Comuna 13Yuliet, Socorro, Jorge, Nelly, Alexánder, Morelia y muchas otras voces en las calles de la comuna 13 coinciden en las mismas imágenes: un helicóptero artillado que disparaba contra las casas, estruendos, gritos, llanto, balas por todos lados y desespero, mucho desespero. Y trapos blancos en las ventanas: sábanas, camisetas, limpiones, toallas e incluso calzones. De eso, de la Operación Orión, van diez años y las voces coinciden en más: no han olvidado.

El exalcalde de Medellín, Luis Pérez Gutiérrez , también tiene en su memoria que días antes de ese 16 de octubre subió a la comuna con un grupo de periodistas y “de allá nos devolvieron a bala. Adelante de nosotros iba un carro del Tránsito que quedó como un colador”.

“Me llenó de vergüenza -dice Luis Pérez - que un Alcalde no pudiera entrar a una zona de la ciudad”. Y entonces se reunió con los comandantes de la Policía y del Ejército y les dijo que la situación no podía seguir así porque, de lo contrario, debían renunciar todos, incluido él.

A los habitantes los entristece lo que vino con el operativo: “No voy a olvidar”, dice Yuliet Ramírez , que con sus 41 años, 34 vividos en San Javier, cuenta que no le ha tocado pasar por algo tan difícil como los tres días del operativo que empezó el 16 de octubre de 2002. Pero el que la marcó fue el 17, un jueves a las 3:15 de la tarde, cuando su hermano Elkin de Jesús Ramírez venía entrando por la parte de atrás de la casa y “policías desde el frente le dispararon”. Cayó por el solar hasta llegar rodando a una cuneta a la que nadie accedía en ese momento porque el combate arreciaba.

Ese jueves, Elkin le había dicho a Yuliet que no se preocupara por los problemas económicos por los que atravesaba porque ese fin de semana le pagarían una plata y con eso le ayudaría. Él se había comprometido con la crianza de las sobrinas. Ella lo sabía, “pero, vea, no dejaron que eso pasara”.

Cuenta Yuliet que a su hermano, “según el reporte que nos mostraron, lo sindicaban de miliciano, pero cómo iba a ser eso si era seminarista, si él ayudaba a preparar a los niños del barrio para que hicieran la primera comunión”.

Los números de Orión

Según Adriana Arboleda , abogada de la Corporación Jurídica Libertad, la Operación Orión “es la incursión militar más grande que se ha realizado en un territorio urbano”. A ese sector del occidente de Medellín llegaron cerca de 1.500 hombres del Ejército, el DAS, la Policía y el CTI. El informe La huella invisible de la Guerra -desplazamiento forzado en la comuna 13- del grupo de Memoria Histórica de la desaparecida Comisión Nacional de Reparación, destaca que en la operación participaron “hombres y mujeres informantes encapuchados, quienes luego de haber sido capturados en el marco de anteriores operaciones militares habrían brindado información a las autoridades”.

El Banco de Datos de Violencia Política del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) señaló que en el operativo se hicieron 355 capturas de cuya pesquisa 82 personas fueron a juicio y, finalmente, solo nueve fueron condenadas. Reportes que las autoridades dieron en su momento revelaron que durante los tres días murieron tres civiles y 39 resultaron heridos. También murieron 10 guerrilleros, un policía y dos soldados, además de cinco y nueve heridos, respectivamente.

Pero Patricia se acuerda de más, de que el 17 de octubre tocaron a su puerta hombres que se identificaron como policías que necesitaban hacer un cateo:

-¿Y la orden? ¿No tienen que traer un permiso?

-Cuál permiso. Aquí necesitamos es entrar a su casa porque está señalada.

Y no encontraron nada, eso dice Patricia hoy. El Cinep señaló en su momento que la Fuerza Pública realizó 150 allanamientos en la comuna 13, “muchos de ellos hechos de manera irregular, sin ninguna orden de tipo judicial”, dice la Corporación Jurídica Libertad.

Los días que siguieron

Liliana María Uribe Tirado , abogada de la Corporación Jurídica, asegura que entre noviembre de 2002 y enero de 2003 hubo en la comuna 13 un total de 89 casos de desaparición forzada. Diez años después no aparecen muchos de esos cuerpos. Sus familiares no pierden la esperanza de volver a encontrarlos.

Ahí está Gloria Holguín , que aún conserva la última factura de teléfono celular que pagó su hijo, Carlos Emilio Torres .

-¿Espera encontrar a su hijo vivo?

-Yo no sé. Mire, la conservo por boba que es uno. Y ahí se ve clarito las veces que me llamaba al día, entonces ahora pienso: ¿estar vivo y no darme una llamadita en diez años?

Carlos Emilio ni siquiera vivía en la comuna 13. Sus 28 años, los que tuvo hasta que desapareció, los vivió en Robledo; era su novia la que vivía en el barrio El Salado, adonde fue a visitarla el 22 de noviembre de 2002, un mes después de Orión. Estaba recostado, esperando que ella llegara de trabajar y unos hombres tocaron la puerta: “que necesitaban al muchacho de la moto DT que había en El Reversadero”, cuenta doña Gloria que le contó la cuñada de su hijo.

“Dizque lo metieron a golpes a un taxi, porque él intentó prender la moto y volarse, entonces lo maltrataron y se lo llevaron. Eso es lo último que sé de él”.

Días después Gloria dio con la moto de su hijo: “Me la entregaron por partes en San Cristóbal, dicen que allá enterraron a mi hijo”. Hoy no sabe cómo, pero ella armó esa DT 125, la subió sola al tercer piso donde vive en Robledo y la metió en la habitación de Carlos Emilio, esa habitación que está intacta, tal cual la dejó él ese 22 de noviembre. “No saqué esa moto de allá por dos años. Me daba muchísimo miedo. En ese cuarto estuvo hasta que la Fiscalía me dijo que la necesitaba”.

Pese a las denuncias de vulneración de derechos que presuntamente se cometieron durante y después de Orión, el exalcalde Luis Pérez Gutiérrez dice que se encargó de que tales desmanes no se cometieran: “contraté 200 observadores de Derechos Humanos para que ni la autoridad ni los bandidos se aprovecharan de la situación. Hay que acordarse de que en la guerra hay muchas pérdidas”.

Cuenta Pérez que la situación en el sector se había hecho insostenible al ser “una zona propicia para que la ilegalidad se instale”. Según el exmandatario, el paso del oleoducto representa una fuente eventual de renta ilegal muy grande además del paso estratégico hacia Urabá sin entrar a la ciudad.

Pero con sus 33 años viviendo en el sector, Jorge no justifica tal avanzada militar, “es que eso parecía Palestina”. Aunque para él lo más difícil fueron los meses que siguieron, los que él llama los de ‘la guerra fría’. Relata que los muertos no se veían, pero de repente se enteraba de un asesinado o un desaparecido. “Había un señor que vendía pollo asado y cuando estaban los milicianos se le sentaban a comer y no le pagaban. Pues como dos meses después de Orión lo mataron que por ser colaborador. ¡Qué tal!”.

Jorge Enrique Vélez , quien fue secretario de Gobierno de Luis Pérez y estuvo durante la Operación Mariscal, que precedió a Orión, rescata que con las dos incursiones “se recuperó una zona de la ciudad que estaba olvidada, porque no solo fue el tema militar. También se hizo una gran inversión social”.

Vélez, hoy Superintendente de Notariado y Registro, afirma que mientras estuvo frente al despacho de gobierno “no hubo auge paramilitar. En Medellín lo que hay son mercenarios. La gente de las bandas, si la guerrilla les paga más son guerrilleros, si el gobierno les paga más son gobiernistas. Los jóvenes terminaron haciendo de la guerra su trabajo”.

‘La operación no ha acabado’

Socorro Mosquera cree que lo más difícil, después de esos tres días de octubre de 2002, es el desarraigo. Recuerda, y llora cuando lo cuenta, que le tocaba dejar a sus hijos solos en casa y decirles cómo montaban un arroz. Para ella, considerada líder en el barrio, la Operación Orión “no ha terminado”. Denuncia continuos abusos por parte de las autoridades en la zona, confirmados por Jairo Herrán Vargas , personero de Medellín entre 2004 y 2011. “Se decía de connivencia de la Fuerza Pública y las bandas. La comunidad denunció las actuaciones, la tolerancia con las plazas de vicio”, expresa Herrán.

El cielo sin disparos

El comandante de la Policía Metropolitana, general Yesid Vásquez , considera que con todo lo hecho en la 13 se ha logrado hoy un panorama diferente al que había hace una década. “La comunidad está pidiendo que no se estigmatice más el sector. A pesar de los problemas hay una nueva vida que ellos quieren emprender”.

Un total de 400 policías cuidan los 19 barrios de la comuna 13. Según el General, la ‘neutralización’ de cabecillas como alias “la Boa”, “Nana”, “Chito”, están entre un total de 180 capturas que han diezmado a las 25 bandas que delinquen en el sector. Advierte que “hay una nueva generación de grupos delincuenciales, algunos direccionados por menores de edad”.

Para Vásquez, la principal diferencia de la comuna 13 de hoy, que muestra a la fecha una disminución del 51 por ciento de homicidios comparada con 2011, es que la Fuerza Pública no tiene territorios vedados y la gente reclama la permanencia de la autoridad en los barrios.

Bajo el cielo por el que los helicópteros pasaron disparando sobre los tejados, Sergio Zuluaga,en funciones de secretario de Gobierno de Medellín, ve hoy un hogar para la vida, con una importante oferta institucional, con inversiones como las escaleras eléctricas y la historia que prueba que “tarde o temprano la gente en la ilegalidad será vencida por el Estado”.

Un hogar ahora atestado de grupos juveniles y sociales a los que aquellos días de zozobra y balazos no silenciaron.

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