General (R/A) Reywww.fuerzasmilitares.org (03AGO2014).- Saldar las cuentas con las víctimas de más de medio siglo de conflicto es la deuda que todavía tienen las Farc en la ecuación de la paz. Hasta ahora no ha habido un reconocimiento expreso ni un perdón público por las graves violaciones a los derechos humanos que han perpetrado y cuyos crímenes han ofendido a la humanidad. El jefe guerrillero Timochenko escribió hace dos días que no hay arrepentimiento alguno de sus hombres y que, muy al contrario, lo que hay es orgullo por su causa. Un baldado de agua fría para las víctimas, que siguen esperando un acto de reparación y de verdad del grupo ilegal.

En medio de la pelotera que provocaron las palabras del máximo comandante de las Farc, más la controversia que existe entre quienes se reclaman como víctimas de la barbarie guerrillera, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) terminó como protagonista de una petición que promete encender aún más la polémica. En carta enviada el pasado 21 de julio a ese organismo de la OEA, el general (r) Javier Rey Navas le pidió a la CIDH que requiera al Estado colombiano para que informe si los miembros de las Fuerzas Militares serán considerados como víctimas en las negociaciones de paz en Cuba o si serán tratados como “iguales a las Farc”.

En su documento, el general (r) Rey, quien le solicitó a la CIDH medidas cautelares pues considera que no tiene garantías judiciales en Colombia, manifestó que actualmente se discute en La Habana el cuarto punto, relacionado con las víctimas, y que es urgente que se determine si los miembros de las Fuerzas Armadas serán tenidos en cuenta en ese escenario y oídos en dicha condición o si serán tratados “como el otro extremo de la

confrontación, esto es, como unos actores o protagonistas activos del conflicto armado”. Para algunos, se trata de un debate complejo en tanto que de una orilla se asegura que no pueden ser víctimas porque fueron combatientes, mientras en el otro extremo se sostiene que el secuestro y otros delitos contra cientos de uniformados son un crimen contra la humanidad.
En la carta, el general Rey señaló que una parte importante de la opinión pública, los medios, los partidos políticos y los poderes públicos colombianos han manifestado su apoyo al proceso de paz y que quienes como él han expresado su reserva u oposición al mismo han terminado rotulados como enemigos de la paz y como un estorbo para el proceso. Según él, “quienes recibimos la orden de hacer la guerra para preservar las instituciones ahora resultamos incómodos y en sí mismo no sólo un obstáculo para este gobierno, sino que ya no tenemos espacio digno en nuestra sociedad”. En ese escenario, el oficial tomó la palabra para hablar en su nombre y también en nombre de la “tropa activa silenciada que no puede opinar y que si opina correrá mi suerte, no importa lo que hubieran logrado en el campo de batalla, pues estamos en tiempos de pactar con el enemigo”.

Rey añadió en este documento conocido por El Espectador que la paz es un anhelo común, pero que parece construirse a costa de los militares “que llevamos a las Farc a la mesa” debido a los golpes contundentes que se les propinaron. El exjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Militares recordó en su petición que recientemente se confirmó la condena contra el general (r) Jaime Humberto Uscátegui, que calificó como injusta y por eso a renglón seguido añadió: “Mientras se pacta con nuestros enemigos, a quienes derrotamos en el campo de batalla y quienes atentaron en contra de las instituciones que hoy pueden actuar con libertad, nuestros generales son condenados a morir en prisión y quienes vencimos a las Farc somos sujetos de muerte reputacional”.

Sobre esa base, el general (r) Rey le pidió a la CIDH que intervenga cuanto antes para que el Estado colombiano le cuente al país si en desarrollo de los diálogos con las Farc, las Fuerzas Militares serán o no tomadas en cuenta como víctimas de la barbarie que el grupo ilegal desplegó durante medio siglo. “¿Seremos tratados como víctimas? ¿Seremos tratados como iguales a las Farc? ¿Seremos tratados como el otro extremo de la confrontación?”, se preguntó en su escrito que hoy reposa en Washington y al que en los próximos días deberá dar respuesta la CIDH. Un debate que ya cruzó los escenarios nacionales y en el que terminó la OEA como árbitro.

Al margen de lo que se defina, lo cierto es que las Fuerzas Militares piden pista para que sean incluidas como víctimas históricas de la guerrilla de las Farc. El gran temor que hay en las filas castrenses es que en La Habana terminen por igualarse sus acciones, cuando desde la orilla del Estado se defendía la legalidad. La controversia está más encendida que nunca.

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