Odontólogos FARC
Un guerrillero odontólogo interviene a uno de sus compañeros en la enfermería construida en el campamento de los llanos del Yarí, en Caquetá.

www.fuerzasmilitares.org (24OCT2016).- “El Mono Jojoy se preocupaba mucho porque los guerrilleros nos preparáramos no sólo en lo militar. Un día me dijo: qué vamos a hacer con tantos compañeros que son capturados o desaparecidos cuando salen a tratamientos. Unas semanas después retomó la conversación y me dijo en tono animado: ya me soñé cómo solucionar esto. Si los médicos no vienen a nosotros, pues vamos a volvernos médicos”, explica Uriel, un campesino llanero, uno de los más experimentados médicos del Bloque Oriental.

Desde la enfermería dispuesta en la Décima Conferencia de las Farc en los llanos del YaríUriel recorre sus más de dos décadas de historias como guerrillero y médico empírico. Recuerda que su primera prueba de fuego en la medicina fue en la toma de Miraflores, en 1998. Ese día tuvo que atender dos heridos graves por tiros en el tórax. “Uno era guerrillero y el otro, militar. Ambos se salvaron”, detalla Uriel.

La guerra es la mejor escuela de un médico. La selva el mejor laboratorio de los botánicos. Y esos dos elementos hacen que los médicos guerrilleros tengan una característica: utilizan todo lo que está en su entorno para salvar la vida de un compañero. “Ser médico en una guerrilla es exigente. Recibimos heridos graves por disparos o bombardeos, trabajamos en condiciones extremas, con pocos equipos y muchas veces sin medicinas. Trabajamos en medio de combates, de operativos. Pero también tenemos que atender dolores de muelas, apendicitis, picadas de culebra. Somos médicos rurales experimentados”, continúa.

Uriel, de unos 40 años, es uno de los primeros médicos empíricos formados en la escuela de las Farc. Recibió sus primeras lecciones de Mauricio Jaramillo, más conocido como el Médico, y de Laura Villa, ambos médicos profesionales por los que pasó la formación de decenas de guerrilleros del bloque Oriental de las Farc, que al decir de muchos comandantes insurgentes, fueron quienes más desarrollaron el sistema de salud en las Farc. Allí se formaron la mayoría de médicos guerrilleros y se diseñó la estrategia de hospitales móviles.

Y tanto se desarrolló esta área en las Farc, que muchos comandantes, piensan los médicos, enfermeros y odontólogos, será la punta de lanza de la reincorporación de los guerrilleros a la vida civil una vez se desempantane el Acuerdo Final de Paz. Por los días en que se realizó la Conferencia Guerrillera y que el aterrizaje de los combatientes a la vida civil parecía estar a un paso, el máximo comandante de las Farc,Timoleón Jiménez, lo expresó así: “Somos una fuerza revolucionaria, pero también una fuerza trabajadora que busca aportar al desarrollo y bienestar del pueblo colombiano”.

“No soy médica titulada, pero puedo ser mejor que muchos de los que pasaron por prestigiosas universidades del país”, explica Yurluey, enfermera con 20 años de experiencia que hoy sueña con graduarse como médica y que su experiencia salvando vidas en medio de la guerra valga en la vida civil. “No soy titulada, pero en La Habana se pactó que nuestra experiencia va a ser homologada luego de presentar un examen de desempeño profesional”.

Cuando Yurluey ingresó a las Farc, por los tiempos de la zona de despeje en el Caguán, le explicaron que ella debía elegir un área de formación académica y práctica. En ese entonces la dirigencia ya había visto la necesidad de desarrollar el campo de la salud dentro de sus filas. Marulanda, el Mono Jojoy y Mauricio Jaramillo hicieron del bloque Oriental la espina dorsal de las Farc no sólo por su capacidad operativa, sino por la preparación de sus combatientes.

Marulanda y el Mono Jojoy se preocupaban mucho porque los combatientes aprendieran oficios y apoyaron mucho a quienes querían preparase académicamente”, agrega Gina, enfermera especializada en traumatología, con 11 años de experiencia en campo. Tiene un bebé de un año que nació en la vida guerrillera. “A mí no me funcionan bien los métodos de planificación y cuando me enteré que estaba embarazada decidí tenerlo. Aquí me hicieron todo el seguimiento y él nació perfecto”, explica.

“Aunque el Mono Jojoy fue quien más insistió en la necesidad de mejorar nuestra preparación en temas de medicina, Mauricio, el Médico, fue quien desarrolló toda la metodología de formación y diseñó el funcionamiento de los hospitales móviles”, sostiene esta guerrillera llanera de unos 30 años.

La historia de la evolución de la medicina en las Farc se parte en dos con los diálogos de paz de San Vicente del Caguán, entre 1998 y 2001. “Antes de la zona de despeje trabajábamos más en primeros auxilios. En el despeje adquirimos experiencia importante. Allá practicamos muchas cirugías y estudiamos bastante. Pero cuando se acabaron los diálogos y se nos vino encima la guerra, fue que desarrollamos más el tema médico. Por varias razones. Una es que se incrementaron los combates, los bombardeos y tuvimos muchos heridos que atender. La otra es que como la inteligencia militar intensificó sus acciones, empezamos a ver cómo compañeros caían cada vez que los enviaban a tratamiento a algún pueblo o ciudad”, detalla Yuri, un comandante que hizo parte de la delegación de paz de La Habana y coordina los hospitales médicos, especialmente desde la odontología, que es su especialidad.

Medicina, guerra e inteligencia militar

El desarrollo del conflicto armado significó para las Farc, entre otras cosas, la evolución de su medicina. Entre los años 70 y 80 se consolidó el primer grupo de combatientes enfermeros de guerra. Mediante los cursos impartidos por los contados médicos que en ese momento integraban las filas guerrilleras, se formaron los primeros enfermeros educados en la universidad de la selva. El énfasis era entonces en primeros auxilios. Se desinfectaban heridas, se detenían hemorragias, se ponían inyecciones y, algunas veces, se estabilizaban heridos graves hasta que eran trasladados a un centro médico. El bloque Oriental contaba en sus filas con Mauricio Jaramillo y Laura Villa, médicos titulados que educaron una generación de enfermeros.

A principios de los años 90 las Farc habían multiplicado su presencia territorial, engrosado sus filas, desarrollado su economía y lanzaron una fuerte arremetida militar. Las tomas de pueblos y las emboscadas a patrullas militares, además de las decenas de soldados capturados por la guerrilla, demostraron un poder que puso en riesgo al Estado. El cerco sobre Bogotá era el paso siguiente. El proceso de paz con Andrés Pastrana marcó otra etapa en las Farc. En los más de 42 mil kilómetros despejados en San Vicente del Caguán y cuatro municipios más del Meta y Caquetá las Farc se convirtieron en un poderoso ejército. Durante los casi cuatro años de negociaciones la guerrilla aprovechó el tiempo para pertrecharse, estrechar relaciones estratégicas y la medicina tuvo un desarrollo exponencial. Allí se consiguieron los medios para conseguir equipos médicos suficientes y montar hospitales móviles. Los enfermeros pasaron a médicos generales. Algunos se especializaron en cirugías de urgencia y programadas. Se operaban hernias, fracturas mal curadas y se realizaban tratamientos médicos.

De la negociación salieron bien preparados, pero la reingeniería del Ejército puso a prueba lo aprendido. El Plan Patriota, los bombardeos de alta precisión, lentes de visión nocturna o microships de georreferenciación invirtieron la balanza de la guerra. La inteligencia militar desplegó toda su ferocidad y localizó las fuentes de abastecimiento, la redes de apoyo, los centros de salud, las rutas de compra de armas, infiltró agentes secretos, compró la lealtad de los círculos de seguridad de los mandos y aisló a la guerrilla. La construcción de perfiles detallados de los jefes guerrilleros los condujo a quebrantos de salud y permitió capturarlos o matarlos. El Mono Jojoy, como es bien conocido, cayó hace nueve años porque infiltraron un microship en sus botas especiales para la diabetes. En este contexto, los médicos y enfermeros de las Farc tuvieron mucho trabajo.

“Cuando nos vimos envueltos en la escalada de la guerra, y el Ejército intensificó su actividad de inteligencia, nos dimos cuenta de que uno de los flancos por el que éramos golpeados fue el tema de la salud. Al principio muchos de nuestros heridos salían a tratamiento y eran capturados. Cuando uno llega con una herida de guerra, por lo menos de bala, los protocolos obligan a emitir reportes. Además de las exigencias de cédulas, las EPS y demás requisitos que por supuesto no cumple un combatiente. Si lograban hacerse los procedimientos corrían peligro de ser capturados. Además, la inteligencia empezó a intervenir nuestras redes de apoyo. Infiltraron gente en hospitales y esos “médicos” aprovechaban estas situaciones para poner microships en sus cuerpos cuando los operaban. Nos dimos cuenta de que cuando regresaban a los campamentos eran localizados y bombardeados. En los cuerpos de quienes habían salido a tratamiento encontramos los aparatos. Eso hizo que nuestra dirección decidiera profundizar el trabajo en el área de salud”, narra Yuri, veterano guerrillero que por años hizo parte de la escolta de Manuel Marulanda.

La transformación del conocimiento médico del bloque Oriental pasó por las manos de Uriel, quien pasó años al lado del Mono Jojoy. Lleva más de dos décadas como enfermero de guerra y es quizás el médico empírico con más experiencia del bloque. Tomó el camino de la medicina por “accidente”, sostiene con una sonrisa. Cayó herido y tuvo que permanecer en un hospital móvil por largo tiempo. En esas Jojoy le propuso que empezara a estudiar enfermería. “Le respondía que eso era muy difícil para una persona analfabeta como yo, pero finalmente asumí la tarea que me encomendó”, añade.

Paradójicamente los testimonios de los más antiguos enfermeros de las Farc coinciden en que son graduados de la universidad de la guerra en las selvas de Colombia y que su especialización se selló en el auge de las grandes operaciones militares: “Sentí que me gradué como médica en 1998, había muchas tomas guerrilleras y recibíamos cantidades de heridos. Se necesitaban equipos de 15 personas, cuando normalmente eran de máximo seis. Teníamos que clasificar los heridos para poder atenderlos. Hacíamos turnos duros. Nos dimos cuenta de la necesidad de estudiar cada vez más porque se nos moría gente por falta de conocimiento para atenderla. En la zona de despeje aprendimos mucho porque pudimos estudiar. Vinieron médicos de afuera y conseguimos mejores equipos. Ahí me convertí en cirujana. Hicimos muchas cirugías programadas. Me especialicé en laboratorio clínico. Aprendí a sacar muestras de sangre, orina, fecales y hematologías. En condiciones difíciles como las que vivimos aprendemos muy rápido”, concluye Adriana, una enfermera de 16 años de experiencia, encargada del laboratorio clínico en el Bloque Oriental.

Ahora que los combatientes de las Farc iniciarán su proceso de reinserción a la vida civil, los médicos, enfermeros u odontólogos guerrilleros asumirán la tarea de ser los primeros en dar el paso a la vida sin armas. Los oficios aprendidos en las selvas de Colombia se convertirán en su principal herramienta para defender sus ideas.

Pero una preocupación ronda sus cabezas: “Aquí nos atienden en nuestros hospitales y enfermerías sin ningún problema. No nos cobran la medicina, no nos obligan a hacer aportes mensuales, las citas no se demoran meses. Nosotros hemos construido un Estado eficiente en las regiones y algo que no puede pasar es que después de tener todas las garantías en temas como la salud, ahora tengamos que acudir a una EPS corrupta y negligente. Eso no lo soportaríamos”, reflexiona un comandante que participó en la delegación de paz de La Habana.

La tierra y la paz: ni contigo ni sin ti

El médico guerrillero generalmente es muy recursivo. Por ejemplo, estamos en un operativo y alguien se fractura. Si no tenemos con qué curarlo, la selva nos ofrece los materiales necesarios. Si se fractura uno coge tablillas de la palmatriste. Ella bota una hoja que tiene como un empaque de la flor. Y ese cascaron uno lo acomoda y queda una férula muy buena”, explica Uriel.

Ese conocimiento de la selva, de sus plantas y la memoria oral de la vida campesina en regiones aisladas, han permitido que en las Farc tengan prácticamente un herbario medicinal. “Si son enfermedades tropicales, como el paludismo, hay un palo que se llama aralé, del que sale la misma cloroquina, y lo tratamos con eso”, explica Adriana. “Las hojas de mango y papayo, en emplastos, son desinflamantes”, agrega.

“Para la picadura de culebra sirve la hiel de borugo. Para la lesmaniasis, el palo de resbalamono. La malaria se trata con árbol de quina y las fracturas con una mata que se llama sueldaconsuelda”, concluye no sin antes advertir, con tono de seguridad, que las medicinas salen de componentes químicos que se encuentran en las plantas, y que muchas de esas enseñanzas están en la sabiduría popular campesina.

 

(Alfredo Molano Jimeno - El Espectador)