Los paramilitares irrumpieron en diversos centros universitarios intimidando a estudiantes y profesores.
Los paramilitares irrumpieron en diversos centros universitarios intimidando a estudiantes y profesores.

www.fuerzasmilitares.org (31AGO2015).- Las universidades son una fuente poderosa de prestigio en Colombia. Ser estudiante, profesor o investigador de una universidad, trae distinción y respeto.

En una sociedad fuertemente estratificada, una de las pocas opciones que se tiene, para mejorar su posición, es la de conseguir un título universitario, por lo menos esa es una percepción generalizada.

De igual manera tenemos que tener presente que este capital cultural institucionalizado es una de las opciones que muchos sectores eligen como alternativa al clientelismo o la violencia, lo cual habla muy bien de estos actores y desmiente a algunos investigadores extranjeros que consideran que, en tiempos de violencia, el capital cultural pierde masivamente su valor.

De esta manera, la universidad en Colombia es una fuente de esperanza tanto para los estudiantes, que esperan obtener un título que les permita posicionarse mejor en el campo social, como para la sociedad, que considera a los estudiantes y su labor de investigadores y docentes como el espacio que permite generar las herramientas legítimas para que el país crezca y se desarrolle. Así, las universidades en Colombia son percibidas como un símbolo de cambio y de desarrollo.

La universidad para el debate; formando a los futuros líderes

Pero la universidad también tiene otra función muy importante, resulta en un espacio institucional en el que jóvenes –y no tan jóvenes– se disponen para debatir y en algunas ocasiones, decidir acerca de temas que los afecta directamente o al país en general.

Asambleas, representaciones en el gobierno universitario, huelgas y manifestaciones, son los espacios donde se pueden ejercer las herramientas democráticas que les permiten a los estudiantes iniciarse en el difícil proceso de generar opinión y lograr consenso para obtener resultados políticos. La experiencia gremial y política que los jóvenes obtienen, más allá de sus errores, dislates, y todas las críticas que se puedan hacer, es útil a la vida en democracia y junto con aquellos que han generado sus experiencias en la actividad gremial, en las organizaciones sociales y en las juventudes de partidos políticos, son los que en un futuro cercano decidirán los destinos de la Nación. Así, resulta importante señalar que los problemas en la formación de la clase política tienen, indefectiblemente, relación con la formación en estas instituciones, de las que las universidades forman una parte destacada.

El propósito de los paramilitares en la Universidad…

Esta larga introducción tiene por objeto mostrar hasta donde llegan las consecuencias nefastas para Colombia del accionar de los actores armados, en especial de los paramilitares, en las universidades colombianas, es decir que han sido y son ataques a la esperanza de un país mejor.

La violencia cumple en Colombia, una importante función en la estrategia de muchos actores para obtener cambios o para evitarlos. Entre estos actores se destaca el paramilitarismo, para quienes la violencia cumple una función conservadora importante para controlar las demandas reivindicatorias de organizaciones civiles, sindicales, indígenas y otras. La intimidación incluye el asesinato de dirigentes y familiares, el secuestro y las amenazas. Colombia sostiene, desde hace varios años, el récord mundial de ataques a defensores de derechos humanos en el mundo.

La irrupción del paramilitarismo en la universidad ha significado la proliferación de amenazas, homicidios, extorsiones y secuestros de miembros de la comunidad universitaria tanto dentro como fuera de sus ámbitos físicos. El asesinato de profesores en sus despachos, los panfletos amenazantes con nombres y apellidos a docentes y alumnos, la cooptación de universidades, (lo que incluía a algunos rectores, resultó en algo común en la primera década del siglo XXI, y estos hechos siguen, en parte, sucediendo en la actualidad).

Las universidades como lugares de confrontación

De este modo, estos lugares se han transformado en campos de batalla, en el que los paramilitares intentan cooptar a los gobiernos universitarios, y a la vez impedir que, a través del trabajo académico y político, se realicen investigaciones y denuncias. Enumerar los casos, o describir los hechos más atroces, no pueden transmitir el estado de zozobra y miedo, ni el impacto que ha sufrido la universidad en estas últimas décadas.

Tal vez, esta imagen de zozobra la exprese mejor Javier Guerrero Barón, que en 2000 y a propósito de una serie de asesinatos de profesores universitarios ocurridos en las Universidad Antioquia y la Universidad Nacional en el año 1999, planteó que en Colombia “hay una guerra en proceso, donde los intelectuales tienen que demostrar todas sus habilidades para poder hacer lo suyo sin desatar el peligro”.

Estos hechos impactan fuertemente a la universidad, ya que debe destacarse que la investigación necesita del espíritu crítico, una actitud de desafío respecto a lo establecido. Animarse a cruzar las fronteras y proponer algo que hasta el momento no se había propuesto. En este contexto, el pasado juega un rol intimidador en la estructuración de la percepción. Así, por ejemplo, en la Universidad de Antioquia, la profusión de placas conmemorativas de profesores universitarios asesinados por todo el predio de la Universidad tiene el efecto —no deseado— de recordar constantemente el riesgo que se corre. La violencia no fomenta la investigación, sino que la limita. Y esta ha sido una de las consecuencias más funestas del paramilitarismo en Colombia; la mentalidad precavida que se debe adquirir para sobrevivir en la universidad, sino se quiere abandonar el país o algo mucho peor, es lo opuesto a lo que la sociedad colombiana necesita de sus investigadores.

El hecho de que muchos profesores e investigadores sigan investigando con mucha seriedad e independencia de criterio es algo que demuestra la enorme calidad de estas personas, pero nunca se debe olvidar que ello lo hacen “pese a” y no “gracias a” las condiciones del campo.

La violencia contra los estudiantes

Tampoco es menor el daño que se le ha generado a los estudiantes, futuros profesionales. La violencia busca inscribir en el cuerpo un ‘habitus’ (parafraseando al sociólogo francés Pierre Bourdieu, una disposición constante, una forma corporal) de precaución, de no llamar la atención negativamente y, en la medida de lo posible, de aprehender los textos que se le ofrecen sin debatir ni cuestionarlos. Se teme proponer nuevas ideas. Aun así, muchos estudiantes, debido a su inteligencia y a sus agallas, de todas maneras mantienen una actitud crítica, lo cual es digno de admiración, pero como se señalé anteriormente: no se debe a que se fomente esa conducta.

Una forma represión latente

Por último, la represión de la política gremial en la universidad colombiana es también un serio problema. El hecho de ocupar cargos electivos hace pasible al representante de presión por parte de los grupos armados, que así queda a su merced y condicionado en su accionar por la agenda de estos grupos. Así por ejemplo, además del fundamento ideológico que algunos dirigentes plantean, el hecho de que muchas veces queden sin ocupar escaños de representación de los estudiantes en la Universidad de Antioquia, también se debe al “instinto de conservación” de los mismos. La construcción de capital político —por fuera de las estructuras establecidas— en estas condiciones es limitada y así se produce un debilitamiento de las vías democráticas para solucionar los conflictos. Además, sí se tiene en cuenta lo que señalamos anteriormente, que la política gremial en la universidad es una base para forjar dirigentes políticos, se observa el grave daño que se le ha causado a la institucionalización de Colombia.

En resumen, la irrupción del paramilitarismo en la universidad ha causado profundas heridas que afectan al país. La universidad como esperanza de un futuro mejor por medio de la enseñanza, la investigación y la formación política quedó dañada, y pasará mucho tiempo hasta que se recupere.

*Manfredo Koessl ha sido profesor de la Universidad de Antioquia.

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