Disidencias de las FARC
Rodrigo Cadete está a la derecha en la fotografía, a la izquierda Gentil Duarte, otro comandante disidente.

www.fuerzasmilitares.org (11SEP2017).- Un sabor amargo dejó la fuga de Rodrigo Cadete en Caquetá. Renunció al proyecto político que hace una semana lanzaron las Farc y en el mismo pueblo donde se enroló en la guerrilla, dejó de caminar hacia adelante y dio media vuelta y decidió volver sus pasos. Regresó a la clandestinidad.

Los baticinios que rondaron la Décima Conferencia Guerrillara terminaron haciéndose realidad: el exjefe del Frente 27 se salió del redil del Secretariado y se fue a engrosar el brazo armado que quedó vivo tras el desarme definitivo de las Farc.

La fuga de Rodrigo Cadete es particular. Aunque en septiembre pasado se perfiló igual que Gentil Duarte como un posible desertor, durante más de nueve meses le marchó al acuerdo que firmaron en La Habana. Parado frente al jefe de la misión de la ONU, Jean Arnault, en mayo pasado, el exjefe guerrillero recibió su certificado de dejación de armas. Como pocos alguna vez lo imaginaron, hizo parte del primer grupo de excombatientes que se desarmaron.

Durante los seis años de negociación con el Gobierno, las Farc se mostraron muy cohesionadas. Sin embargo, tras la concentración en las zonas veredales saltaron a la vista varios casos de deserción. En todo caso, las cifras se ajustaron al margen de error que calculó el Gobierno en el proceso.

Sin embargo, llegó la hora de la verdad. Una vez desaparecida la guerrilla con el fin del proceso de dejación de armas, en todas las zonas del país se comienza a medir la temperatura de la reintegración. No es para menos. Es en esta etapa donde muchos empiezan a sentir que el cambio de vida es radical, y comprenden que no es fácil ajustarse a ella. ¿La razón?, en algunos casos el cambio de vida representa más pérdidas que ganancias. 

Cadete tiene varias décadas de militancia, contaba con la confianza del secretariado, y se movía por una de las regiones más inhóspitas del país: Guaviare, Vichada, Guainía y parte del Meta, es decir, las rutas de la cocaína y el coltán hacia Venezuela y Brasil.

Igual que Gentil Duarte, John Cuarenta, Euclides Mora, Giovanny Chuspas y Julián Chollo, Cadete supera los 50 años, es de origen campesino, y está fuertemente vinculado al narcotráfico; todos tienen manejo de tropas y fuerte influencia en el territorio.

"Independientemente de los detalles, las circunstancias de modo y lugar, es que ese individuo debe prepararse para recibir toda la persecución militar policial y judicial que corresponde. No estamos jugando con una especie de puerta giratoria en donde se ingresa a un proceso y se pueden ir sin que el Estado actué como tiene que actuar para someterlo a la ley", dijo el vicepresidente Óscar Naranjo después de que se oficializó la noticia.

Aunque está casi confirmada su fuga, una comisión de esclarecimiento que encabeza Pablo Catatumbo investiga los hechos que se presentaron en la vía que de El Paujil conduce a Cartagena del Chairá (Caquetá), y confirmar que la versión que entregaron los escoltas que lo acompañaban es tal como se narró. 

De acuerdo con las primeras versiones, Cadete iba con dos guardaespaldas cuando llegó a un caserío, pararon en una tienda para tomarse una gaseosa. Lo que no estaba en los cálculos de los miembros de la UNP es que en el lugar había varios hombres armados que los despojaron de sus pistolas y que Cadete se iría con ellos. 

“El protegido les indica que paren a tomar un refresco, una gaseosa en una tienda. En ese lugar había dos hombres armados. Posteriormente llegan cuatro hombres más en motos, los encañonan, les obligan a entregar el armamento y el señor ‘Cadete’ se va con ellos”, relató a Blu radio el director de la Unidad Nacional de Protección, Diego Mora.

Siempre se ha sabido que hay una línea de las Farc que tiene intereses diferentes a la participación en política. Su poder territorial y el dinero que acumularon son de tal magnitud que es difícil pensar que iban a entregar todo para dedicarse a cultivar. Se trata de un puñado importante de exjefes guerrilleros que se dedicó casi exclusivamente a los negocios ilícitos. 

Igual como ocurre en los tiempos de guerra, en los de la paz la deserción de los mandos medios es un golpe que afecta la médula del nuevo movimiento. Cada desersión es un zarpazo al proceso y este caso lo demuestra. La fuga de un hombre que aparentemente venía respaldando el acuerdo se convierte en un golpe inesperado que siembra un manto de duda sobre la salida negociada al conflicto armado con las Farc. 

Cadete, por ejemplo, arrancó su proceso de transición en la zona veredal de Icononzo donde coordinó la adecuación de las zonas veredales y fue el enlace con el Mecanismo de Monitoreo y Verificación durante el tiempo que duró la misión. 

"Si está bien escrito, pa‘ mandarlo", le dijo a Isabela Sanroque en febrero pasado. Llevaba tres meses estrenando su primer celular, lo compró en diciembre durante su primera visita a la capital. "Estamos preparados para que se solucionen las cosas", respondió en ese entonces, mientras esperaba en la parte más alta de la montaña a que llegara el ingeniero para preguntarle por la obra en la zona veredal. 

Aunque se le sentía cierto tono de preocupación, era conciente que "no todos los iba a llegar a manos llenas". A lo largo de varios meses se sostuvo como un caso exitoso del proceso de reincorporación. De gerenciar la zona veredal que más cerca está en la capital, pasó a Cuba a participar en una  misión especial. Al final, llegó a hacer parte de la mesa técnica de seguridad que venía trabajando en la protección de los excomabtientes. "Era del equipo de instrucción de escolta, no manejaba esquemas ni asignaba nada, apenas estaba en proceso de formación", explicó una fuente a Semana.com

Parado en el costado izquierdo de la Plaza de Bolívar, Cadete disfrutó del mega concierto que ofrecieron las Farc para presentar su partido en sociedad. Estaba mezclado con todos los miembros del secretariado y decenas de invitados que llegaron al corazón de Bogotá a acompañar el lanzamiento de la nueva fuerza política.

Aunque las Farc no se han pronunciado explícitamente sobre el tema, hay varias explicaciones a lo que vienen pasando. La primera y más obvia es la ambición personal. Los mandos medios han manejado tanto dinero y poder que ahora podrán ocupar el lugar de los jefes y seguirse dedicando al negocio del narcotráfico y la minería ilegal, las principales fuentes de financiación de las organizaciones ilegales. La segunda razón se puede explicar en la desconfianza que ronda las bases de las Farc por la lenta implementación de los acuerdos. El miedo a que los asesinen, a que el Estado no cumpla o que no haya seguridad jurídica.

El acuerdo de paz, sobre todo el capítulo de reincorporación, no pensó en los mandos medios, muy a pesar de que Colombia ya sacó lecciones negativas de ese descuido hace una década, cuando los paramilitares dejaron las armas. Los mandos medios son el eslabón más crítico del reciclaje de la violencia.

Si bien es cierto que el acuerdo de reincorporación otorga garantías importantes en materia política, también puede llegar a ser exitoso para los combatientes de base, cuya oferta principal son las cooperativas de trabajo asociado, con arraigo en los territorios. Sin embargo, no se diseñó la pista de aterrizaje para  los mandos medios de esa guerrilla en ese esquema de reincorporación. Aunque, por ahora, se les ve liderando el proceso de reincorporación desde diversas áreas como educativas, de seguridad y productivas, no tienen un camino seguro.

"Lo que pasó es un ejemplo de lo mal que está la reincorporación (...) no hay una programas para los mandos medios", explica el analista Ariel Ávila sobre el sentimiento que gravita en los Espacios de Reincorporción. Aunque el surgimiento de la nueva fuerza política poco a poco se ha ido consolidando, en los 26 puntos donde se concentran más de 7.000 exmiembros de esa guerrilla "se habla de un incumplimiento de lo que se pactó". Por ejemplo, la Ley de Amnistía no termina de ser afectiva, el dinero no alcanza y la formación académica no está dirigida para responder las necesidades inmediatas que tienen los excombatientes.

En promedio el mando medio de las Farc supera los 40 años, lleva por lo menos 20 en la guerrilla, es de origen campesino con poca educación. Por lo general, arrogante, ha sido dios y ley en el territorio, y tiene un estatus económico mejor que el de los combatientes rasos. La contracara es que no conoce ningún oficio y no se ve a sí mismo como estudiante, agricultor o panadero. Tendrá que responder por crímenes de guerra o de lesa humanidad ante la justicia transicional, lo que le implicará ocho años de restricción de la libertad. Algunas instituciones como la Fundación Paz y Reconciliación calculan que esa puede ser la situación de unos 500 miembros de las Farc entre los que se encontraba Rodrigo Cadete.

Su fuga enfoca las miradas en la necesidad de cerrarle la posibilidad a cualquier tipo de "puerta giratoria, donde se ingresa a un proceso y se pueden ir sin que el Estado actúe como tiene que actuar para someterlo a la ley", como lo advirtió el vicepresidente Naranjo.

Por eso es que se debe garantizar que el Gobierno va combatir a fondo estas disidencias. La pelota está ahora en la cancha del Consejo Nacional de Reincorporación y la Comisión de Seguimiento que están en mora de diseñar una solución que ponga fin a las decerciones gota a gota.

Si bien es cierto que en el plano de la guerra un mando medio tiene un gran control, también es cierto que esa potencialidad se puede revertir y aprovechar como impulsores de paz. Por eso, el Estado es importante que se diseñen políticas que aseguren lo segundo. La propuesta no está lejos de ser realidad. Historias como la Gustavo Petro y Petro y Antonio Navarro, desmovilizados del M-19; o la de Carlos Franco, excombatiente del EPL, son un ejemplo  de que  quienes empuñaron equivocadamente las armas, pueden llegar a hacer política. 

 

(semana.com)