El ambiente entre Colombia y Venezuela se enrarece cada vez más. Lo que empezó con expulsiones ya va en incursiones del espacio aéreo colombiano. Pero, a pesar del clima bélico, las armas callarán, creen expertos. Imagen de archivo
El ambiente entre Colombia y Venezuela se enrarece cada vez más. Lo que empezó con expulsiones ya va en incursiones del espacio aéreo colombiano. Pero, a pesar del clima bélico, las armas callarán, creen expertos. Imagen de archivo

www.fuerzasmilitares.org (17SEP2015).- Como en cualquier frontera, las poblaciones de ambos lados, tanto en Colombia como en Venezuela, siempre han vivido de su intercambio, legal o ilegal.

Pero “las cosas se complican por la divergencia de resultados de las economías de ambos países que ha llevado a una colisión de sistemas incompatibles”, dice Eduardo Lindarte Middleton, economista colombo-estadounidense de ascendencia venezolana.

“Mientras Venezuela abandona la economía de mercado y se mueve hacia una economía administrada, basada en subsidios, en Colombia rige una economía de libre mercado”, explica Lindarte, economista de la Universidad Nacional de Colombia, quien destaca que “el abandono de la libre competencia en Venezuela se traduce allí en déficit de bienes y servicios, que son subsidiados, pero no suficientes. Lo que genera un mercado ilegal en sus fronteras, caldo de cultivo para mafias a ambos lados”.

Lindarte define en la revista de análisis Razón Pública, de Colombia, cuatro razones para el estallido de la crisis binacional: la crisis económica en Venezuela, el riesgo de perder las elecciones parlamentarias, la corrupción militar y las extradiciones, de Colombia a Estados Unidos, de presuntos narcotráficantes venezolanos, de alto nivel, que pueden estar dando importante información sobre el papel del "bolichavismo" en el narcotráfico.

Una estrategia de largo plazo

El hilo del escalamiento de la crisis es más largo que la expulsión de miles de colombianos y la destrucción de algunos de sus hogares en Venezuela. En los últimos meses, Caracas ha intentado encender sus fronteras de varias formas: en el caso del conflicto por el río fronterizo Essequibo con Guyana, luego decretó unilateralmente un cambio de línea fronteriza con Colombia, una medida que tuvo que revocar, para luego expulsar a colombianos, cerrar varios puntos de la frontera y ahora, según el Ejército colombiano, violar el espacio aéreo de su vecino país.

A pesar de las presentes provocaciones y amenazas, “América Latina es, históricamente, una región con numerosos conflictos fronterizos que se manifiestan regularmente con baja intensidad pero que, por lo general, no desembocan en guerras abiertas”, apunta Jonas Wolff, politólogo del Instituto Leibniz y la Fundación de Hesse para la Investigación de la Paz y los Conflictos (HSFK), con sede en Frankfurt del Meno.

“No se trata de un conflicto fronterizo”

Wolff, especializado en conflictos y promoción de la democracia, acota además, que en este caso específico “en realidad, no se trata de un conflicto fronterizo, toda vez que la disputa entre Venezuela y Colombia no se desata por territorios, sino porque en la frontera no existe un sistema efectivo de controles”.

A pesar de esta precisión, Lindarte Middleton teme que ante el dilema que imponen las próximas elecciones en Venezuela, la presión interna sobre el Gobierno chavista pueda subir tanto que Maduro recurra a la estrategia de dictaduras como la Argentina, cuando provocó la guerra de las Malvinas para movilizar a la población y distraer la atención de los problemas existentes.

Cooperación, no confrontación

En todo caso, el Gobierno de Colombia está en una situación extremadamente difícil. "Por una parte, entiende que hay intereses políticos del lado venezolano y por la otra, sabe que Venezuela es garante del proceso de paz en La Habana con una guerrilla como las FARC a quien Caracas le ha dado refugio”, acota Lindarte Middleton, también Ph.D. en sociología de la Universidad de Wisconsin.

Lindarte, docente y coordinador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Manizales, cree además, que aunque el campo de maniobra para el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos es muy reducido, “Colombia no se va dejar llevar hacia un escenario bélico”. La tensión puede durar hasta las anunciadas elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, si las partes no logran un acuerdo antes.

Una solución diplomática para la que Jonas Wolff aún ve espacio entre Colombia y Venezuela, sobre todo, con el respaldo de Unasur u otra organización regional. A juicio de Wolff, que ha estudiado los factores que inciden en las democracias y los sistemas políticos en América Latina, el mayor riesgo para Colombia radica no tanto en una guerra con su vecino del nororiente, sino "en un descontrolado deterioro del orden político, social y económico de Venezuela que puede tener severos efectos nocivos en Colombia”. Problemas que ya no se limitarían a los 2.219 kilómetros de frontera común.

Pero antes de que pueda pasar más, para Jonas Wolff, “la clave está en la cooperación”.

dw.com