Parte de la banda delincuencialwww.fuerzasmilitares.org (08ABR2014).- El objetivo de la misión era concreto: infiltrarse en las entrañas de la banda de ‘paseo millonario’ más temible de Bogotá para identificar a sus integrantes y entregar información clave tendiente a desvertebrar la red criminal.

Una patrullera del Grupo Gaula de la Policía fue la escogida. Altos mandos de la institución concluyeron que una mujer arriesgada, hábil y atractiva, con fachada de taxista, podía ganar con mayor facilidad la confianza de los que hasta ese momento eran considerados los líderes de ‘los Canarios’, que, entre el 2011 y mediados del 2012, estaban vinculados a por lo menos 30 atracos contra pasajeros de taxis.

“Yo ni siquiera sabía manejar muy bien. Mis compañeros del Gaula me enseñaron. A toda hora me fijaba en las conversaciones de los hombres y adoptaba algunas frases. A la hora de la misión no me maquillaba, usaba sudaderas, aretes de plástico y me pintaba las uñas con colores llamativos”, cuenta la suboficial.

Ganando confianza

El lugar ideal para entrar al mundo de ‘los Canarios’ era el de los ‘tomaderos’ de tinto nocturnos.

“Ellos se reunían en tres sitios: la avenida Primero de Mayo entre la avenida Boyacá y 68, la avenida de Las Américas con avenida Ciudad de Cali y la calle 72 con avenida Caracas. En esos sitios logré identificar a alias ‘Bimbo’, que era uno de los líderes de la banda. También a alias ‘Coyote’, otro de los jefes. Casi siempre eran seis o siete los que se reunían –relata la patrullera–. En esas noches pude entablar conversaciones con ellos”.

Cada día, dependiendo de los avances, el Gaula cuadraba una nueva estrategia. La patrullera ‘taxista’ empezó a fingir desesperación por una mala situación económica. “Les decía que yo venía de un pueblo de Cundinamarca, que vivía sola y que necesitaba plata para el arriendo y para pagarle la cuota diaria al dueño del taxi. Me inventaba que tenía que trabajar muchas horas”, recuerda la suboficial, quien siempre estuvo escoltada por sus compañeros, que, a su vez, se hacían pasar por peatones o taxistas.

Incluso, el lenguaje de las señas era indispensable para mantener contacto. Dejar caer las llaves del carro al suelo era señal para que apareciera un miembro del Gaula y se hiciera pasar por pasajero para pedir una carrera. Remangarse la chaqueta, por ejemplo, era la clave para hacerles entender a sus compañeros que se aproximaba una ‘vuelta’.

La noche clave

Una noche, después de un mes de frecuentar los tomaderos de tinto, ‘Bimbo’ le propuso a la ‘taxista’ hacer una ‘vuelta’ para ganar plata. Horas después, la patrullera iba en uno de los tres taxis que ‘los Canarios’ usaban para los ‘paseos millonarios’.

La suboficial infiltrada tuvo que participar en tres de los casos, efectuados en noches distintas durante un mes. “Sentía impotencia de no poder hacer nada cuando atracaban a la gente, pero sabía que debía tener paciencia porque lo importante era el objetivo: descubrir rutinas y métodos de los delincuentes”, dice.

En estos episodios las víctimas fueron recogidas en las afueras de los centros comerciales Gran Estación, Galerías y Centro Andino, y luego –con las cuentas y los bolsillos desocupados– abandonadas en la avenida Circunvalar o callejones solitarios.

La ‘taxista’ recibió por cada atraco entre 100.000 y 150.000 pesos, dinero que luego quedó en poder de la Fiscalía como parte de las evidencias. Con todo el trabajo adelantado por el Gaula y la Sijín se logró, en octubre del 2012, la desarticulación de la estructura central de ‘los Canarios’. Luego fueron cayendo miembros de disidencias de esta red, entre ellos los que asesinaron al agente de la DEA James ‘Terry’ Watson en junio del año pasado.

Con la satisfacción del deber cumplido, la patrullera entregó las llaves del taxi dos meses después de infiltrarse y regresó a sus labores del Grupo Antisecuestro. Siempre en el anonimato.

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