En el Hospital Militar son atendidos los héroes heridos en acciónA ninguno le enseñaron en la universidad cómo operar a un paciente con una granada incrustada en una pierna o con un proyectil de mortero alojado en el pecho, sin que exploten en el procedimiento de extracción.

Tampoco les dijeron cómo explicarle a un joven que, "por su bien", tienen que amputarle una o ambas piernas después de que fue víctima de una mina antipersonal. Mucho menos les indicaron cómo alentar a la familia de un hombre en estado de coma con quemaduras graves en casi todo su cuerpo por una explosión. 

Pero eso es lo que hacen a diario los miembros de la Unidad de Trauma del Hospital Militar, en Bogotá. Un lugar al que solo se puede calificar como una fábrica de milagros, porque no solo se hace lo que se puede con los medios disponibles, sino en el que también se ve un "toque de intervención divina". De lo contrario, nadie podría explicarse cómo un militar que recibió un tiro de fusil que entró por la cara, atravesó el cráneo y salió por debajo de la oreja, está vivo.

El doctor Ricardo Uribe es el coordinador de la unidad y se hizo famoso porque hace varios años operó en el helipuerto del hospital a un soldado que llegó con una granada sin explotar en una de sus piernas. "Esa fue la cirugía que sacaron en un capítulo de 'A corazón abierto'", comentan los empleados del centro asistencial.

Ya son ocho procedimientos similares los que Uribe ha realizado y en todos lo ha acompañado el doctor Álvaro Cogollos. "Para operar al muchacho de la granada -primero de ese tipo de casos- nos tocó llamar a Israel a preguntar qué hacíamos. Hasta nos dijeron que amputáramos (...). Al doctor Cogollos le tocó quedarse solo estabilizándolo, mientras yo hacía las llamadas. No quedó de otra sino operarlo como hacía mi abuelo hace más de 50 años".

El "feudo" de trauma

El doctor Uribe no duda en afirmar que la cirugía de trauma en hospitales como el militar es totalmente diferente a otro tipo de práctica de la Medicina, porque son heridas con armas de alta velocidad, que requieren un largo tiempo de hospitalización y muchos de los pacientes llegan en shock o con hipotermia.

No siempre se trabaja en condiciones ideales: a veces hay que estabilizar a un paciente antes de intervenirlo; se tiene que lidiar con infecciones fuertes, porque -en el caso de las minas- las heridas están contaminadas con materia fecal y metralla; y en otros casos se tienen que hacer muchas cirugías. De ahí que la mayoría de los pacientes del hospital tengan que pasar primero por la unidad de cuidados intensivos.

Han tenido que "inventar" técnicas quirúrgicas -como la extracción de munición sin explotar- y adecuar técnicas de rehabilitación, como el "alargamiento" de huesos fracturados luego de una herida por mina antipersonal. Entre el 17 de enero de 2011 y el 17 de enero de 2012 atendieron 1.276 pacientes, de los cuales fallecieron 19. De ellos, 12 eran militares. De los pacientes internados, 897 eran militares con edades entre los 18 y los 35 años; 50 menores entre 0 y 5 años; y 149 adultos de más de 60 años.

Uno se pregunta, ¿qué hace un niño o un anciano de 70 años en un hospital militar? Esto se debe a que el centro asistencial atiende no solo a personal activo de las Fuerzas Militares, sino militares retirados, a sus familiares y algunos pacientes particulares (124 en el último año), como habitantes de comunidades alejadas que llegan allí por petición de alcaldes y gobernadores que tramitan una evacuación.

Los pacientes permanecen en promedio 13,8 días, pero tienen uno que lleva un año. En broma, dicen que "no se quiere ir". Para ser integrante de la Unidad de Trauma se tiene que ser el mejor en su especialidad y cuando se les pregunta si más de uno los envidia y quiere su puesto, solo se ríen. Lo que sí afirman, sin falsa modestia, es que son una especie de "feudo" con disponibilidad permanente y que su distintivo dentro del hospital es un pin. "Muchas personas que trabajan en el hospital tienen el parche de Trauma (distintivo en tela), pero el pin solo se da por una resolución y los tenemos pocos", dice Uribe, mientras sus otros compañeros, la coronel (r) Gloria Flórez , coordinadora del grupo; la mayor médico Olga Andrade (fisiatra); la sicóloga Ángela María Báez ; y el doctor Cogollos, asienten con una risa cómplice y bastante orgullo.

Dolor del alma

Todos insisten en que lo que hace que a la unidad se le haya dado un giro en los últimos dos años, es que a los pacientes se les mire como personas y no como objetos a los que se debe "reparar".

La decisión parte de la importancia que ha tomado el tratamiento del estrés postraumático, que afecta a la mayoría de los pacientes que llegan al hospital. Lo que buscan es mirar a los pacientes como un todo. En el caso de los militares en ejercicio, son conscientes de que se trata de personas jóvenes que tenían todas sus expectativas en un ascenso o, en el caso de los soldados profesionales, de obtener el sustento para sus familias.

La parte médica va acompañada de tratamiento sicológico para ellos y sus parientes. A veces ellos tienen más claro lo que pasa, pero no las familias, que en muchos casos dependen económicamente de los muchachos, porque son personas de muy pocos recursos y escasa formación académica.

Si se trata de ancianos, muchos de ellos heridos en accidentes caseros, les dan recomendaciones a los familiares para que organicen las viviendas de tal forma que eviten al máximo los riesgos. "Un hueso roto se arregla, un corazón roto no se ve y a eso hay que ponerle cuidado", asegura el doctor Uribe n

Entr eel aliento y las lágrimas

La coronel (r) Gloria Flórez, coordinadora del grupo de Trauma, es como una mamá para todos, porque se preocupa cuando sus pacientes no quieren comer o están deprimidos. Siempre encuentra una palabra para consolarlos como si fueran sus hijos."¿Cómo está su muchacho? ¿Se lo llevaron a hacerle los exámenes?", le pregunta a la madre de un soldado profesional que está vivo de milagro, porque una bala le entró por la cara y le salió debajo del oído. Cuando sale al pasillo y termina la ronda, se puede dar el lujo de ponerse triste y de permitir que se le asome una lágrima.

Claves

1- El Hospital Militar Central se constituyó en 1911 por mandato presidencial.
2- La Unidad de Trauma tiene 70 años y era un centro de especialistas.
3- El expresidente Álvaro Uribe impulsó el tratamiento de alta complejidad.
4- Desde hace un año se hace tratamiento integral, incluido el psicológico.

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