Estado colombiano enfrenta el reto de implementar una estrategia efectiva para combatir esa amenaza violenta.www.fuerzasmilitares.org (23SEP2014).- Las casi 1.500 hectáreas de coca que hay en las serranía de Abibe y en el nudo de Paramillo, en límites entre Antioquia y Córdoba, están en el ‘corazón’ de la macabra alianza criminal que esta semana cobró la vida de siete policías en el municipio cordobés de Tierradentro.

Los carabineros, ninguno mayor de 25 años, fueron atacados con explosivos en una vía rural y rematados a tiros de fusil y con granadas.Detrás de ese ataque, el segundo más grave contra la Fuerza Pública en lo que va del año, estuvieron guerrilleros del frente 58 de las Farc y miembros de la banda del clan de los Úsuga. (Lea también:  Zona donde atacaron a policías es clave para Farc y 'clan Úsuga').

Lo que dicen los organismos de seguridad es que hace un mes hubo una ‘cumbre’ entre alias ‘Gavilán’, segundo del grupo de los Úsuga y por quien se pagan 500 millones de pesos de recompensa, y ‘Manteco’, jefe del frente 58.

De allí salieron las órdenes para los jefes locales en Tierradentro: ‘Z-5’, por la banda, y ‘Hermides’, por la guerrilla.

En Córdoba, donde los ‘paras’ mandaron hasta hace una década, hay alarma por el regreso de la violencia de la guerrilla. Pero, sobre todo, por los alcances de un pacto entre grupos armados que también se está viendo en otras regiones del país y que gira alrededor de la coca y de la minería ilegal.

En La Guajira, Norte de Santander, Arauca, Vichada, Nariño, Cauca, Chocó y Antioquia, según los organismos de seguridad y reportes de autoridades locales, guerrilla y bandas pasaron de los pactos de no agresión a negocios conjuntos. Los arreglos incluyen a lo que queda de ‘los Rastrojos’, al Eln y al grupo que encabeza Víctor Ramón Navarro, ‘Megateo’, ex-Epl y principal narco del nororiente del país.

El último enfrentamiento armado registrado entre bandas y Farc fue en el 2011. Desde ese momento, dicen los analistas, optaron por evitar el desgaste que les dejaba la guerra y negociaron hasta las zonas donde podían ‘vacunar’ sin afectar al otro.

Eso ocurrió, por ejemplo, en el Cauca, donde en un solo enfrentamiento se contaron 13 muertos de la guerrilla y ‘los Rastrojos’. Ahora –ya con presencia de la gente de los Úsuga, ante el declive ‘rastrojo–, la guerrilla vende la droga que se produce en las áreas bajo su control, hay laboratorios comunes y arreglos para poder sacar droga por las rutas que maneja el grupo más fuerte.

“Lo que sucedió en el pasado con las autodefensas y lo del presente, con las bandas criminales, demuestra un interés especial por la comercialización de estupefacientes: están más interesadas en controlar las rutas y los puntos de embarque. Las Farc, en cambio, se interesan por el cultivo y el procesamiento de coca. De ahí que no sorprendan las alianzas actuales”, dice un informe elaborado por el investigador Camilo Echandía para la Fundación Ideas para la Paz.

En las interceptaciones de las comunicaciones de los grupos ha aparecido un nuevo término: “los primos”. Así, dice una fuente de la Policía, se mencionan en las instrucciones para no interferir con los embarques de droga del otro grupo que se mueva en la zona.

De cara a una eventual desmovilización de las Farc por el proceso de La Habana, los analistas advierten del temible gancho que pueden representar estas alianzas para los frentes más comprometidos con el narcotráfico. “Es otro tipo de violencia, porque ya no combaten entre ellos, pero se ensañan con la población civil, que, a falta de uno, es víctima de dos grupos armados”, dice el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora.

Hugo Acero, experto en temas de seguridad, señala que es probable que “esos jefes de frente que saben cuánto pueden ganar con los negocios ilegales probablemente dejarán de ser Farc si llega el momento de la desmovilización y buscarán las bandas”. Por eso, advierte, el Estado colombiano enfrenta el reto de implementar una estrategia efectiva para combatir esa amenaza violenta que podría darse incluso con el fin del conflicto.

El Úsuga de las Farc

El pacto de Farc y la banda de los Úsuga en Córdoba está mediado por el vínculo familiar del jefe del bloque ‘Iván Ríos’, Luis Óscar Úsuga Restrepo, alias ‘Isaías Trujillo’, y del máximo jefe de banda criminal, Dairo Antonio Úsuga David, alias ‘Otoniel’. La Policía dice que son primos.

La alianza también incluye acuerdos en Chocó, donde el frente 57 controla las rutas y la compra y venta de coca en la serranía, pegada a la frontera con Panamá. Hacia el norte, el control lo tienen los Úsuga. Pero la banda, a su vez, mantiene enfrentamientos con el Eln, que intenta regresar al Chocó.

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