Entre empresarios y algunos administradores de centros comerciales de varias zonas de Bogotá por estos días hay un delicado elemento común de conversación: el intento de extorsión del que están siendo objeto por parte de la delincuencia. A través de llamadas y mensajes amenazantes se anuncian actos terroristas si no acceden a sus pretensiones económicas. Un asunto que es mantenido en secreto y del cual sólo están enterados expertos en seguridad y autoridades.

Este es sólo uno de los escenarios en seguridad en donde no hay resultados del todo satisfactorios. Otros delitos, en disminución, como el homicidio, el hurto a personas, residencias, automotores, motocicletas y entidades comerciales, así como microtráfico, según cifras de la Policía Metropolitana de Bogotá a enero de 2012, tienen las alarmas encendidas.

 

Por eso, desde hace cerca de dos semanas la administración distrital tomó la determinación de intervenir 31 zonas críticas de la capital. Se trata de sectores que en total suman 69, de los 307 km² del área urbana de la ciudad, en donde se concentra gran parte de la población por actividades comerciales y sociales, que se convierten en punto de referencia para actividades delictivas. Estimativos de la Secretaría de Gobierno indican que en estas 31 zonas se concentra el 40% de los delitos y la violencia de la capital.

Un documento del Fondo de Seguridad y Vigilancia da cuenta de los sitios que mayor riesgo representan para los capitalinos. En el norte del Distrito Capital son Verbenal, Prado-Batán, Barrancas, Rincón (Suba) y Chicó-Lago. Por el sur, los sectores de Diana Turbay, Lucero-Meissen y San Francisco-Juan Pablo Segundo presentan una compleja situación de hurtos, homicidios y lesiones personales.

En la zona occidental de la cuidad los más vulnerables al delito son Britalia-Portal de las Américas, Bosa, Fontibon-Versalles y Plaza de las Américas. Una situación que se repite por el oriente y el centro de la capital en la Avenida Calle 19, Las Cruces, La Favorita-Voto Nacional, Restrepo y Puente Aranda.

El contexto histórico parece mostrar que la delincuencia no cede. En 1995 el desaparecido Instituto Distrital de Cultura y Turismo creó un sistema de Información de la Violencia y la Delincuencia. Tres años después pasó a la Secretaría de Gobierno y en 2006 se transformó en el Observatorio de Convivencia y Seguridad Ciudadana. Para 2008 nació el Centro de Estudio y Convivencia y Seguridad Ciudadana (Ceacsc). Junto con el Fondo de Seguridad y Vigilancia son el eje para estudiar y suministrar insumos al alcalde de turno.

Esta vez, con el cambio de administración, nuevas cartas se vuelven a barajar y la estrategia se va a replantear. Polo Ávila Navarrete, un ingeniero industrial, con 11 años de experiencia en empresas de seguridad privada que lo llevaron a la presidencia de la Federación Colombiana de Empresas de Seguridad, fue el elegido por el alcalde Gustavo Petro para manejar el Fondo, quien lo conoció hace ocho años en una reunión social.

Empezó por cambiar la seguridad del mandatario capitalino. En pocos días tendrá dos nuevos vehículos con el máximo blindaje (cinco). En lo institucional, el primer paso ya se dio con la restricción en el porte de armas que rige desde febrero pasado y por 90 días.

Polo Ávila Navarrrete señaló que: “Ahora, además de la intervención de 31 zonas críticas, viene la aplicación del modelo que implementó el exalcalde de Chicago (Estados Unidos) Richard Daley”. El exmandantario fue elegido cinco veces en el cargo por sus políticas de seguridad, basadas en la inversión en tecnología para fortalecer el trabajo de la Policía y en acercar a la autoridad con la comunidad.

En lo tecnológico, la idea que avanza es la integración de un software para la asignación de recursos en seguridad con eficacia, de acuerdo con los indicadores. “El delito es dinámico, por eso necesita respuesta dinámica y focalizada”, destaca Ávila Navarrete. Un modelo en sistemas que está desarrollando la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), con cuatro centros de monitoreo en Chapinero, Puente Aranda, Ciudad Bolívar y Kennedy, el cual estará listo en dos meses.

La movilidad será otro asunto que cambiará ante la situación de la ciudad. La capital tiene hoy en equipo policial para vigilancia 2.226 motos, 946 vehículos y 158 caballos. Por eso se adquirirán carros de transporte ligero de dos ruedas, que usan los vigilantes en los centros comerciales.

En cuanto a personal, la idea es tener gestores de convivencia en los cuadrantes y más policías en los barrios, para generar mayor sensación de seguridad en la gente. Según cifras de la Policía, hoy cerca de 20.000 efectivos cuidan la ciudad.

Para desarrollar la nueva estrategia se destinaron $177 mil millones. Un presupuesto millonario que quizá puede superar la zozobra de muchos comerciantes y empresarios en camino de extorsión y de los cerca de 8 millones de bogotanos que ven la inseguridad como uno de sus principales problemas.

Revisión de fronteras locales

Los informes de seguridad dan cuenta de que Bogotá tiene 11 fronteras. Están ubicadas en la Autopista Norte, la carrera 7ª, La Calera, Choachí, la vía antigua y nueva a Villavicencio, la calle 13, la calle 80, el cerro de La Conejera en Suba, la Autopista Sur y la ruta Soacha- Mondoñedo. Todas entraron en revisión en razón a que son vitales para la emigración e inmigración de la delincuencia. También serán objeto de integración de sus sistemas de vigilancia y las comunicaciones. En materia tecnológica, la ciudad tiene en la actualidad 392 cámaras de vigilancia, pero está previsto que en los próximos años se adquieran otras, hasta llegar a 1.929.

Los batallones de alta montaña

La revisión de las condiciones en que cuidan la ciudad, a través de un batallón de alta montaña en el Sumapaz de la Brigada 13 del Ejército, también es objeto de ajustes. Informes de inteligencia dan cuenta de que por esta vía se estarían llevando a víctimas del fleteo, a secuestrados y vehículos que hurtan en la capital.

Por eso, de común acuerdo con las Fuerzas Militares, se reforzará el número de efectivos, sus comunicaciones y sus medios de transporte. El norte de la ciudad, por la vía a La Calera, a cargo de la Quinta División del Ejército, parece tener menos problemas que el Sumapaz. Sin embargo, también está en revisión su apoyo a la capital.

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