La gráfica muestra la huella del satélite venezolano VRSS-1 sobre Colombia, entre los días 11 y 13 de enero de 2013, según cálculo de los profesores Portilla y Murcia. Este es un ejemplo de la capacidad del vecino país de observar en detalle nuestro territorio nacional.www.fuerzasmilitares.org (11DIC2013).- Varios países latinoamericanos tienen un camino abonado en la adquisición e implementación de tecnología espacial y en la puesta en órbita de satélites, lo que les permite ser autónomos en la observación de sus propios territorios. Pero el Estado colombiano ha sido apático, lo que redunda en un atraso frente a naciones como Brasil, Argentina, Ecuador, Nicaragua o Venezuela.

El rezago tecnológico de Colombia en el ámbito aeroespacial retrasa diversos procesos de desarrollo estratégico, asociados al aprovechamiento del entorno espacial. Así lo demuestra un estudio desarrollado por los profesores José Gregorio Portilla y Jhonathan Orlando Murcia, investigadores del Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Colombia (OAN).

Ellos examinaron la situación de varios países de América Latina y la notoria delantera que le llevan a Colombia. En primer lugar, estudiaron el caso de Brasil. Allí, la decisión de adquirir un satélite de comunicaciones propio fue adoptada, en gran medida, por fallas de Intelsat (el mayor proveedor de señales satelitales del planeta), que suministraba los servicios de transmisión de televisión a Brasil en pleno mundial de fútbol de 1982.

En ese momento, el país se vio obligado a dejar de ver, y a solo escuchar, la narración de dos de los partidos de su selección, algo que resultaba imperdonable para los brasileños. Por eso, tres años después, el Gobierno puso en órbita Brasilsat A1 (el primero comprado por una nación latinoamericana). Duró once años. Desde entonces y hasta la fecha, han adquirido otros ocho geoestacionarios de comunicaciones.

Por su parte, Argentina compró el primero, en 1997, a compañías europeas: el Nahuel-1. No obstante, desde mediados de los años noventa ha hecho una gran apuesta en concebir, diseñar y fabricar sus propios satélites por medio de la empresa estatal Invap y de proyectos destacables como los de la serie SAC (A, B, C y D), construidos en su mayoría para efectuar observación óptica terrestre (detección de humedad, de incendios e inundaciones, de salinidad del agua, etc.), según cuenta el profesor Portilla, director del OAN.

Murcia añade que los australes esperan lanzar este año el primero de la serie Saocom, que comprende cuatro que construirán y utilizarán tecnología de radar de apertura sintética, esto es, observarán con la tecnología de microondas. 

Con visión estratégica 

Otros países de la región también han tomado consciencia de la importancia de tener satélites propios. La Agencia Chilena del Espacio, establecida en el año 2001 y adscrita a la Fuerza Aérea de Chile (FAC), ya había puesto en órbita baja (a unos mil kilómetros de la superficie terrestre) dos pequeños de observación: FASat Alfa y FASat Bravo. Su fabricación estuvo a cargo de ingenieros de la FAC y de la empresa inglesa Surrey Satellite Technology.

El primero, lanzado en 1995, fracasó porque no pudo desprenderse del cohete ucraniano que lo llevó a órbita. El segundo, transportado por un cohete ruso en 1998, fue exitoso y duró tres años. Y, en diciembre del año 2011, puso en órbita su tercer satélite (FASat-Charlie), de construcción europea y lanzado por un cohete ruso. Este tiene la capacidad de tomar fotografías del terreno con resoluciones que pueden llegar a 1,5 m. Su uso va desde el estudio de agricultura de precisión, ordenamiento territorial, protección de fronteras, prevención y evaluación de catástrofes.

Un caso singular es el de Ecuador, pues es el único país en América Latina que ha hecho investigación sobre los efectos del vuelo espacial en seres humanos. Por su parte, la Agencia Espacial Boliviana (AEB), creada en el año 2010 para gestionar el proyecto del satélite geoestacionario de comunicaciones Túpac Katari, lanzará uno propio a finales de este año con apoyo de la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial China. El proyecto ayudará a que la telefonía móvil, la internet y la televisión estén disponibles en todo el país.

“El Gobierno boliviano ha invertido en becas para capacitar en China a 64 profesionales, con la finalidad de que reciban conocimientos tecnológicos para mantener y operar adecuadamente el objeto desde una estación que construirá en su territorio”, informa el profesor Murcia.

Nicaragua no se queda atrás. El Gobierno firmó con China un contrato para adquirir un satélite de comunicaciones (Nicasat-1), que se pondrá en órbita en el año 2015, para dar cobertura al 95% del territorio nacional y vender servicios a países de Centroamérica.

Nulo interés 

La presencia colombiana en el espacio se ha reducido al satélite Libertad 1, del tamaño de una hamburguesa, comprado y adaptado por la Universidad Sergio Arboleda. Su puesta en órbita, junto con la de otros trece, se hizo a través de un cohete ruso-ucraniano en abril del año 2007, pero su única función fue emitir una señal de radio durante veintidós días, antes de quedarse sin batería.

A los dos investigadores de la UN les preocupa que Colombia ni siquiera tenga la autonomía de observarse a sí misma desde el espacio. En cambio, un satélite como el VRSS-1, puesto en órbita por Venezuela en septiembre del año 2012, sí puede tener una vista detallada de nuestro territorio y, por ende, recolectar más información de la que el mismo Gobierno colombiano puede obtener. Se caracteriza por tomar fotografías de alta resolución.

Asimismo, resaltan que solo hasta el año 2006 se creó la Comisión Colombiana del Espacio (CCE) y que esta, hasta la fecha, “no ha mostrado mayor interés en los asuntos que le competen”.

Tal es la situación que, en el documento de recomendación del Comité Técnico de Asuntos Espaciales del Instituto Agustín Codazzi (2011), se afirma: “se debe agilizar la creación de la Agencia Colombiana de Asuntos Espaciales; debe tener presupuesto propio, estar dotada de completa autonomía para ejercer sus proyectos y enmarcarse en un plan de desarrollo espacial de la nación a corto y mediano plazo mediante el cual se hagan ingentes esfuerzos para no quedar a la saga con respecto a los demás países de la región”.

En ese sentido, el profesor Portilla dice: “Preocupa que el país postergue la consolidación de una agencia que permita articular distintos estamentos para realizar objetivos claros y de largo alcance. También alarma la apatía de los Gobiernos hacia la adquisición de tecnología espacial con la cual podamos observar y conocer nuestro propio territorio”.

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