Hernando Piñeros luchó en la guerra de Corea. Hoy, vive en un geriátrico y pide ayuda del Gobierno.Cuando lo encontró la Policía en medio de basura en un potrero de Soacha (Cundinamarca), no tenía papeles. Nadie sabía quién era. Como un anciano más, fue llevado al hospital de ese lugar.

Pasaron los meses y pronto, a través de la gestión de una trabajadora social, se logró que, a sus más de 80 años, volviera a tener cédula. Entonces, la identidad reapareció.

Se trataba de Hernando Piñeros, un excombatiente de la guerra de Corea que, después de regresar de poner el pecho en nombre de Colombia, había sido olvidado. Estaba en total abandono. Las gestiones del hospital por dar con su familia fueron en vano.

Piñeros relata ahora, desde un hogar geriátrico de Fusagasugá, que sus papás -lo único que tenía- murieron cuando él era un niño. "Por desidia del sistema de salud, los tuve que ver morir", dice pausadamente, mientras toma aire. A los 85 años, no puede decir más de cinco palabras seguidas sin quedarse sin aliento. Pero hace un esfuerzo para continuar hablando y asegurar que esa misma "desidia" del Estado, que mató a sus padres, ahora lo está matando a él.

Y no exagera. De no haber sido porque sus compañeros, también excombatientes y miembros de la Asociación Colombiana de Veteranos de la Guerra de Corea (Ascove), lo rescataron, Piñeros seguiría en la mendicidad, como permaneció durante muchos años después de llegar de guerrear.

Piñeros repite: "La guerra es para valientes", atrapado en una silla de ruedas de donde, de acuerdo con el parte médico, no se volverá a parar. Por su edad -cuenta el presidente de Ascove, Hernando Gómez-, una operación para solucionar la fractura de cadera que padece es peligrosa. Además, los problemas respiratorios que padece podrían agravarse.

Gómez recuerda muy bien los momentos que vivió con Piñeros en Corea. Trata de disimular las lágrimas, pero no puede. Dice que ese hombre, al que hoy él y sus compañeros le están ayudando -con el pago del geriátrico, llevándole ropa y comida y desplazándolo en la silla de ruedas-, fue ejemplar cuando tuvieron que salir de Colombia para combatir, sin saber si regresarían.

"Cumplimos con un compromiso del país, atendiendo el llamado de Naciones Unidas, junto a otras 18 naciones", dice. Para los orgullosos excombatientes, el Ejército de Colombia ganó mucho después de haber participado de la guerra de Corea. "Cambió, se puso a la altura del ejército más moderno", asegura.

Rememora el papel que cumplió el hombre al que hoy ven postrado en una silla de ruedas y a quien le dan ánimo para que no caiga.

"Piñeros era cabo primero del pelotón de sanidad del Ejército. Era nuestro instructor de rescate, de primeros auxilios, de combate (...). En los momentos de peligro, siempre buscaba hacerme a su lado para sentirme seguro", cuenta su compañero, quien, mes a mes, junto con otros veteranos, lo visita, le da ánimos y le recuerda que, a pesar de todo, no está solo.

El hombre que hoy se ve tan frágil fue el que un día -según su relato- decidió dar un paso al frente cuando en el batallón Ricaurte, en Bucaramanga, un superior preguntó: "¿Quién quiere ir a la guerra?".

Así, partió con destino a lo desconocido, con la idea de cumplir una misión, en junio de 1951. Regresó en julio de 1953 con los dedos de sus manos mutilados, pero con el orgullo de haber sido uno de esos miles de hombres que ayudaron a combatir la agresión de la que había sido objeto la República de Corea.

"Era alto y fuerte. De músculos pronunciados. Muy disciplinado, pero sobre todo estricto dentro de lo humano. (...) ¿Cómo después de 60 años y con ese recuerdo vivo podíamos dejarlo tirado? Ayudarlo y acompañarlo es lo mínimo que podemos hacer por él", dice Gómez.

Según cifras que maneja Ascove, "en Corea murieron en acción 131 oficiales, suboficiales y soldados, y desaparecieron 69. El número de heridos ascendió a 448". Hernando Piñeros fue uno de los tantos que sobrevivieron, pero tal vez uno de los pocos que a su regreso corrieron con tan mala suerte.

A pesar de haber vivido en absoluta pobreza y de estar ahora bajo la caridad de sus compañeros, que con recursos propios lo mantienen, Piñeros no ha podido recibir la única ayuda que el Gobierno ofrece a los veteranos de la guerra de Corea.

Se trata de un subsidio otorgado por la Ley 683 del 2001 por valor de dos salarios mínimos mensuales legales vigentes, para acceder al cual es necesario demostrar la condición de "indigente", es decir, que no está en condición de sostenerse él mismo.

Pedro Vergara, otro excombatiente y quien figura como apoderado de Piñeros ante la ausencia de su familia, se pregunta: "¿Qué es lo que tenemos que hacer para llamar la atención del Estado para recibir ayuda, por lo menos la que manda la ley?".

Recuerda que el paso del Batallón Colombia, al que pertenecía, por la guerra de Corea fue mucho más de lo que gente se puede imaginar.

"Éramos unos jóvenes a los que no nos importó arriesgar la vida con tal de cumplir con el compromiso que teníamos en la defensa y respaldo a una nación como Corea. El papel de nuestro país radicó en ayudar a salvar una democracia y a buscar la paz", sentencia Vergara, quien insiste en decir que no entiende por qué su compañero, a pesar de demostrar que fue uno de ellos, no recibe todavía una ayuda del Estado.

Y el cuestionamiento se lo lleva haciendo desde principios de este año, cuando -según afirma- entregaron el caso de Piñeros (con todos los documentos que certifican que fue combatiente de la guerra de Corea) a la oficina de prestaciones sociales del Ministerio de Defensa, que hasta el momento no ha resuelto la situación.

"Los papeles de él están allá; nos dijeron que esperáramos unas semanas para tener una respuesta", cuenta Pedro, abanderado de la causa de Hernando.

Al cierre de esta edición, el Ministerio de Defensa no había respondido a la solicitud de este diario para saber por qué Piñeros no recibe el subsidio.

Por lo pronto, él seguirá librando la batalla más dura, la del olvido.

"Tiene que haber un sistema para que todos los miembros del Ejército reciban ayuda por el simple hecho de haberle servido a la patria", dice, mientras sus compañeros le imponen la más reciente medalla que, por sus méritos en Corea, ha recibido.

"Esto solo sirve para recordar quiénes fuimos", asegura, mientras agarra la presea dorada, y reitera: "La guerra es solo para valientes".

Colombia en Corea

La guerra de Corea empezó en junio de 1950, por la invasión de Corea del Norte a Corea del Sur. El conflicto involucró a EE. UU. y 19 naciones. El entonces presidente Laureano Gómez atendió el llamado de Naciones Unidas y envió al Batallón Colombia, en agosto del 51. En julio del 53 las dos Coreas firmaron un armisticio para suspender la acción bélica. Por esos días, Hernando Piñeros regresó a Colombia, pero la mayoría de de sus compañeros permanecieron un año más. Entre los combates más duros, los colombianos recuerdan la sangrienta batalla 'Old Baldy', que duró 10 días, y las acciones en los cerros 180 y 400.

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