Las Farc aseguran que no están pidiendo territorios despejados como los que hubo en el Caguán durante el gobierno de Pastrana.
Las Farc aseguran que no están pidiendo territorios despejados como los que hubo en el Caguán durante el gobierno de Pastrana.

www.fuerzasmilitares.org (05DIC2015).- El fantasma de El Caguán y de las repúblicas independientes tipo Marquetalia volvió a rondar esta semana a la Mesa de Conversaciones de La Habana. Las Farc presentaron su propuesta de Territorios Especiales para la Construcción de la Paz –Terrepaz–, y la respuesta de los opositores no se hizo esperar.

El procurador Alejandro Ordóñez dijo que “ello es institucionalizar a las Farc en las zonas y en los territorios donde estas hagan presencia, otorgarles funciones del Estado”. El Centro Democrático dijo que los insurgentes piden varios caguanes, y el analista Gustavo Duncan advirtió que esta es la línea roja más gruesa de la negociación, ya que las Farc “piden territorios especiales donde ejercer una institucionalidad propia, paralela a la del Estado”. En el gobierno el documento tampoco cayó bien. “No estamos en el proceso para dividir el país ni hacer entrega de territorios ingobernables”, dijo el general Jorge Enrique Mora, a nombre de la delegación oficial en Cuba.

Algunas de estas reacciones han sido exageradas y prematuras. Hay que tener en cuenta que esta es apenas una propuesta de las Farc y no una decisión de la Mesa de La Habana. Por eso, hablar de que el gobierno está entregando el país a pedazos es un despropósito. Lo que sí deja en evidencia este documento de la guerrilla es que los Terrepaz son la almendra de sus aspiraciones políticas.

La propuesta de las Farc tiene algunos aspectos interesantes y otros preocupantes. En pocas palabras proponen: 1) Que se reconozca su presencia en espacios donde ellos han estado históricamente y tienen apoyo social. 2) Que esos territorios deben ser espacios para que se materialice el cese de hostilidades y la dejación de armas así como la reparación de las víctimas y, por tanto, las sanciones restaurativas que se deriven de la jurisdicción especial para la paz. 3) Que en estos territorios puedan vivir tanto los excombatientes y sus familiares, las víctimas, exmilitares e incluso exparamilitares, y construir un proyecto autogestionario de desarrollo sostenible y una activa participación política a través de cabildos populares. 4). Que estos territorios tengan protección constitucional y sean excepcionales, extraordinarios y transitorios. 5) Que tengan acompañamiento internacional y veeduría ciudadana.

El gobierno sabe desde el principio que la diferencia entre el proceso de paz con las Farc y los que se han vivido con el M-19, el EPL o con las AUC es que la reinserción no será con un taxi en Bogotá, ni con un proyecto productivo en el Chocó. El corazón de un acuerdo con esta guerrilla es el poder territorial, dado que este es un grupo de más de 50 años de existencia, que tiene fuerte arraigo por varias generaciones en algunas regiones alejadas del país donde el Estado prácticamente no ha existido, como el sur del Tolima, Sumapaz o los Llanos del Yarí.

Las Farc no han sido solo un grupo en armas, sino que han actuado como partido político clandestino y han impulsado un modelo propio de gobernabilidad rural a punta de presencia militar. La realidad es que han sustituido a la Justicia y a la Policía en muchos territorios, aunque sea de manera draconiana, y también regulan las actividades económicas, ya sean legales o ilegales.

Por eso no es extraño que dentro de una negociación que consiste en transformar a las Farc en un movimiento político, ellos quieran que entren en juego todas estas variables.

Otro aspecto de los Terrepaz es que tienen un enfoque de reconciliación y resuelven varios problemas al tiempo. Estos espacios pueden servir a la vez para que se realice y verifique el cese del fuego y de hostilidades; donde se haga la reparación y restauración a las víctimas; y donde se empiece a implementar los acuerdos en materia de desarrollo rural. A ello se suma que pueden ser más seguras para los propios excombatientes que temen ser asesinados cuando dejen las armas.

También tiene de interesante que no excluye la inversión privada y, por el contrario, ellos proponen crear incentivos tributarios para quienes lleguen a ellas. Esta es una idea que los jefes de esa guerrilla les expresaron a los cacaos durante un encuentro confidencial que tuvieron hace un mes en La Habana y a los empresarios no les cayó nada mal.

Las Farc se imaginan estos territorios de paz como lugares donde prime la autogestión y la democracia directa, donde ellos pongan en juego sus ideas sobre cómo construir una sociedad mejor.

Los Terrepaz no serían permanentes como por ejemplo los resguardos indígenas, sino transitorios mientras dure el posconflicto. La verificación internacional, según la guerrilla, estaría a cargo de entidades como Unasur y la Celac. Iván Márquez aclaró, además, luego de la dura respuesta de Mora, que en estos territorios tendrá que primar “la función de la Policía” y que no están para “dividir el país ni para hacer entrega de territorios ingobernables”.

Las preocupaciones

Pero la idea de crear estos territorios especiales de paz también genera serias dudas. La reacción airada del general Mora se explica porque en estos días las Farc vienen hablando de desmilitarizar las regiones y de cambiar la doctrina de seguridad. Esto sin duda será una consecuencia lógica en el largo plazo, si se logra la paz, pero el gobierno no está dispuesto a discutirlo con la guerrilla en la Mesa, ni convertirlo en materia de negociación. El monopolio de la fuerza en manos del Estado no está en discusión. El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, ya ha advertido que las Fuerzas Militares no solo no disminuirán su presencia en el territorio, sino que serán las garantes de la seguridad durante el posconflicto.

La seguridad es uno de los temas más complejos que tendrá que abordar la Mesa de La Habana cuando se cierre el punto de las víctimas y donde las posiciones de las partes están todavía muy distantes. Sin embargo, ya se han ventilado algunas fórmulas salomónicas para enfrentar este dilema. Hace un año, el propio presidente Santos pensando en el posconflicto le pidió ayuda a Francia para crear una Policía rural similar a la Gendarmería de ese país, , y en la que podrían participar desmovilizados de la guerrilla. De otro lado, la Fundación Ideas para la Paz, que asesora al gobierno en estas materias, viene trabajando en la idea de una fuerza de estabilización temporal, también de carácter transicional, que combine militares, policías e incluso guerrilleros, para actuar en las regiones donde el posconflicto será más crítico.

Una segunda duda que genera la propuesta de las Farc tiene que ver con la democracia en estos territorios. Los jefes de esa guerrilla buscan mantener su poder e influencia en esas regiones para sobrevivir como proyecto político. Pero esta influencia se ha construido a punta de fusil, de miedo y de intimidación. Mucha gente de esos territorios históricos, que las Farc cuentan como propia, está en realidad en su contra y no puede expresarlo porque sienten que los pueden matar. Es el caso por ejemplo de San Vicente del Caguán, donde en las pasadas elecciones ganó el Centro Democrático, el partido político anti-Farc por excelencia. “La pregunta no es cómo sería en esos territorios la relación de unas Farc sin armas con sus bases, sino con las comunidades que no están alineadas con ellos”, se plantea Gonzalo Murillo, exdirector de la Red de Programas de Desarrollo y Paz.

Así mismo ocurre con la Justicia y otras instituciones existentes. En el documento de la guerrilla no queda claro cómo se articularían estos territorios, donde habría cabildos populares y otras formas de participación y autogobierno, con las instituciones existentes. Cómo estarían diseñadas de manera que los alcaldes o los jueces no terminen como invitados de piedra en ejercicios de democracia directa.

Del lado del gobierno desde hace por lo menos dos años se viene hablando de construcción de paz territorial, un concepto diferente a las Terrepaz de las Farc, puesto que busca incidir en las regiones con proyectos amplios de desarrollo y democracia donde participen todos los actores sociales, incluidos los guerrilleros que dejen las armas. Al respecto el alto comisionado para la Paz ha dicho que se busca integrar y no fragmentar más al país.

Lo importante en todo caso de que las Farc hayan puesto sobre la mesa su propuesta de territorios de paz es que el país tendrá que empezar a discutir los verdaderos temas de fondo del posconflicto, más allá de si hay recursos para hacerlo y de cuánto costará. Es decir, dónde, cómo y quiénes lo implementarán, y qué implicaciones tendrá para la gente, tanto para los que vienen de la guerra, como quienes la han soportado desde la sociedad civil.

semana.com