al expresidente y al mandatario actual ¿puede terminar dividiendo a “los hijos”, en este caso a las Fuerzas Armadas?

G.A.N.- De ninguna manera. Nuestra vocación nos hace ajenos a ese tipo de debates e intereses. Sabemos, de entrada, que no estamos facultados para tener protagonismos políticos. También tenemos claro que debemos respetar la Constitución.

C.O.T.- El estamento militar ve más cercanos a unos ministros que a otros ¿Las Fuerzas Armadas se sienten mejor representadas con el actual titular de la cartera de Defensa que con el anterior?

G.A.N.- Le expresamos nuestra admiración y respeto al exministro Rivera de quien creemos que cumplió la tarea que le correspondió en su momento. El ministro Pinzón, como usted ha señalado, es de las entrañas del estamento militar: hijo de un oficial del Ejército; nacido en los cuarteles y formado entre el toque de cornetas y el redoblar de los tambores; compañero de muchos oficiales que hoy están en los mandos medios, y viceministro de Defensa. Esto último le dio la oportunidad de acercarse, no solo al Ejército sino también a las otras fuerzas.

C.O.T.- Si elimino la cortesía social con la que usted ha tratado al exministro Rivera, su respuesta indica que Juan Carlos Pinzón sí representa mejor a los militares…

G.A.N.- (risas) En su momento éramos cercanos al ministro Rivera y hoy nos sentimos bien cómodos con el ministro Pinzón.

C.O.T.- Hace unos meses, antes del fallo del Tribunal Superior de Bogotá en el que se le confirmó la condena al coronel Plazas a 30 años de prisión por la desaparición de dos personas en la retoma del Palacio de Justicia, usted lo describió como un “héroe nacional” ¿Hoy se referiría a él en los términos de ayer?

G.A.N.- Sí, porque cuando hablé de él no me refería a que fuera un héroe por estar preso sino a que es un héroe que está preso, lo que es distinto. El coronel Plazas se hizo acreedor a muchos reconocimientos durante su carrera. Le fue impuesta, por ejemplo, la condecoración de Orden Público que le otorga a quien se hace acreedor a ella, el título de héroe nacional. Así que mi descripción tiene fundamento. Para mí él es un gran soldado que está enfrentando una difícil situación ante la justicia. Confiamos en el equilibrio de los jueces y esperamos que el fallo definitivo sea el que se merece.

C.O.T.- En ese mismo fallo el Tribunal Superior de Bogotá le solicitó al Ejército que pidiera perdón en ceremonia pública frente al Palacio de Justicia, donde se produjo la desaparición de dos rehenes. El general ® Mora, persona muy respetada en el estamento dijo que “pase lo que pase, no existe la posibilidad de que los actuales o futuros militares cumplan esa exigencia” ¿Las Fuerzas Armadas se declararán en rebeldía ante la orden de los jueces?

G.A.N.- Siempre hemos sido respetuosos de los fallos judiciales los cuales, entre otras cosas, tienen fuerza de ley gracias al respaldo que les presta el estamento militar y policial. De lo contrario, serían letra muerta. A su pregunta le contesto que, como sucede siempre en la vida, todo debe abordarse a su debido tiempo. En el marco del respeto y devoción por el cumplimiento de la ley que siempre nos ha guiado, pienso en la famosa frase de Séneca que dice: el honor prohíbe acciones que la ley tolera. No obstante insisto en que ya llegará la hora en que nuestras conciencias se encuentren ante esa realidad histórica y después de una profunda reflexión, tomaremos la decisión que demande el momento.

C.O.T.- Me queda claro: ustedes no cumplirán la orden judicial porque “su conciencia” no se los permite ¿Lo interpreto bien?

G.A.N.- Le repito: llegará el momento y la hora de decidir. Es un asunto de mucha reflexión. Nosotros representamos una institución. No hablo de posiciones personales. De nada sirve anunciar decisiones con anticipación. Hay que tomarlas en el momento indicado y cumplirlas. De cualquier manera, los soldados sí tenemos por norma que primero es el honor y después la vida.

C.O.T.- ¿Usted es de lo que cree que en Colombia existe “guerra jurídica” o “justicia politizada”, en este caso contra los militares?

G.A.N.- (silencio) Sin aludir directamente a esos conceptos, sí hay evidencias de que ese tipo de confrontación se refleja en algunas sentencias desmedidas.

C.O.T.- ¿En cuáles? Déme un ejemplo, por favor.

G.A.N.- Delincuentes que han cometido delitos atroces han sido condenados a 8 años de prisión y con posibilidades de más rebajas, mientas que a un hombre que ha defendido la democracia en combate, por algún error que cometió, le elevan la condena de 40 años a 60.

C.O.T.- Pero el monto de las penas no es capricho del juez sino que está estipulado en los códigos y en las leyes de rebajas y beneficios – como la de Justicia y Paz – que se votan en el Congreso a petición de los gobiernos de turno. Los jueces solo aplican lo que los políticos aprueban. Y después, éstos se quejan.

G.A.N.- Sea quien sea el promotor, el resultado es igual para nosotros. Y eso es lo que importa. A veces caemos en eufemismos y tal vez cuando se denomina a una situación de X o Y manera, esa forma contiene una descalificación que resiente a ciertos sectores del espectro jurídico. Pero lo que ocurre en materia judicial es tan evidente que no hay necesidad de ponerle sobrenombres.

C.O.T.- Vuelvo a interpretar su respuesta: usted es de los que cree en la supuesta “guerra jurídica”. Y por último: si el presidente Santos manifestara su voluntad de iniciar negociaciones de paz con las FARC ¿las Fuerzas Militares estarían de acuerdo con esa intención?

G.A.N.- Esa decisión política le compete únicamente al Presidente de la República. Las Fuerzas Militares estaremos prestas a seguir las instrucciones de nuestro comandante constitucional.

¿Un superfuero militar?

Hace unos días, cuando los ministros de Defensa y Justicia anunciaron la decisión oficial de retirar el artículo que fortalecía el fuero militar que se tramitaba en el parlamento, las ONG de derechos humanos nacionales e internacionales expresaron su satisfacción porque supusieron que sus críticas a ese propósito habían sido escuchadas. Los grupos de derecha, entre ellos el uribismo extremo, criticaron en cambio al gobierno por abandonar a los uniformados ante una “justicia politizada”. Ambos, presuntos ganadores y perdedores, estaban equivocados. Casi nadie escuchó la segunda parte de la noticia que dieron a conocer los ministros: en lugar de un artículo que, al parecer el Ejecutivo sabía que aunque fuera aprobado en el Congreso, no iba a pasar el examen de la Corte Constitucional, se presentará en menos de un mes un proyecto completo de reforma que reunirá, en un solo marco, todas las aspiraciones de las Fuerzas Armadas en materia de protección judicial para sus hombres. La administración Santos se resguardó, para tomar el nuevo camino jurídico, en las recomendaciones de una comisión de expertos que conformó el propio presidente Santos a su medida, y no en contravía de sus aspiraciones. “Nunca más”, fue la respuesta del general Alejandro Navas a la pregunta de si se repetirán casos como los de los falsos positivos. / Gabriel Aponte

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Pronto se sabrá cuánto se ampliará el amparo legal que cubrirá a los miembros de todas las armas.

¿Ataque a Cali?

Cecilia Orozco.- ¿Por qué la guerrilla ha concentrado sus ataques en el departamento del Cauca y los alrededores de Cali?

General Alejandro Navas.- El discurso de alias Timochenko, que se ha materializado en seis comunicaciones epistolares que ha enviado, busca reconstruir la agenda de las FARC con el fin de proponer nuevos diálogos. Pero en esa ambigüedad que las caracteriza, mientras promocionan las conversaciones lanzan ataques terroristas para impactar a la población civil y que ésta, aterrorizada, presione al gobierno a hablar. La guerrilla ha concentrado algunos de sus ataques en la región Pacífica con la intención de que desviemos la presión que estamos ejerciendo sobre el Catatumbo, donde se sabe que puede estar Timochenko; también porque esa zona es un corredor de movilidad del narcotráfico que ellos desean dominar. Y además, porque es territorio apto para la guerra de guerrillas debido a su situación geográfica.

C.O. ¿Es cierto que Cali y también Bogotá o Medellín podrían estar en peligro de sufrir un ataque terrorista?

G.A.N.- Los ataques terroristas de la guerrilla se concentran ahora en municipios pequeños y en otros puntos cercanos a las fronteras. Pero no tiene capacidad ofensiva para atacar a gran escala una ciudad por el control que ejerce la fuerza pública sobre los centros urbanos.

Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador