El 66 por ciento de los menores que estuvieron en grupos armados eran hombres, según datos de la Unidad de Víctimas.
El 66 por ciento de los menores que estuvieron en grupos armados eran hombres, según datos de la Unidad de Víctimas.

www.fuerzasmilitares.org (22MAR2016).- De los 309 que estuvieron en las filas del Alemán, 140 han sido indemnizados.

“Otros jóvenes me influenciaron y me dijeron que me fuera con ellos para unirme a los paramilitares; me fui porque la vida de nosotros como campesinos era muy dura, vivía con mis hermanos, y mi mamá, en Apartadó, y no estaba de acuerdo con que mi mamá de pronto fuera a tener otro hijo porque ya éramos una familia grande.Entonces un día llevé a mi mamá a San Pedro de Urabá para que le hicieran una ligadura de trompas, y mi papá se enojó muy feo conmigo y ahí fue cuando decidí irme para allá”.

Ese es el relato de Carlos Quintero, uno de los 309 niños que fueron vinculados a las filas paramilitares por Freddy Rendón Herrera, alias el Alemán. “Como a todo niño, a mí me llamaron la atención las armas. El campamento quedaba en el Chocó. Llegamos en la noche y nos presentaron a una muchacha que me alumbró con una linterna y dijo: ‘este me gusta”, recuerda Carlos.

“Duré siete años durmiendo en el monte, aprendí a manejar las armas y a combatir, pero cuando había un compañero herido me cubrían para que yo lo atendiera porque me instruyeron como enfermero en primeros auxilios”.

Para Carlos, quien hoy tiene 33 años e hizo parte del grupo de paramilitares que se enfrentó con la guerrilla el 2 de mayo del 2002 en Bojayá (Chocó), lo más difícil de hacer parte de la guerra era ver caer a sus compañeros. “Muchos de nuestros compañeros quedaron inválidos, y es muy duro ver que se mueren en un combate y además dejan huérfanos por ahí”.

“Para nosotros fue un alivio salir de eso porque de todas maneras uno sabe que en cualquier momento lo pueden matar. La vida me cambió, recibí una casa gratis, tengo tres hijos y soy una persona que trabaja por la comunidad”, concluye.

Los niños en situación de vulnerabilidad fueron el objetivo principal de los ‘paras’ para integrarlos a sus filas. Con frecuencia, un grupo de jóvenes recorría los pueblos y veredas del Totumo, uno de los ocho corregimientos del municipio de Necoclí, Antioquia, en busca de menores.

Digna se unió a ellos cuando tenía quince años. “Yo no tenía ni papá ni mamá, y la señora con la que estaba me pegaba mucho y yo no quería seguir ahí”, relata.

“Allá todo fue muy difícil; yo era patrullera, como todos los demás tenía armas. Una vez en un combate me hirieron en una pierna. Duré siete años allá. Cuando me fui a desmovilizar, pensaba: qué voy a comer, dónde voy a vivir, porque no tenía nada. Al menos allá tenía comida. Ahora vivo con mis cinco hijos de la ayuda del Gobierno, pero no es suficiente; yo vivo en un ranchito que si llueve nos mojamos. Estoy esperando a que me den la casa que me prometieron”, dice Digna.

En una sentencia sobre reclutamiento forzado, la Corte Suprema de Justicia describió las afectaciones que sufren los menores en la guerra.

“Las dimensiones del daño físico y psicológico causado a los niños por la guerra son indescriptibles y dejan huellas que jamás podrán ser borradas. Los niños no podrán olvidar lo que han visto y sufrido y, sobre todo, lo que han hecho. Cuando los menores entran al grupo ilegal tienen una afectación a su identidad; se les niega el derecho de tener un hogar y educación, son privados de su niñez y de su adolescencia”, dice el fallo del alto tribunal.

El fenómeno en cifras

De acuerdo con el Registro Único de Víctimas, 8.942 personas fueron vinculadas de forma ilegal a diferentes grupos al margen de la ley cuando todavía eran menores de 18 años. (2.715 fueron reclutadas antes de 1985; los más de 6.000 restantes, en los últimos 20 años).

Los departamentos con mayor incidencia de este fenómeno de utilización de niños, niñas y adolescentes son: Antioquia (20%), Meta (9%), Caquetá (7%), Cauca y Tolima (6%), Putumayo (5%) y Nariño, Valle del Cauca y Arauca (4%).

El ICBF señala que, de sus registros, el 63 % de los niños reclutados corresponden a las Farc; a las Auc 18 %; al Eln 16 % y a las bandas criminales  3 %.

La Unidad para las Víctimas dice que de esos, el 66 por ciento eran hombres; el 31 por ciento, mujeres, y del 2,3 por ciento restante no tiene registro. En total, un 0,02 corresponde a población LBGTI.

En ese mismo registro hay 32.247 personas inscritas por desplazamiento forzado asociado a la amenaza de reclutamiento ilícito de niños, niñas y adolescentes. Es decir, familias que abandonaron su hogar porque un grupo armado amenazó con llevarse a alguno de sus hijos.

La entidad encargada de la reparación de las víctimas del conflicto en el país indica que, aproximadamente, 30.000 menores, que sufrieron diferentes hechos victimizantes, han sido beneficiados con la entrega de un encargo fiduciario, el cual se hace efectivo al cumplir la mayoría de edad. Alrededor de 2.500 de los menores víctimas de vinculación a grupos armados ilegales recibieron indemnización.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) señala que, entre los niños desvinculados que han sido atendidos por su programa especializado, cerca del nueve por ciento pertenecían a comunidades indígenas y siete por ciento, a afrodescendientes.

Sobre los 309 menores reclutados por los que recibió condena Freddy Rendón Herrera, alias el Alemán, la Unidad para las Víctimas dice que 140 ya fueron reparados.

eltiempo.com