Capturados. Imagen de archivo.www.fuerzasmilitares.org (22SEP2014).- Los bogotanos ya no son tan indiferentes e insolidarios como parece cuando se hallan cerca de una víctima de raponazo, hurto o atraco callejero. Ahora reaccionan más contra ladrones y atracadores.

Según el Centro de Estudios y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana (CEACSC) del Distrito, entre enero y junio de este año los ciudadanos capturaron a 8.101 delincuentes sorprendidos en flagrancia. Es decir, cada día descubrieron a 45 hampones, en promedio, robando o atracando y corrieron tras ellos para entregarlos a la Policía y para que esta, a su vez, los pusiera a disposición de la Fiscalía.

Ese comportamiento lo estableció el CEACSC con los registros de llamadas hechos en esos 6 meses al Número Único del Servicio de Emergencias (Nuse) 123 para pedir la presencia de la Policía y legalizar las capturas.

Para el director del CEACSC, Rubén Darío Ramírez, la cifra muestra que “hay más cultura democrática y empieza a retomarse una actitud de corresponsabilidad en la seguridad, sin llegar al linchamiento, como sucede en Perú o Bolivia”.

No opinó igual el experto en seguridad Hugo Acero, quien dudó de la alta cifra de aprehensiones hechas por la ciudadanía y la atribuyó al posible resultado de una sumatoria de delitos. “De ser cierta –apuntó–, llama la atención, porque sería el comienzo de un cambio de comportamiento ciudadano”.

Hoy, por el Código de Procedimiento Penal y la Ley de Seguridad Ciudadana, cualquier persona puede capturar a quien sorprenda en el delito (flagrancia) y llamar a la Policía o conducir al aprehendido ante cualquier autoridad policial, para legalizar la detención.

Dónde los ‘cazan’ más

Este tipo de aprehensiones se presentaron especialmente en las localidades de Kennedy (10,9 por ciento del total de las 8.101 capturas), Engativá (8,5 por ciento), Santa Fe (8,4), Suba (7,7), Los Mártires (7,2) y Bosa (5,9), según el estudio.

Pero, por puntos, los que más concentraron las capturas hechas por los particulares están entre las calles 13 y 19, de la carrera 3.ª a la 17, y el corredor de la Caracas hasta la calle 87. Coinciden con los sectores de más hurtos y raponazos en la ciudad, afirmó Ramírez.

Los jueves (16,7 por ciento), seguidos de los viernes (15,5 por ciento) y miércoles (15,1), fueron los días en que la población se movilizó más contra los delincuentes. Y lo hizo sobre todo en la noche, hacia las 8 (35 por ciento), cuando los hampones acechan a los ciudadanos.

El estudio se centró también en si, después de las llamadas hechas al 123 por quienes retuvieron ladrones, la Policía respondió al llamado y qué pasó con ellos.

De 190 llamadas al CEACSC, de un total de 389, el 74 por ciento dijo que la Policía sí se presentó luego. En el 15 por ciento restante el hampón quedó libre porque la Policía no apareció. Esto sucedió, por ejemplo, en San Cristóbal, donde los agentes no se presentaron en el 43 por ciento de los casos; en Ciudad Bolívar (40 por ciento), Santa Fe (36 por ciento) y Chapinero (30 por ciento).

¿Qué pasó luego con el delincuente? Tres de cada 10 capturados por los ciudadanos quedaron libres, según el estudio. Y las víctimas volvieron a ver a esos mismos ladrones en las mismas zonas.

Los raponeros y asaltantes quedan libres porque son menores de edad, porque no se fundamenta bien la captura ante la Fiscalía, porque las víctimas no los denuncian o porque la cuantía es tan baja que ni la Policía ni la justicia avanzan en los procesos de detención y audiencia de legalización, manifestó Ramírez.

“Las llamadas son muestra del trabajo articulado con la ciudadanía y la confianza en la Policía. Pero, cuando se trata de una captura en flagrancia suele requerirse la presencia de la víctima, porque los testigos no siempre son suficientes. Sin embargo, se revisan los antecedentes y si hay prueba de conducta, los delincuentes pueden ser aprehendidos”, explicó el general Humberto Guatibonza, comandante de la Policía Metropolitana.

‘Hay agotamiento social’

En opinión de la investigadora y antropóloga de la Universidad de La Sabana Alejandra Fierro, la insolidaridad es efecto de la falta de cultura ciudadana y esta no es una prioridad en la capital.

Sin embargo, Fierro puntualizó que cualquiera que sea la cifra de capturas hechas por los habitantes, lo que sí parece estar ocurriendo “es que se está dando un agotamiento social. La gente está cansada de la inseguridad, de la violencia, y eso está generando la necesidad de reaccionar, de dejar la apatía para atreverse a capturar a los delincuentes”.

De hecho, ese comportamiento lo comenzó a detectar el estudio de cultura ciudadana de Corpovisionarios del 2011: en el 2008 el porcentaje de indiferencia en materia de seguridad era del 18 y en el 2011 había caído al 7.

Ante ese despertar del comportamiento solidario, “lo importante es que esa actitud de la comunidad no desemboque en linchamientos o justicias por la propia mano, como sucede en otros países”, expresó Acero.

El exalcalde Antanas Mockus dijo que “si ese comportamiento solidario está presentándose, puede crear norma social, que es más importante que un decreto, porque la actitud colectiva lleva a que dé vergüenza no ser solidario con el otro”.

88 % no puso la denuncia
Temor y desconfianza hacen desistir

En la encuesta del Centro de Análisis de Convivencia y Seguridad Ciudadana (CEACS), de 190 personas que detuvieron ladrones, el 88 por ciento dijo que no había instaurado la denuncia respectiva por “falta de tiempo”, “temor a las represalias” de los capturados y porque ven “inútil denunciarlos cuando después se vuelven a ver en la calle robando o atracando”. La desconfianza en la justicia, “porque no actúa”, es otro factor por el cual no denuncian.

‘Al ladrón lo tumbamos y no lo dejamos volar’

“ Vivo cerca del parque El Tunal. Y no digan mi nombre porque esto acá es muy peligroso. Hace tres meses, un jueves por la noche, llegaba a la casa cuando, justo al frente, había una algarabía. Me acerqué y la gente tenía a dos personas detenidas, porque una de ellas le había robado el bolso a una señora que iba por la calle. El otro era como su compinche. Yo ayudé a tumbar a un ladrón al piso. No lo dejamos volar. 

Al otro los vecinos tuvieron que golpearlo porque ese sí se quería zafar de nosotros. A un tercero que se alcanzó a escapar lo persiguieron hasta que lo alcanzaron. Yo llamé a la Policía. Llegó como a los 10 minutos y llevaron a la banda detenida. A esos que detuvimos no los volvimos a ver. ¿Por qué no me quedé quieto? Porque fue cerca de mi casa y pensé: ‘Si eso le pasó a la señora que querían robar, el día de mañana me puede suceder a mí o a alguien de mi familia’. Pensé que era mejor actuar, sobre todo porque aquí los ladrones se la pasan metidos en el caño que hay cerca del parque El Tunal.”

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