Imagen del helicóptero siniestrado.
Imagen del helicóptero siniestrado.

www.fuerzasmilitares.org (05OCT2015).- Un nuevo accidente aéreo vuelve a poner en entredicho la seguridad de las aeronaves empleadas por las Fuerzas Armadas. Esta vez se trató del helicóptero Bell UH-1H de matrícula PNC 073, que volaba de Villavicencio a Puerto Gaitán (Meta) y que cayó por fallas técnicas.

En el aparato viajaban dos pilotos, dos técnicos, un investigador y el comandante de la Policía de Meta, coronel Carlos Alberto Meléndez, que se encontraban en labores de investigación asociadas a la lucha contra la extorsión. 
Dos de los tripulantes se encuentran heridos, uno de los cuales se encuentra en estado crítico. Por su parte, el oficial Meléndez logró salir ileso del accidente.
Según la Policía, el siniestro se debió a una falla técnica que está relacionada con la pérdida de líquido hidráulico, lo que disminuyó la capacidad del rotor de cola y, por consiguiente, el control de la aeronave.
“Eso obligó a la realización de un procedimiento de aterrizaje de emergencia (…) Al término del procedimiento exitoso de emergencia, se presentó un incendio en la aeronave, el cual tampoco causó víctimas”, afirmó la institución en un comunicado.
Este no es el primer accidente. El pasado 4 de agosto un helicóptero Black Hawk de la Policía cayó durante un operativo en los municipios antioqueños de Carepa y Chigorodó y cobró las vidas de 16 uniformados.
Tan solo unos días antes, el viernes 31 de julio, en inmediaciones del municipio de Codazzi (Cesar), 11 militares perdieron la vida cuando un avión Casa 235 se precipitó a tierra por fallas en su motor.
Estos dos accidentes no pasaron inadvertidos. En primer lugar, por el número de víctimas fatales, pero también por el complejo contexto en el que ambos se produjeron. Las dos aeronaves se precipitaron en zonas de influencia de grupos armados ilegales, en momentos en que se adelantaba el cese al fuego unilateral decretado por la guerrilla de las FARC.

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