Las exigencias de sectores políticos desatados por aumentar su poder burocrático tienen en riesgo la Unidad Nacional del gobierno Santos.
Las exigencias de sectores políticos desatados por aumentar su poder burocrático tienen en riesgo la Unidad Nacional del gobierno Santos.

www.fuerzasmilitares.org (09MAR2016).- Hasta hace pocos días, se daba por hecho que el Congreso aprobaría sin dificultad el proyecto que busca facultar al presidente para determinar las zonas de concentración de los guerrilleros de las Farc.

De hecho el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, esperaba que las críticas a la iniciativa vinieran exclusivamente del Centro Democrático, el único partido que se ha opuesto abiertamente a los diálogos con las Farc.

Pero en la política colombiana la liebre puede saltar de los lugares menos esperados. En esta ocasión y contra todo pronóstico, el gobierno se sorprendió cuando –en pleno debate— Cambio Radical criticó con dureza apartes de la iniciativa que se discute en las sesiones extras y acusó a Cristo de presionar congresistas para lograr su aprobación. “El ministro del Interior se ha dedicado a sacar este proyecto avasallando y presionando al Congreso, sustituyendo el debido diálogo por la presión y el condicionamiento de las políticas públicas en el territorio”, señaló Rodrigo Lara, presidente del partido, mientras anunció que los parlamentarios de Cambio podrían abandonar el recinto en plena votación.

Hay varias versiones sobre qué causó esa pelea entre Cristo y Cambio Radical. Mientras en Cambio señalan que la oposición a la iniciativa de ley se debe a un acto de coherencia ideológica, puesto que en 2010 Vargas, siendo ministro del Interior, promovió una reforma para que el Congreso eliminara las facultades presidenciales para determinar zonas de distensión, en la Casa de Nariño se da por hecho que el enfrentamiento tuvo un trasfondo burocrático.

Quienes defienden esta última hipótesis se basan en un hecho político que, por su carácter local, parecía poco relevante. Durante las semanas anteriores y en medio de un limbo jurídico relacionado con el reglamento del Concejo, la bancada de cabildantes de Cambio había insistido en que ese cuerpo podría nombrar el personero distrital sin tener que pasar por un trámite meritocrático. Su candidato al organismo de control era el abogado Gustavo Moreno, quien competía con el hasta hace poco candidato de los liberales, el excontralor Diego Ardila.

No obstante, a comienzos de la semana pasada se hizo pública la respuesta del Consejo de Estado a una solicitud hecha por Cristo, en la que se determina que la escogencia del personero debe ser por méritos. Y aunque Cristo insiste en que hizo esta solicitud en respuesta a una petición hecha el año pasado por el Concejo, en Cambio Radical aseguran que el ministro realizó una movida deliberada para evitar que el partido de Vargas Lleras incidiera en el organismo de control.

Al malestar que generó este hecho, se suma la molestia que había causado en un sector de Cambio el nombramiento del gavirista Miguel Uribe como secretario de Gobierno de la ciudad. Lo anterior porque, si bien Germán Vargas apoyó la elección de Peñalosa, tener la cabeza de la secretaría más poderosa es un triunfo que hoy se adjudican sus principales competidores a futuro: los liberales.

El eventual impacto de la manzanilla bogotana en el tono de las discusiones del Congreso, no es el único episodio que evidencia que el apoyo a la paz también se ha convertido en un pretexto para aumentar el poder burocrático de algunos políticos.

El caso de La U es el más evidente. En un encuentro que tuvo lugar el 20 de febrero en Cartagena con el presidente, los parlamentarios del partido expresaron malestar porque Vargas, de una parte, y los liberales, por otra, ‘tienen mucha representación’. Desde entonces, han presionado al presidente para tener dos ministerios adicionales en reconocimiento a su apoyo de la paz. “Los liberales no pueden seguir enarbolando exclusivamente el tema del posconflicto”, insistieron refiriéndose al papel que en este tema tienen cuatro representantes de las toldas rojas: Rafael Pardo, Juan Fernando Cristo, Guillermo Rivera y Humberto de la Calle.

Por lo anterior, La U le tiene ganas a dos puestos. El Ministerio de Transporte, hoy en cabeza de Natalia Abello, cercana a Vargas, y la Defensoría del Pueblo, en el que el aspirante a estar en la terna presidencial sería César Negret, hoy secretario general del partido. En Cartagena también se planteó, informalmente, la posibilidad de que el gobierno considere reemplazar al director de la Aerocivil, Gustavo Alberto Lenis, con alguien de La U, en caso de que se hagan realidad las especulaciones sobre su renuncia para irse al sector privado.

Durante la semana pasada, el afán burocrático de La U trascendió las peticiones abiertas y tomó tintes clientelistas. Al menos tres representantes a la Cámara le han hecho saber al gobierno que podrían oponerse al proyecto que se discute en las extras, por cuenta de la reciente destitución del presidente de Cafesalud, Guillermo Grosso. Como anticipó Semana.com, este habría beneficiado a 38 representantes del partido para mantenerse en el cargo. “Grosso le adjudicó seccionales a los parlamentarios en las regiones, su salida los tiene disgustados con el gobierno y ese disgusto incidirá en las votaciones de esta semana”, dijo a SEMANA un senador de La U.

En lo que concierne al Partido Conservador, sus parlamentarios le han hecho saber al presidente que aspiran a que terne a uno de sus copartidarios para reemplazar a Alejandro Ordóñez, en caso que el Consejo de Estado lo retire de la Procuraduría. Si bien David Barguil, director del partido, ha sido cuidadoso en el manejo de los tiempos para regresar la coalición de gobierno en aras de no ser acusado de gobiernista, la posibilidad de que los godos sigan teniendo incidencia en el organismo de control con mayor poder político del país es vista como la respuesta correcta a su eventual regreso a la Unidad Nacional.

La torta burocrática siempre ha sido un elemento de la política partidista. En esta oportunidad, dos características innovan la forma de pedir las tajadas: usar el compromiso con la paz como argumento para pedir su pedazo, y negar las cuotas burocráticas que cada partido tiene para pedir más. Así, mientras los liberales solo reconocen a Cristo, a Pardo y a Simón Gaviria como ministros suyos, los conservadores y La U insisten en que los rojos tienen ocho. Mientras Cambio afirma que solo tiene incidencia sobre las carteras de Transporte y Vivienda, los liberales le adjudican Findeter, la Superintendencia de Salud y el ICBF, entre otros.

A lo anterior se suma que todos niegan tener relación con algunos puestos. Así, por ejemplo, mientras en el partido del vicepresidente se dice que Alfonso Prada, director del Sena, es cuota del partido Alianza Verde, y que Cristina Plazas, del ICBF, y Gina Parody son de La U, en la Alianza Verde, Prada, Plazas y Parody son considerados cercanos a Cambio Radical.

Todo este galimatías burocrático deja en entredicho que la Unidad por la Paz sea verdaderamente una unidad, y pone al gobierno en el afán de diseñar estrategias de milimetría para impulsar sus proyectos, lo que difícilmente deja contento a todo el mundo. Por ahora, y en aras de darle apoyo político a las iniciativas de paz, se ha diseñado una estrategia para hacer un revolcón en los viceministerios y nombrar candidatos que combinen representación partidista y regional. El primer nombrado fue el exalcalde de Montería Carlos Correa, viceministro de Agua, cercano a Barguil y a Cambio Radical. El segundo, Carlos Delgado, quien entró al Viceministerio del Interior después de la escandalosa salida de Carlos Ferro, de la cuerda de Navarro.

‘Representación’, ‘espacios’, ‘recono-cimiento’ son las palabras con las que los políticos tradicionales se refieren a los puestos. En la coyuntura actual, en la pelea por los mismos se encuentra el tramo más delgado de la cuerda de la Unidad por la Paz. Aunque es poco realista creer que de un momento a otro el interés general puede primar sobre el electoral, de su conciencia y responsabilidad frente al momento histórico también depende que Colombia pueda dar un salto importante hacia la paz, esperado durante años.

semana.com