Armas de las FARC
No permitir el registro de los seriales para posteriores investigaciones, impide conocer el origen de las armas de las FARC.

www.fuerzasmilitares.org (24MAR2017).- Que las Farc hayan buscado omitir en los inventarios de su dejación de armas las series y demás códigos de fabricación, que revelan lotes y países de origen, no se corresponde con el compromiso de verdad y no repetición de la violencia que implica el acuerdo del fin del conflicto con el Estado colombiano. Pero es mucho más desconcertante que el Gobierno Nacional haya aceptado obviar que se conocieran detalles sobre los proveedores del arsenal de una guerrilla que con esos fusiles, morteros, pistolas y revólveres despedazó tantos pueblos y vidas.

Hay quienes creen que lo fundamental es que se juzguen los delitos cometidos, en especial aquellos de lesa humanidad, y que el país mire hacia adelante en la construcción de la paz, antes que poner retrovisores para escudriñar en asuntos que ya “no repondrán las vidas ni los bienes ni las energías” desperdiciados en la guerra interna.

Pero conocer los alcances, las dinámicas y los autores del tráfico de armas para las Farc sí es una manera de aproximarse a la comprensión de un conflicto cruzado por los intereses y los poderes de actores no solo internos sino de otros que desde afuera “metieron mano” en la sopa espesa, muy espesa, de la violencia y sus ciclos en Colombia.

Un informe especial de la edición de ayer de EL COLOMBIANO mostró que, según lo acordado por las partes, la comisión verificadora de la ONU consignará en los formularios de dejación el tipo de arma, el calibre, el modelo y el nombre del portador, pero no se exigirá registrar los números de serie. “La ONU hace lo que las partes pidieron, nada más”, recordó a este diario una vocera del organismo.

Es cierto, no se puede esperar que la ONU se salga del marco de las decisiones políticas y prácticas pactadas por el Gobierno y las Farc en el Acuerdo de La Habana. Pero en la omisión de esos datos tan importantes hay un mensaje de encubrimiento a las redes del tráfico mundial de armas que, en muchos casos, se amparan en gobiernos y compras y ventas libres de empresas reputadas, que sirven de fachada para alimentar guerras y grupos ilegales, no solo alzados en armas por pretendidas causas políticas sino inmersos en comercios de droga, fauna, minerales preciosos y trata de personas.

¿Cuánto daño le hacen al país los traficantes de armas que proveen a las estructuras criminales y sus pandillas urbanas y rurales? ¿Las Farc guardan así fidelidad a los “códigos de silencio del bajo mundo” y de las superestructuras del crimen trasnacional, antes que ayudar a proveer información que permita diseñar políticas públicas de combate a un delito tan nocivo para la humanidad y muy en especial para los colombianos? ¿Y el Gobierno lo acepta?

Si bien en otros procesos de desmovilización (M-19, EPL, Quintín Lame, CRS y AUC) no se exigió esa información a guerrillas y autodefensas, por qué no hacerlo ahora en un acuerdo que muchos defienden como uno de los más completos y modernos, entre los logrados en el último cuarto de siglo en el planeta.

Las Farc y el Gobierno saben que aún hay actores y componentes muy activos del conflicto, entonces a qué se debe que descarten un banco de datos tan valioso como el que reposa en estos seriales, para aminorar otros fenómenos de violencia e inseguridad asociados al mercado negro de armamento.

Saben bien las partes que la renovación y la ampliación de la legalidad y la ética, de la democracia y sus instituciones, que buscan los acuerdos, no admiten compromisos a medias o sujetos a las dinámicas, los intereses y los engaños de poderes clandestinos.

 

(elcolombiano.com)