Los rompevidrios son un problema para todos los conductores.www.fuerzasmilitares.org (24SEP2014).- Son las 7 de la noche. Andrea acaba de salir del trabajo y va camino a casa, sola, en su carro. La música le ayuda a paliar un poco el tedio que le generan los trancones de la avenida Boyacá, tan habituales a esa hora en Bogotá.

A la altura de la avenida La Esperanza su viaje de rutina se transforma en pesadilla. Justo cuando se encuentra inmovilizada en medio de una telaraña de buses y carros particulares, el vidrio del copiloto estalla. El ruido la aturde y cuando logra girar la cabeza hacia la derecha para tratar de establecer lo que ha sucedido, ve que medio cuerpo de un hombre ha irrumpido en su carro. “Ni siquiera le vi la cara. Era como una gran sombra negra. Me puse a gritar con todas mis fuerzas”.

El ataque dura segundos y el ladrón huye con su bolso. De nada sirvió que, a raíz de las advertencias de varias de sus amigas, ella lo hubiera ocultado bajo la silla del copiloto. (Infografía: vea las 25 'zonas rojas' donde operan los 'rompevidrios')

Ningún ocupante de los carros junto al de ella hace algo para ayudarla. El delincuente escapa con un valioso botín: una cámara de fotografía profesional, un teléfono inteligente y su billetera. Solo deja dentro del carro la bujía con la que rompió el vidrio.

Andrea queda en shock y con una parálisis que le afecta desde el cuello hasta el brazo derecho, producto de una crisis nerviosa. Fueron cinco días de incapacidad y un recuerdo que hoy, seis años después, sigue presente cada vez que se monta sola en su carro. De hecho, ella, como otras muchas mujeres bogotanas, se ha tenido que acostumbrar a meter la cartera en el baúl de su automóvil, como una fórmula para no volver a pasar por esa amarga experiencia.

Este fenómeno delincuencial, conocido con el nombre de ‘rompevidrios’, se ha vuelto común en las calles bogotanas. La Policía tiene identificados 25 puntos críticos y un conductor narró a este diario cómo una mañana de sábado, transitando por la avenida 68, vio restos de vidrios de carros en cuatro puntos distintos.

Hasta la actual señorita Colombia, Paulina Vega, ha sido víctima de los ‘rompevidrios’. Esta semana, la barranquillera pasó un gran susto cuando varios hombres quebraron uno de los cristales del carro en el que se movilizaba con un amigo por una zona de bares y restaurantes del norte de la capital y, luego de amenazarla con un cuchillo, le robaron dos celulares y un bolso.

El caso de la Señorita Colombia llegó a los medios por ser ella un personaje público, pero a diario un número indeterminado de personas sufren este delito. La Policía admite que el registro de denuncias es muy inferior al de los ataques.

Tres veces en un año

Claudia, una comerciante de 42 años, fue víctima de los ‘rompevidrios’ tres veces durante un mismo año.

“La primera vez me pasó en la avenida Boyacá con calle 13. Salí de mi oficina, en la zona industrial de Puente Aranda, hacia mi casa, en Colina Campestre. En medio de un trancón, un tipo me rompió el vidrio y me robó el celular. Fue traumático”.

Meses después, en la Boyacá con calle 80, otro hombre invadió su carro para sacarle la cartera y unos zapatos nuevos. Y el tercer ataque ocurrió cuando transitaba por la calle 39 con av. Caracas: ahí perdió el bolso.

Claudia quedó marcada. “Le cogí pánico a ir por la Boyacá. Tuve que aprenderme otras rutas para llegar a mi casa y ahora siempre guardo el bolso en el baúl del carro”.

La opción de otras personas que han pasado por esta cruda experiencia es que cuando conducen solas, y especialmente de noche, disminuyen o aumentan la velocidad, al punto que haga falta, para evitar llegar a una esquina con un semáforo en rojo.

Yelitza, empleada de una agencia de viajes y víctima de este delito en dos ocasiones durante los últimos dos meses, cuenta: “Ya no puedo ni hacer algo tan sencillo como hablar por celular cuando voy de pasajera en un carro, porque me expongo a que me rompan la ventana para robarme el teléfono”.

Más riesgo en las noches

La noche es sin duda la franja más apetecida por los ‘rompevidrios’. Cifras de la Policía muestran que de los 215 casos denunciados este año en Bogotá, el 66 por ciento se dieron entre las 6 p. m. y las 6 a. m. No obstante, esto también quiere decir que uno de cada tres episodios se presenta a plena luz del día. Juliana Márquez, edil de Chapinero, lo vivió en carne propia.

“Un día, en febrero de este año, salí en mi carro de la Universidad de los Andes a cumplir una cita cerca del barrio La Perseverancia.Eran las 2 p. m. En un semáforo que hay sobre la carrera 5.ª un tipo ‘malacaroso’ empezó a golpear el vidrio del copiloto. Empecé a gritar, tenía carros adelante y atrás y nadie me ayudó. Sentí angustia, impotencia. Me acuerdo que cogí una maleta en la que llevaba un computador y la escondí bajo mis piernas. Gracias a Dios cambió la luz del semáforo y solo alcanzó a robarse un cable del portátil”, dice la funcionaria, quien no volvió a transitar por ese lugar.

Hay toda clase de bandas dedicadas a este tipo de robo. El miércoles de la semana pasada, un periodista de esta Casa Editorial fue testigo del coordinado accionar de uno de estos grupos delincuenciales. A eso de las 9:35 p. m., en cercanías del cruce de la avenida 68 con calle 53, sentido sur-norte, dos delincuentes aprovecharon la parada obligada por el semáforo para estudiar a por lo menos tres posibles víctimas antes de decidirse por dos mujeres solas en un Spark.

El método: llegar por detrás, mirar si hay objetos de valor dentro del carro y atacar por la ventanilla del copiloto, bajo la atenta mirada de un cómplice ubicado en el costado del conductor y otro más, en el separador de la vía.

Después de apoderarse del bolso de una de las mujeres, los tres hombres huyeron en un taxi que los esperaba en el carril norte-sur de la 68.

Otro tipo de banda fue la que atacó al conductor de un Renault Twingo cuando circulaba por la calle 33 con carrera 3.ª, tratando de buscar la avenida Circunvalar.

“Tres pelados se me atravesaron y empezaron a pegarles a todos los vidrios con lo que parecían piedras. Solo se quebró el del copiloto, pero no me pudieron robar nada porque aceleré a fondo, aunque el arreglo me costó más de 200.000 pesos”. La víctima regresó al lugar acompañada por policías, y la dueña de una tienda cercana les contó que unos jóvenes, que no tienen más de 20 años, “hacían esto casi todos los días”.

Víctimas, por igual

Como se evidenció en el caso anterior, los ‘rompevidrios’ no solo escogen a las mujeres como sus presas. De hecho, las denuncias muestran que los hombres son víctimas en el 53 por ciento de estos atracos. Y lo peor, hay situaciones en las que los ocupantes resultan heridos. Así le ocurrió a mediados de este año a un periodista en la avenida Boyacá con calle 8.ª, en sentido norte-sur.

“Yo iba manejando, mientras mi esposa hablaba por celular. De un momento a otro dos tipos le quebraron el vidrio y empezaron a forcejear con ella. Otro hombre rompió el cristal de mi puerta, me apuntó con algo en la cabeza y me amenazó. Había unas 20 personas esperando bus justo al lado (era un viernes a las 9:45 p. m.) y nadie reaccionó. Los vidrios alcanzaron a cortarnos las manos, porque no tenían película de seguridad”, dice. Agrega que los ladrones se llevaron celulares, tarjetas de crédito y un bolso, todo avaluado en unos 3 millones de pesos.

Una lesión, un poco más traumática, sufrió el 17 de enero un funcionario distrital: “Fui a La Macarena a recoger a mi esposa, que estaba en un restaurante. Al llegar al sitio, en la calle 30A con carrera 4.ª, seis hombres me rodearon y uno de ellos rompió el vidrio de mi puerta y me encañonó. Me obligó a bajar del carro mientras los demás me robaron la billetera, una chaqueta y el celular. Lo peor es que, antes de irse, el mismo tipo que me encañonó me pegó con la cacha del arma. Mi esposa quedó en shock cuando me vio ensangrentado”.

Aún no hay resultados

Frente a los ‘rompevidrios’, el coronel Nelson Díaz, a cargo del plan que desde hace un mes pretende reducir esta modalidad delictiva en Bogotá, dijo que aún es muy pronto para entregar un balance. El oficial recordó que hay un grupo de 40 uniformados que vigilan las zonas más afectadas. Antes de la estrategia, la Policía había desarticulado dos bandas.

Ventaja de las películas de seguridad

Las películas de seguridad para los vidrios laterales de los vehículos no solo tratan de evitar que los ocupantes resulten lesionados con las esquirlas, en caso de que el cristal se rompa. Una capa bastante resistente también puede dificultar que un delincuente quiebre con facilidad la ventana y pueda ingresar al carro. Sin embargo, ningún producto de estos puede garantizar que no se cometa un robo.

La resistencia de las películas se mide en mils o micras, y las disponibles en el mercado van de 2 a 12 (de la más delgada a la más gruesa). “Hay productos de Taiwán, China o India que se pegan con silicona y son más económicos, pero realmente las películas americanas y las coreanas, que llevan acrílico como adhesivo, son las mejores”, dice Miguel Ángel Torres, gerente de un establecimiento ubicado en el barrio J. Vargas.

Para un vehículo como un Spark, el precio promedio de una buena capa de protección es de 110.000 pesos (con una película de 6 u 8 micras), mientras que para una camioneta puede costar unos 190.000 pesos. La instalación puede tardar entre una y dos horas. “Lo ideal sería pegar películas de 12 micras, pero muy pocos carros tienen el espacio en la ventana para hacerlo, ya que son muy gruesas. Generalmente se les recomiendan a los clientes las de 8 micras”, advierte un vendedor. Algunos conductores se inclinan por tener una película de seguridad oscura –a menor porcentaje, mayor opacidad– para obstaculizar la visibilidad hacia el interior del carro.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que, según las normas de la Dirección de Tránsito y Transporte de la Policía Nacional, los vidrios laterales pueden tener un grado de hasta un 35 por ciento, y para el panorámico y el vidrio trasero, de hasta un 50 por ciento. Casos específicos, en los que los cristales de los carros son completamente opacos (generalmente al 5 por ciento), son autorizados por la Sijín para personas que lo requieren por motivos de seguridad, luego de un estudio previo de riesgo.

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