El resultado del cese unilateral de las FARC dependerá de que haya más gestos de paz, más acuerdos en la mesa y menos provocaciones como el asesinato de los soldados en Cauca.
El resultado del cese unilateral de las FARC dependerá de que haya más gestos de paz, más acuerdos en la mesa y menos provocaciones como el asesinato de los soldados en Cauca.

www.fuerzasmilitares.org (09JUL2015).- El proceso de paz necesita oxígeno. Y el anuncio de las FARC, a través del jefe de la delegación para los diálogos de La Habana, 'Iván Márquez', de iniciar el 20 de julio un cese unilateral del fuego por un período de un mes, apunta en esa dirección. Falta ver si el gesto es suficiente y efectivo.

Y la respuesta, en buena medida, dependerá de la reacción del Gobierno. El anuncio de 'Iván Márquez' es un primer paso. Una cogida de mano que espera una reacción de la pareja para, después, ir un poco más lejos. En este caso, para retomar la dinámica del desescalamiento y abocar la discusión de un cese al fuego bilateral que, finalmente, sirva para aproximar a las partes a la firma de un acuerdo final. La movida de las FARC busca encarrilar el proceso. ¿Lo logrará?

En un primer momento, la reacción del presidente Juan Manuel Santos, en un Twitter casi inmediato, fue medida y cauta: le dio la bienvenida, pero lo consideró “insuficiente”. ¿Qué hará después? El primer mandatario y su equipo de asesores tienen que evaluar algunas variables.

En primer lugar, no puede desaprovechar la oportunidad. Cambiar el rumbo que llevaban las negociaciones en las últimas semanas le conviene a un gobierno que apenas va a terminar su primer año (del segundo período) y al que no se le ven posibilidades ni intenciones de cambiar de agenda –la de paz- para los otros tres. En ese sentido, las FARC le lanzaron un salvavidas al Gobierno. Y este deberá sopesar el efecto de haber considerado “una rosa con espinas” –según dijo Santos- el cese al fuego unilateral e indefinido que anunciaron las FARC en diciembre y que ahora todo el mundo añora.

Por otro lado, sin embargo, el Ejecutivo no querrá asumir una actitud que la oposición, justo cuando empieza la campaña electoral, pueda criticar como blanda o entreguista. Ni puede dar la sensación de que fue sorprendido por una jugada inteligente de las FARC y que reacciona en lugar de asumir la iniciativa.

En tercer lugar, cualquier respuesta del Gobierno deberá dar prioridad a sus efectos sobre el futuro de la negociación con las FARC. Apostarle a un regreso a la dinámica de desescalamiento -que imperó entre diciembre y marzo- pero que después de abril –y la muerte de 11 soldados en Buenos Aires, Cauca- entró más bien en un espiral de acciones bélicas. Por otro, seguirá presionando a las FARC para comprometerlas en una acelaración de los diálogos. Para el palacio de Nariño, el tiempo se está agotando. Esta reflexión conduce al probable escenario de continuar con el doble lenguaje de “garrote” y “zanahoria” que fue la columna vertebral tanto de la entrevista de De la Calle como del Twitter del presidente. Más de un colaborador de la Presidencia hoy piensa que la decisión de las FARC de suspender hostilidades por un mes fue una respuesta al ultimátum de De la Calle del domingo pasado.

Un cuarto elemento que deberán evaluar los estrategas gubernamentales es la comunidad internacional. La declaración de un cese al fuego unilateral de las FARC, así sea por un mes, allí va a ser bien recibida. En general, ella es favorable a la aceleración de las negociaciones y ve con buenos ojos los gestos recíprocos de la guerrilla y del Gobierno. Los países garantes ya están abogando por un cese bilateral.

Es casi seguro que el proceso, en síntesis, no seguirá el mismo camino que traía en las últimas semanas. La guerrilla dio un primer paso y el Gobierno entró en una estrategia del “todo por el todo”. Esto abre espacios para nuevas alternativas como que el Gobierno vuelva a suspender los bombardeos o que se acelere un pacto de cese al fuego bilateral, en lo que ya viene trabajando –con más resultados de lo que se sabe- la subcomisión técnica compuesta por militares activos y miembros de las FARC.

Y habrá que ver que producen estos hechos en una opinión pública que, según las últimas encuestas, es muy escéptica y dura tanto con el Gobierno como con las FARC. Es poco probable que se modifique el ambiente adverso de un día para otro. Los tres años de negociaciones han dejado muy claro que los cambios en la opinión pública sí se dan, pero que se necesita tiempo para que los gestos de paz y los acuerdos sean asimilados por los medios y por las encuestas.

La tregua comenzará el próximo 20 de julio y se extenderá, en principio, por un mes. Las FARC suspenderán sus acciones contra la fuerza pública y la población civil, y los atentados contra la infraestructura que han causado graves daños al medio ambiente. Y aunque esta decisión venía siendo reclamada por todos los sectores políticos en el país, si no se extiende más allá de julio, y no va acompañada por medidas del Gobierno y por nuevos acuerdos en La Habana, sería insuficiente. Será crucial, en ese sentido, el anuncio de un acuerdo sobre reparación a las víctimas que, según dijo el presidente Santos, está a punto de concretarse en el ciclo de conversaciones que actualmente se lleva a cabo en Cuba.

Todos estos hechos tienen también una lectura política. Para los sectores que han defendido el proceso de paz, la tregua de las FARC podría darle un nuevo aire al proceso y podrá recuperar la confianza entre los colombianos.

Armando Benedetti, senador de la U, recuerda que el cese unilateral había sido aplicado desde diciembre y había servido para el desescalamiento de la guerra.Ahora podrá suceder algo similar, aunque la diferencia es que tras la crisis del proceso, este pueda ser una antesala al cese al fuego definitivo. También hay que tener en cuenta que el de diciembre fue un cese indefinido mientras el actual sólo tiene vigencia de un mes.

Roy Barreras, presidente de la Comisión de Paz del Senado, considera que la tregua de las FARC era una decisión que reclamaba todo el país y que inmediatamente reencauza las negociaciones. Marca, además, el inicio del desescalamiento del conflicto.

En la otra esquina, los sectores más críticos del proceso de paz -como el uribismo- habían reclamado y exigido esta tregua, e incluso algo más. El senador Álvaro Uribe les había pedido a los países garantes que en lugar de pedir desescalamiento del conflicto, exigieran a las FARC el cese unilateral de hostilidades con concentración de sus miembros.

Ahora cuando las FARC han anunciado esta tregua unilateral, el uribismo lo rechaza, pues no se produce bajo las condiciones que ellos han exigido, como la concentración de guerrilleros en zonas específicas del territorio, con el fin de comprobar el cumplimiento de la tregua.

Quien se pronunció sobre esta noticia fue el director del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga. Y lo hizo con escepticismo. “No es la primera vez que las FARC anuncian el cese unilateral y en el pasado hemos visto que a pesar de esos anuncios, siguen atentando contra los colombianos”.

Zuluaga considera que las FARC, que un día anuncian una tregua, al otro la suspenden, y han metido al país en un juego, son las que están manejando la agenda de las negociaciones. “Por eso hemos dicho, si el proceso lo que busca que generar credibilidad y dar confianza a la ciudadanía, tiene que haber una exigencia al cese unilateral permanente de las FARC, acompañado por la zona de concentración como garantía para que no sigan atentando contra los colombianos”.

Más allá de la política partidista, el cese unilateral de las FARC será registrado en la historia del proceso de paz como un hito que desempantanó la negociación, o como un hecho pasajero que no pudo detener su deterioro. Todo dependerá de que haya más noticias de paz y menos de guerra. Más gestos en el campo de batalla, más acuerdos en la mesa de La Habana y menos provocaciones como el asesinato de soldados en Cauca.

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