Los amordazaron y con el tubo de un mortero les pegaron en la cabeza. Luego los degollaron. Aunque con un tiro habría sido más fácil matarlos, la idea era no alertar a soldados que patrullaban cerca.

Antes de enterrarlos en una fosa común, los desmembraron para que cupieran en el hueco, que les había quedado muy pequeño para sepultar seis cadáveres.

Ese fue el testimonio que le dio alias 'Ezequiel', un exguerrillero del frente 48 de las Farc, a Gustavo Adolfo Muñoz, el director de la fundación Nueva Esperanza, quien asegura que las Farc tienen que responder por la suerte de al menos 725 personas que se llevaron para pedir rescate económico y cuya suerte se desconoce.

Los cuerpos fueron exhumados por el CTI de la Fiscalía en enero de 2008 en zona rural de Puerto Asís (Putumayo). Las Farc los habían secuestrado desde el 2006.

Si bien cifras de la Policía revelan que desde el 2000 se han exhumado 23 secuestrados, seis atribuidos a las Farc, Nueva Esperanza asegura que en los últimos dos años ha ubicado en fosas comunes a 40 secuestrados por esa guerrilla, con la ayuda de desmovilizados que buscan beneficios judiciales y económicos.

 

Recompensas

La ambición de algunos exguerrilleros no es el único factor que aprovechan los 'recuperadores' de secuestrados asesinados en cautiverio. En zonas rurales, los campesinos, y en algunos casos milicianos, también informan. Una de las tácticas es poner vallas en los sitios cercanos a donde fueron secuestrados, ofreciendo recompensas.

Así fue como encontraron a un exsecretario de Gobierno de Cali, secuestrado en junio de 2003, cuando era candidato a la alcaldía de esa ciudad.

Un campesino dio la ubicación exacta del sitio donde había sido enterrado. Del secuestrado solamente se encontraron los fémures y los pies. Lo habían enterrado con la cabeza mirando al río Pepitas, en el Valle del Cauca, y las frecuentes subidas del cauce se fueron llevando poco a poco el cuerpo.

"Los secuestrados de los que nadie habla se rescatan así, muertos. De la selva no los sacan en operaciones humanitarias, sino los exhumadores del CTI", dice Muñoz.

La realidad es que para la mayoría de estas personas que no tienen renombre público ser víctima de un secuestro se convierte en su sentencia de muerte.

eltiempo.com