General (r) Jorge Enrique Mora Rangel (derecha)www.fuerzasmilitares.org (04MAY2014).- El general Jorge Enrique Mora Rangel, desde que comenzaron las negociaciones con las Farc, en La Habana, el lunes 19 de noviembre de 2012, había evitado pronunciarse. Solo lo hizo hace algo más de un mes para aclarar que ni se levantaba ni se retiraba de la mesa de conversaciones. Así que su mensaje reciente, ratificando la claridad y responsabilidad con que los plenipotenciarios del Gobierno conducen el proceso con las Farc, en Cuba, está lleno de relevantes significaciones.

Lo primero es revisar el uso del lenguaje desde el primer párrafo de su comunicado: habla de "organizaciones armadas ilegales". Ya no apela a esa ráfaga de adjetivos para hablar del enemigo, como solía hacerlo cuando estaba al frente de las Fuerzas Militares: "terroristas, narcobandoleros".

Esta señal nos habla de dos momentos en su lucha contra una subversión que ciertamente se ha degenerado cada vez más en sus métodos (terroristas) y en sus relaciones (con el narcotráfico internacional). Y ello, implícitamente, recoge lo que el presidente Juan Manuel Santos aceptó de manera explícita: que Colombia sufre un conflicto armado interno, entre cuyos actores están las Farc.

No se trata de un signo de debilidad, sino de enviar una señal de que la guerra interna no se gana a fuerza de epítetos y adjetivos. También de que si está sentado a la mesa entiende que es para buscar una solución negociada con un enemigo al que combatió con ferocidad, pero al que ahora, con igual firmeza, mira a los ojos en la mesa para convencerlo de la inutilidad de su violencia.

Para los extremistas más recalcitrantes y ciegos puede haber cierta dosis de claudicación en el comunicado del general Mora. En estas incomprensiones y riesgos propios de los procesos de paz, igual le pasó a Yitzhak Rabin, quien fuera primer ministro de Israel y legendario comandante de su ejército, cuando estrechó la mano de aquel enemigo histórico satanizado que era Yasser Arafat.

Por eso en su mensaje, también desde el principio, el general Mora se solidariza con los soldados y policías que durante 50 años de conflicto han puesto miles de muertos e impedido que los actores armados ilegales tomen el poder de institución o pedazo alguno del territorio nacional. Ahí radica su autoridad: "solo quienes han hecho la guerra, saben el valor incalculable de la paz".

Y es poderosamente llamativo que el general asocie la terminación del conflicto, si prospera una negociación con las Farc, con "fortalecer, reforzar y modernizar nuestro sistema democrático" y con "el bienestar y mejor futuro de todos los colombianos y el fortalecimiento de nuestras instituciones" y nuestra democracia.

La tremenda connotación política de estas palabras que vienen de quien vienen, está atravesada por un parte de responsabilidad sobre las gestiones de unos negociadores que, según lo ratifica el general, no están poniendo en juego ni el modelo democrático ni económico del país. Tampoco la composición o el funcionamiento de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional.

Llama a toda la sociedad colombiana (civil y militar) a confiar en el equipo gubernamental, en Cuba. Él y sus compañeros hacen el mejor esfuerzo por desactivar la violencia de la guerra interna, pero saben que no puede ser a cualquier precio ni sobre un cúmulo de exigencias imposibles de las Farc. Está corriendo la historia de Colombia para reclamarles al general y sus coequiperos si llegasen a cometer errores irreparables.

Él lo sabe y por eso escribió ese mensaje, tan soberano.

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