Uribe estaría dispuesto a ceder es que los jefes de las FARC cumplan con una pena restrictiva de libertad pero en condiciones similares a las de cualquier cárcel.
Uribe estaría dispuesto a ceder es que los jefes de las FARC cumplan con una pena restrictiva de libertad pero en condiciones similares a las de cualquier cárcel.

 www.fuerzasmilitares.org (09DIC2015).- Desde el pasado 23 de septiembre, cuando el presidente Juan Manuel Santos y ‘Timochenko’ se dieron la mano tras fijar las bases del acuerdo en materia de justicia, el senador Álvaro Uribe expuso por lo menos diez motivos para rechazar ese acuerdo.

Era previsible. Uribe y su partido político han sido los más críticos del proceso de paz que el gobierno del presidente Santos adelanta con la guerrilla desde hace más de tres años. Su principal argumento es que en La Habana se acordará una paz con impunidad.

Pero dos meses y medio después de aquel apretón de manos, Uribe mantiene sus mismas inquietudes y los mismos temores frente al acuerdo en materia de justicia. Sin embargo, su mensaje ha cambiado. A tal punto que por primera vez habla de “admitir” esos acuerdos de justicia en aras de la paz.

Uribe expuso nuevas reflexiones sobre esta materia. Lo hizo a través de un extenso documento que redactó en su finca de Rionegro y que hizo público ahora, cuando el plebiscito por la paz está apunto de ser convertido en ley.

A diferencia de lo que expone el Gobierno, e incluso la Corte Constitucional, Uribe insiste en que no se debe romper el equilibrio entre justicia y paz. “Se requiere justicia para que la paz sea respetada por los mismos actores violentos o por otros que pretendan sucederlos en su acción delictiva. Además, sin justicia adecuada no hay garantía de estabilidad en el largo plazo a favor de los acuerdos y de los propios signatarios”.

Uribe señala que si en aras de la paz los cabecillas de las FARC, responsables de delitos atroces, no van a cárceles ordinarias “por lo menos durante la sentencia alternativa, esto es, más corta, que se les imponga, deberían estar recluidos en lugares que tengan condiciones penitenciarias, así esos sitios fueran granjas agrícolas o similares”.

En la práctica lo que Uribe estaría dispuesto a ceder es que los jefes de las FARC cumplan una pena restrictiva de libertad, pero en condiciones similares a las de cualquier cárcel. Porque asegura que “una vaga restricción de libertades no sería un castigo y daría lugar a dificultades interpretativas en el futuro o a la impresión de engaño a la ciudadanía”.

El pasado 23 de septiembre Uribe reaccionó en contra de la creación de una jurisdicción especial de justicia para la paz, como quedó señalado en las bases del acuerdo entre el gobierno y las FARC. Entre otras porque consideró que la guerrilla influiría en la conformación de sus miembros, lo cual la haría imparcial.

Ahora Uribe se muestra por primera vez dispuesto a aceptar esta jurisdicción, pero con la condición de que únicamente sea para los guerrilleros, y no para juzgar a civiles o militares.

“En aras de la paz, sin que estemos de acuerdo, aceptamos que a la guerrilla se le trate como actor unilateral de conflicto y que se le aplique justicia transicional, administrada por el tribunal que informan los acuerdos, que no se aplicaría a los civiles ni a los integrantes de las Fuerzas Armadas”.

Uribe dice que la ciudadanía no ha sido parte del conflicto sino víctima de la violencia, y sobre las Fuerzas Armadas señala que se han distinguido por su respeto a la democracia y han cumplido del deber de proteger al pueblo y el territorio, por lo que no deben seguir siendo equiparadas con “agrupaciones terroristas” ni consideradas parte del conflicto.

“El tribunal transicional, en cuya escogencia, directa o indirectamente, participaría la guerrilla, por el “hecho excepcional de la paz”, tendría la inclinación de absolver a la guerrilla, para lo cual a esta le bastaría no negar los crímenes cuya autoría ha sido notoria, y que reconocerían en nombre del derecho a la rebelión y con la invocación de una cadena de justificaciones”, considera Uribe.

En ese tribunal especial, dice el senador, hay fundadas razones para suponer la proclividad de condenar a civiles, militares y policías. Eso “conduciría a que civiles y uniformados, para evitar cárcel, se vieran obligados a aceptar delitos que nunca cometieron, con lo cual se obtendría no la paz, sino el desquiciamiento de la justicia, con antecedentes graves de superar”. Por eso insiste en un alivio judicial a los militares y policías, sin impunidad y sin condiciones de justicia transicional.

Que Uribe se acerque a la paz puede ser una idea que se desprenda de este documento. Sin embargo, las condiciones que expone para aceptar el acuerdo de justicia probablemente están muy lejos de las pretensiones de la guerrilla y las concesiones que, en aras de la paz, el Gobierno pueda otorgar.

Lo cierto es que Uribe se puede ver cada vez más sin argumentos a medida que avanza el llamado tren de la paz al que el Gobierno lo ha invitado a subirse. De momento, el único escenario que se advierte para que continúe su oposición al proceso de paz es el plebiscito, una arriesgada apuesta, pues el Gobierno apunta a reducir este debate entre los que están a favor de la paz y los que no.

semana.com