El Director de la Policía Nacional anuncia la capturawww.fuerzasmilitares.org (27OCT2014).- Con bombos y platillos, las autoridades celebraron la captura más importante del año: la caída de Marcos Figueroa, mejor conocido como Marquitos. Era uno de los hombres más buscados en Colombia por su amplio prontuario criminal y por el terror que sembró en La Guajira y Cesar. La operación cierra el año y medio de investigaciones que adelantó la Dirección de Inteligencia de la Policía (Dipol). El Espectador conoció cómo desde febrero de 2013 la Fuerza Pública interceptó llamadas del círculo más cercano de Marquitos, infiltró dos hombres en la organización, realizó seguimientos por Colombia, Venezuela y Brasil, y descubrió enredos amorosos entre los jefes de la organización.

Marquitos no sólo es conocido por sus relaciones con políticos, cantantes, miembros de la Fuerza Pública y líderes de la región, sino que su figura es el espejo de la guerra que se libró en el norte del país por el control de la rutas del narcotráfico y por el jugoso negocio del tráfico ilegal de combustible. Durante los meses de persecución, las autoridades descubrieron que tenía estrictos protocolos de seguridad. Por ejemplo, no hablar por celular sino enviar mensajes a través de cartas con correos humanos y que el único hombre que podía tener contacto físico con él era Milton Alejandro Figueroa Zapata, alias Norte, su primo, jefe de seguridad y mano derecha, quien también fue capturado el pasado miércoles 22 de octubre en Boa Vista (Brasil) junto a Figueroa.

Según le explicó a este diario una fuente que estuvo inmersa en la persecución de Marquitos y que se encargaba de recopilar todo el material de inteligencia, el operativo se armó después de que en febrero del año pasado lograran obtener la orden de captura —y circular roja de la Interpol— de Figueroa por la muerte de la exalcaldesa de Barrancas (La Guajira) Yandra Brito, el esposo de ella, Henry Ustáriz, y el escolta Wilfrido Fonseca. Los dos hombres fueron asesinados el 3 de abril de 2008, en una carretera de ese departamento, y la mujer, el 28 de agosto de 2012 en Valledupar. Por estos hechos también es investigado el exgobernador de La Guajira Juan Francisco Gómez Cerchar, más conocido como Kiko Gómez (ver balcón).

La idea de la Dipol, antes de lanzar la ofensiva contra Marquitos, era tener un proceso jurídico sólido para evitar que quedara en libertad tras su captura. Fue entonces que empezaron a rastrear distintas bases de datos para ubicar a los familiares de Figueroa. Los resultados fueron prácticamente nulos. Sólo ubicaron a su madre, pero no tenían ni una comunicación interceptada. Ocho meses después se planteó la idea de infiltrar dos agentes en la organización para recolectar pruebas que condujeran al escondite de Figueroa.

La operación tomó forma cuando un agente dijo que era oriundo de Fonseca (La Guajira), el mismo pueblo en el que había nacido Marquitos, y agregó que tenía conocidos allá, que en ese municipio todos tenían alguna relación y que algunos de los que habían sido amigos suyos en la infancia ahora eran miembros del grupo que manejaba los patios, es decir, los lugares en los que se escondían las pimpinas de gasolina de contrabando. Dos policías, uno guajiro y el otro nacido en Santa Marta, lograron ingresar a las filas de Marquitos en octubre de 2013, después de borrar sus registros en todas las bases de datos de la entidad e inventar una historia de que los habían echado como perros de la Fuerza Pública.

Lo primero que descubrieron fue que en Fonseca quedan dos patios y en Maicao tres. Asimismo, que en el primer municipio vivía gran parte de la familia de Marquitos y que en su mayoría eran colaboradores de la organización. Fue entonces que, con su trabajo, se ganaron la confianza de todos los hombres de la organización que contrabandeaban gasolina. Ellos fueron los primeros en caer en el radar de las autoridades, que les interceptaron sus teléfonos. Muchos sostenían conversaciones con familiares de Marquitos, especialmente con una hermana y algunos sobrinos.

Esta situación le permitió a la Dipol armar el mapa de dónde vivía cada uno de los familiares más cercanos de Marquitos. Ubicaron a sus 10 hermanos —siete mujeres y tres hombres—, a las ocho amantes con las que tuvo 26 hijos: siete no reconocidos y con edades entre los 10 meses y los 30 años —14 de ellos están legalmente registrados en Colombia y cinco en Venezuela—. Además identificaron las decenas de primos y sobrinos que trabajan para él. Cabe recordar que el mayor de sus hijos, quien tiene su mismo nombre, Marcos Figueroa, fue capturado el pasado mes de mayo.

Pero en medio de las interceptaciones, que comenzaron a finales del año pasado, descubrieron que la esposa de uno de los jefes de la organización tenía contacto directo con los infiltrados. Se trataba de la mujer de José Carlos García Cataño, alias la Penca, el hombre que manejaba el grupo de sicarios. Vivía en Maracaibo (Venezuela) y sólo pasaba la frontera para planear asesinatos. El último crimen registrado fue el pasado 6 de octubre, cuando masacraron Darío Moisés Frayle, hermano de la alcaldesa de Manaure, Francisca Frayle, por temas de extorsión. Los celulares de Penca fueron chuzados en enero.

Sus llamadas llevaron a la Dipol a encontrar a otros dos comandantes de la organización de Marquitos. Se trataba de Pedro Enrique Ospino Cobo, alias Balacho, quien lideraba el tráfico ilegal de combustible, y de Juan Carlos Vega Figueroa, alias Pirín, jefe de finanzas y primo de Marquitos. Para marzo, el mapa de personas del círculo más cercano de Figueroa ya estaba plenamente identificado. Hallaron al resto del equipo: alias Juanca o el K y a Ignacio Arturo Pana Jasayu, alias Nacho Pana, el hombre detrás de los negocios del narcotráfico y quien forjó las alianzas con el Clan Úsuga, quien además, por su descendencia indígena, guarda un perfil bajo y sólo vive en las rancherías de la alta Guajira, lo que hace difícil seguirle la pista.

Asimismo, las autoridades establecieron que Pirín era muy allegado a la exesposa que mejor relación tenía con Marquitos. Se trataba de una mujer conocida como la Negra, quien al parecer era la encargada de hablar con el resto de la familia y cuadrar temas de plata. En pocas palabras, era quien administraba el dinero que servía para la manutención de todos los hijos de Figueroa. Sin embargo, ni Pirín, ni la Negra, ni ninguno de los anteriormente mencionados tenía contacto con Marquitos.

Durante tres meses, entre febrero y abril, las investigaciones poco avanzaban. A la par, los infiltrados seguían realizando su trabajo, al punto que ya eran convocados para participar en las caravanas de contrabando o para prestar servicios de escolta de los jefes de la organización en viajes que realizaban por Venezuela. Los agentes comenzaron a escuchar mejor las conversaciones y entonces descubrieron que existían dos personas de confianza de Marquitos y Norte que servían como correos humanos.

Fuentes de la Dipol aseguraron que desde enero Marquitos se refugió en Brasil, después de salvarse de un atentado en noviembre de 2013 en Maracaibo, en el que murió su escolta, alias la Perra. Desde ese entonces, a través de Norte, contactó a dos hombres en Brasil que fueron identificados como Gato y Bobo, quienes consiguieron la casa en Boa Vista. Norte fue desde ese momento el único que lo podía ver en persona y sólo se comunicaba con mensajes cifrados por medios electrónicos o por los correos humanos.

Estas personas fueron identificadas inmediatamente por la Dipol, gracias a los infiltrados. Se trataba de alias Tyson, un primo de Marquitos que vivía en Maracaibo y era el encargado de llevar los mensajes o las cartas desde Brasil hasta la frontera. De ahí, los mensajes pasaban a Fidelito, otro hombre de máxima confianza de Figueroa, ya que era su sobrino y tenía una fachada de comerciante en Colombia. Antes de sentir la presión de la autoridades, al parecer, estos hombres organizaron dos reuniones entre Marquitos y sus lugartenientes.

Las nuevas interceptaciones se centraron en los teléfonos de Tyson y Fidelito y sus familiares. Un curioso hecho se presentó cuando empezaron a escuchar las llamadas de Tyson. Descubrieron que la esposa de éste, quien residía en Bogotá, sostenía una relación con Armando Gnecco, alias Mandarina, quien fue jefe de sicarios de Marquitos hasta su captura el pasado mes de agosto. Mandarina fue arrestado por el homicidio del exconcejal de La Paz (Cesar) Efraín Ovalle —por la muerte de este hombre está siendo investigado el cantante vallenato Jorge Oñate—.

Pero Tyson tampoco se quedaba atrás. Sostenía una relación paralela con una joven en Maicao, que a la vez era amante de K, uno de los jefes de la organización. Según la Dipol, todo volvió a la normalidad tras la caída de Gnecco, ya que K y Tyson dejaron de ver a la mujer de la frontera y reconstruyeron las relaciones con sus esposas.

Al margen de este enredo amoroso, las investigaciones entraron en un punto muerto porque las interceptaciones telefónicas no daban más pistas. Fue entonces que gracias a uno de los infiltrados llegaron a la actual esposa de Marquitos, quien en todos estos meses de seguimiento no había aparecido en el radar. Se trataba de una mujer de 25 años que vivía en Valledupar, identificada con el alias de A, y que era la madre del último hijo de Figueroa, de 10 años, y únicamente se comunicaba con Fidelito.

El policía descubrió a la mujer a finales de mayo, cuando uno de sus compinches se jactó de la actitud de la mujer. Al preguntar por ella, le comentaron sobre la relación que sostenía con Marquitos y dijeron que Fidelito era su protector. El nuevo objetivo fue ganarse la confianza de este hombre, quien terminó por ponerlo al servicio de A, ya que lo consideraba diligente y muy cercano a la organización. A finales de mayo, el agente colaboró con la protección de la esposa de Figueroa y de su hijo. Al parecer se ganó su cariño. Tanto así que un día tuvo acceso al celular y descubrió una foto reciente de Marquitos, la gran prueba de la cercanía entre el criminal y la mujer.

La relación entre Fidelito, A y el agente ya era muy estrecha. El policía empezó a entregar información, al punto que dijo que el niño de 10 años tenía la misma cara de Marquitos. Pero la operación logró consolidarse hace un mes, cuando la mujer le solicitó al infiltrado que la acompañara a Venezuela. Llegaron a Maracaibo y dieron vueltas durante 15 días, cambiando cada tres días de hotel, hasta que Norte llegó a la ciudad para recoger a A. El agente dio aviso de inmediato y comenzó la persecución.

Antes de recibir esta información del infiltrado, la Dipol ya tenía serios indicios de que Marquitos estaba en Brasil. Al parecer, Norte había hecho una llamada perdida a Tyson y a Fidelito desde un mismo número. Las autoridades brasileñas ubicaron el teléfono en Boa Vista. Inmediatamente, la Policía colombiana envió tres agentes a ese país, con tanta suerte que su llegada fue pocos días antes del viaje de la esposa de Figueroa, quien en repetidas oportunidades manifestó que para 2015 ya no estaría viviendo en Colombia.

En la frontera entre Venezuela y Brasil lograron ubicar el vehículo en el que iban Norte y la mujer. Días antes habían hallado una casa en la que estaban guardados carros con placas venezolanas. El inmueble terminó de ser identificado cuando A llegó a su destino final. El pasado sábado 18 de octubre, Marquitos recibió a su esposa. La mujer no salió de la vivienda hasta el pasado miércoles, día del operativo. Esa tarde, mientras ella estaba de compras, dieron luz verde para allanar la casa. El resultado ya es conocido. Norte y Figueroa fueron arrestados. Marquitos se identificó con una cédula falsa venezolana y Norte con una brasileña.

Al parecer, el martes Marquitos será deportado. De su mujer poco se sabe. Sigue escondida en Brasil. Se pudo establecer que Figueroa vivía en la casa de Boa Vista con todos los lujos y tenía un cuarto destinado para actos de brujería que supuestamente lo mantendrían alejado de las autoridades. En Colombia y Venezuela siguen los operativos para dar con el paradero de los otros jefes de la organización. La Policía ya sabe que Maracaibo es el centro de operaciones y que mientras no se desarticule la organización, el terror seguirá reinando en La Guajira y Cesar, donde muchos adoran a Marquitos y otros lo odian por ser víctimas de su barbarie.

La relación entre ‘Kiko’ Gómez y ‘Marquitos’

Desde que se dio la captura del exgobernador de La Guajira Juan Francisco Gómez Cerchar, más conocido como Kiko Gómez, los supuestos vínculos con Marquitos empezaron a ser más evidentes. Ambos hombres han sostenido una relación por más de dos décadas después de que el empresario Jorge Gnecco los presentara.

Según las autoridade, en esa época, Gnecco era un hombre poderoso de la región que tenía vínculos con paramilitares y ‘narcos’. Marquitos era uno de sus escoltas. Cuando Kiko Gómez se lanzó a la Alcaldía de Barrancas, Gnecco le ordenó a Figueroa que lo protegiera, de ahí su cercana amistad.

 Pero hoy en día lo que los une es un proceso por la muerte de Yandra Brito, su esposo Henry Ustáriz y un escolta. Todo, al parecer, nació de un problema político que Marquitos y Kiko Gómez tuvieron con Brito cuando fue alcaldesa de Barrancas. Supuestamente mataron a Ustáriz, en abril de 2008, y luego a Brito en agosto de 2012.

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