Violencia contra la mujer“Si la violencia sexual no es tenida en cuenta plenamente en los procesos de alto el fuego y de paz, no habrá paz para las mujeres”. La cita es de Jan Egeland el exsubsecretario general de Asuntos Humanitarios de la ONU, y hace parte ineludible de la realidad de Colombia. Esta estrategia de guerra es cada vez más “habitual, extendida, sistemática e invisible”, como afirma el auto 092 de la Corte Constitucional. En tiempos en que en Cuba se emprenden negociaciones de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc el tema es más que pertinente y su diagnóstico, necesario.

La Fiscalía de Justicia y Paz, encargada de los hechos cometidos por las guerrillas, señaló que para abril de 2012 había documentado 119 casos de violencia sexual. La Corporación Humanas ha sistematizado 307 casos este año, cometidos por actores armados legales e ilegales, de los cuales 38 corresponden a grupos guerrilleros, que equivale al 12.3 por ciento del total.

De estos hechos atribuidos a la guerrilla, el 23 por ciento corresponde a casos cometidos contra las mujeres dentro de las filas. También hay múltiples situaciones de control de natalidad con abortos forzados. Así lo constató Elda Neyis Mosquera alias “Karina” ex cabecilla del frente 47 de las FARC dentro de sus versiones libres, en las que señaló que las integrantes del grupo eran obligadas a planificar y si quedaban embarazadas tenían que abortar.

También son conocidas las prácticas de dominio a través de la presión sexual. Es la situación de comandantes como Jacobo Arango del frente 5º de las Farc, acusado por jóvenes guerrilleras, de obligarlas a hacer trabajos forzosos cuando no accedían a acostarse con él mientras que las que sí lo hacían recibían privilegios.

Durante 50 años de conflicto armado, el cuerpo de cientos de mujeres también ha sido utilizado como trofeo de guerra por todos los grupos armados, incluyendo las Farc. Ese es el caso de una campesina de 43 años que vivía en la vereda Cañaveral, del municipio deAbejorral (Antioquia). En abril de 2004, en horas de la noche, llegaron a su casa, entre diez y quince hombres armados, vestidos de camuflado y con brazaletes de las Farc. Le pidieron comida y cuándo ella se negó porque no tenía suficiente la golpearon, hasta fracturarle una pierna, la obligaron a salir de la casa y la violaron cuatro de esos hombres. Luego la amenazaron con matarla a ella y a sus hijas si los denunciaba. Esta mujer se vio forzada a desplazarse con su familia.

Esta historia hace parte de cientos de retratos que durante los últimos diez años ha recogido la Corporación Humanas y que relatan la importancia de que las partes negociadoras en La Habana tengan en cuenta los derechos de las víctimas de violencia sexual como delitos que no pueden quedar impunes.

Así ha sido determinado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que en la resolución 1820 de 2008 señaló la necesidad de que los crímenes de violencia sexual no puedan ser amnistiados en los procesos de solución de conflictos. Para ello, según la Corporación Humanas, es necesario que estos delitos sean seleccionados y priorizados, de acuerdo con lo establecido en el Marco jurídico para la paz.

Lo cierto es que la paz sostenible y duradera que con tanto anhelo quieren las partes que se sientan a negociar en Cuba no podrá ser si los derechos de las mujeres víctimas de crímenes sexuales a tener justicia y reparación se desconocen.  

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